Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

El ciclo de la ¿vida?

En las revistas nos hemos acostumbrado a unas rutinas que creemos que otorgan estabilidad al medio, al lector y a aquellos que nos nutren de contenidos

Aunque este año tampoco escribirá sobre ‘Madrid en agosto’, el plumilla aún tiene esperanza en este negociado. En la imagen, el madrileño edificio Metrópolis.
Aunque este año tampoco escribirá sobre ‘Madrid en agosto’, el plumilla aún tiene esperanza en este negociado. En la imagen, el madrileño edificio Metrópolis. Foto: Getty

Las rutinas son un poco como la soledad: son buenas cuando uno las elige. Cuando las imponen, ya sea el propio carácter, el entorno, la comandancia o el calendario, dejan de aportar la supuesta estabilidad que asumimos que nos dan para convertirse en el peor tipo de molestia: la que se repite. Si le gustan los tópicos, piense en los lunes.

En el negociado de este periodismo nos hemos acostumbrado a unas rutinas que creemos que otorgan estabilidad al medio, al lector y a todas esas gentes que amablemente nos nutren de contenidos de forma más o menos inductiva, dependiendo, claro, de su músculo económico o seductor. Al volver de vacaciones, toca hacer algo con el tema de la vuelta al cole, un universo tan dinámico que, a veces, uno piensa que lo que realmente sucede es que cada verano cambian los colegios de ubicación. Como si llegara septiembre y padres e hijos se plantaran donde estaba el antiguo y resultase que ahora es una hamburguesería.

Este sistema, como todos los hegemónicos, se sustenta sobre una gran cantidad de gente que vive de él y otra pequeña que realmente cree en él

A principios de octubre toca pensar en bazares de regalos por Navidad y en juntar a media docena de actores en Joy Eslava, vestirlos de noche y hacer algo tipo: “El cine español va de fiesta”. Luego, es el momento de vivir San Valentín. ¿Cómo no vas a publicar una guía con los restaurantes más románticos para celebrar tan señalada y tradicional fecha? Pasado este sarampión, llegan otras dos enfermedades de transmisión anual: el día del padre y el día de la madre. “Seis gadgets para seis tipos distintos de padres” (si el suyo es un borracho violento, puede saltarse esta casilla). “Sorprende a tu madre con estas…” (rellene con el negociado más afín a su publicación: puede ser ropa, obras de Gramsci, armas de asalto o escapadas a la Toscana).

Luego llega el verano. Este empieza siempre con un especial terrazas. Hay que comentar las nuevas de moda, aunque aún no hayan puesto las sombrillas y todos aún durmamos con nórdico. Asumir que están de moda se antoja algo precipitado, pero, oiga, alguien tiene que liderar todo esto. Es vital también que se hable de las clásicas, porque como todo el mundo sabe, algo clásico es simplemente algo de lo que se habla cada dos por tres sin la obligación de aportar nada nuevo. Si hubiera algo nuevo, ya dejaría de ser clásico. Por fin, el ciclo llega a su cúspide con el mes de agosto y mi clásico favorito junto al Village green de The Kinks y Lolita de Nabokov: “Madrid en agosto”.

Esto narrado es solo una pequeña parte del sistema. El resto es un amplio espacio en el que uno debe obligarse a ser interesante, divertido, ocurrente, incluso algo pedante, si es menester. Y ese enorme espacio que queda a ambos lados de los peajes de la inercia y el metal es el que debemos forzarnos por dotar de contenido y de sustancia cada mes. Incluso, si nos vemos capaces, podemos hacer algo interesante sobre las terrazas de verano o San Valentín. Conseguir eso tiene mucho más mérito del que se cree.

Al final, los Ramones fueron el mejor grupo de punk por sus melodías y F. Scott Fitzgerald fue el mejor cronista de la frivolidad por su profundidad. Se puede liderar Podemos desde un chalet en Galapagar, del mismo modo que se fabuló con la revolución trotskista desde la barra de Bocaccio, gintonic en mano. Este sistema, como todos los hegemónicos, se sustenta sobre una considerable cantidad de gente que vive de él y otra pequeña, pero industriosa, que realmente cree en él. Mientras negociemos los contenidos (el programa), al menos con el mismo interés con el que gestionamos los compromisos (los ministerios), igual hasta sobrevivimos otra legislatura de la camiseta tie-dye. Contentemos solo cuando debamos y contentémonos siempre que podamos.

Puedes seguir ICON en Facebook, Twitter, Instagram,o suscribirte aquí a la Newsletter.