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REPORTAJE

Los barrenderos del mar

Cuatro iniciativas buscan concienciar sobre la polución de los océanos mediante la recogida de plástico

Vilagarcía de Arousa / Santurtzi / A Coruña / Rincón de la Victoria
Un grupo de mariscadoras recorren la playa de Compostela tras una jornada de limpieza.
Un grupo de mariscadoras recorren la playa de Compostela tras una jornada de limpieza.

El plástico que se vierte al mar en un año equivale a volcar un camión cada minuto: ocho millones de toneladas, según el Foro Económico Mundial. Para preservar un oficio, una afición o un espacio, hay quien se ha echado al agua a cazar ese plástico. Esta es la historia de cuatro iniciativas de cuatro rincones de España —unos marineros en Santurtzi (Bilbao), unas mariscadoras en Vilagarcía de Arousa (Pontevedra), unos surfistas en Razo (A Coruña) y unos buceadores en La Cala del Moral (Málaga)— que voluntariamente están limpiando las costas españolas con una misma misión: concienciar a la población sobre la contaminación del océano. Son los barrenderos del mar.

El atunero que cambió el bonito por plástico

El ‘Mater’ recorre el Cantábrico en busca de basura flotante

Son las tres de la tarde y el golfo de Vizcaya recibe al Mater con cara de sueño. A estribor las redes desplegadas, a babor los salabres en ristre. Y en la proa Sara Lizarza, de 26 años, escudriña el horizonte y señala en su brújula imaginaria: “¡Plástico a las diez!”. Los walkie-talkies despiertan: “Atentos a babor”, avisa el capitán. “Cázala, cázala”. Uno de los tripulantes logra atrapar con su cazamariposas la bolsa que flota en el mar. El Mater estalla en vítores.

Quiénes: Atunero Mater

Dónde: Mar Cantábrico

Cómo: Pescan basura flotante

Hace mucho que este antiguo atunero de madera cambió los bancos de peces por islas de plástico. El Mater recorre el Cantábrico desde 2010 a la caza de basura flotante con una tripulación de voluntarios. Pero la suya no es tanto una cruzada por llenar las redes de latas o botellas —el 70% de los plásticos que llegan al océano acaban en el fondo marino, según Greenpeace—, sino por apelar a la responsabilidad social ante la polución de los océanos. La clave está en la prevención, explica Izaskun Suberbiola, de 40 años, directora de la asociación que administra el Mater. La lucha se libra en la conciencia y no en la mar.

La tripulación la conforman ella, su marido Xabier Iturria, de 41 años, capitán del barco, y tres jóvenes de entre 25 y 27 años, todos vascos. En las salidas participan voluntarios, sobre todo familias con niños, que embarcan durante unas horas en el Mater para tomar conciencia del problema combatiéndolo. Pero la precariedad también salpica al atunero. Los sueldos de los tripulantes del Mater no pasan de los 1.100 euros al mes y para financiar sus proyectos de recogida de residuos la asociación se ve obligada a ofrecer visitas al barco, salidas privadas e incluso, a veces, volver a pescar bonito.

A la “familia” del Mater, como la llama su capitán, no parece importarle. A medida que Iturria guía al barco mar adentro los gritos de Lizarza se vuelven más frecuentes. “Botella a estribor”, “por popa tetrabrik”, “bolsa a las doce”. Cercado por el plástico, el Mater surca el Cantábrico en su interminable cruzada.

Valores surfistas para unas olas limpias

Surf and Clean apela a la conciencia verde a través del deporte

David Blanco baja a la playa de Razo (A Coruña) con la tabla de surf en una mano y un saco en la otra. Con el neopreno hasta la cintura y dos marcas de protector solar sobre los pómulos, enfila la orilla mientras estudia las mareas. Pero a tres pasos algo le hace detenerse. Es un paquete de tabaco vacío, envuelto en una película transparente. Lo recoge del suelo y lo arroja al saco. Un día más en la oficina.

Quiénes: Surfistas

Dónde: Razo, A Coruña

Cómo: Limpian de residuos las playas

Blanco, de 41 años, trabaja como monitor de surf y fundó Surf and Clean, una asociación que busca concienciar sobre la contaminación de los mares, entre otras cosas, con la limpieza de playas. Es sábado y Blanco recorre Razo, localidad pesquera de 800 habitantes a una hora de A Coruña, con diez alumnos de la escuela de surf Boa Ola. Todos llevan sacos, de los cuales dos acabarán llenos al terminar el día.

Algunos alumnos dicen haber aprendido más sobre ecologismo en clase de surf que en el colegio. Es el caso de Carmen Eirís, de 16 años, quien asegura que la lección es alarmante. El Foro Económico Mundial calcula que para 2030 los vertidos al mar se van a duplicar, porque la producción de plástico no para de crecer: hoy se fabrica el triple que hace 30 años. La joven afirma que, tras asistir a clases con Blanco, propuso a sus padres que reciclasen en casa y empezó a reprochar a sus amigos que tiraran basura al suelo.

“Cuando flotas sobre la tabla”, ilustra Blanco, “estás poniendo los pies en el ecosistema con la mayor biodiversidad del mundo”. Ese ecosistema se ve inundado por plásticos, y reciclar o limpiar las playas no va a salvarlo, añade. La mayoría no recibe una segunda vida (solo el 25% de los domésticos se reciclan, según Greenpeace), por eso los surfistas vierten casi todo el contenido de sus sacos en el contenedor de restos. Tampoco la totalidad de la basura que llega a Razo cabe en los sacos de Blanco. La solución, sentencia, se resume en tres palabras: usar menos plástico.

Los vigilantes del fondo de La Cala

Tres clubes de buceo se unen para recoger basura marina en Málaga

La arena de la playa sigue fría cuando a las diez de la mañana 11 buceadores irrumpen con las bombonas a las espaldas y un objetivo en la cabeza: sacar una lona de plástico del fondo del mar. Gemma Infante, de 44 años, coordinadora del Club de buceo Ecodive de La Cala del Moral (Málaga), señala un punto en el agua: “Está enterrada, así que no sé si la podremos sacar”. Hace tres años estos voluntarios empezaron a ponerse el traje de buzo también para recoger basura. Los tres clubes de buceo que participan en la salida pertenecen a la Red de Vigilantes Marinos, una iniciativa que organiza inmersiones por toda España para limpiar el fondo del océano.

Quiénes: Submarinistas

Dónde: La Cala del Moral, Málaga

Cómo: Recogen basura del fondo marino

Maribel Ruiz es una de las vecinas de La Cala que durante la mañana se para a curiosear. Ruiz asegura que desde que vio a los buceadores sacar basura de las aguas en las que se baña cada verano, empezó a ir a la compra con una bolsa de tela. Para ella, los submarinistas de Ecodive son los ojos del pueblo bajo el agua. Los habitantes, gracias al club, han tomado conciencia sobre la basura marina. El mar de Alborán, al que pertenece este tramo de costa, es el más contaminado por plástico de todo el mediterráneo español, según un estudio del Instituto Español de Oceanografía y la Universidad de Alicante.

Infante afirma que desde hace unos años ve en sus vecinos un afán por consumir menos plástico porque saben que es probable que la bolsa que compren nade junto a ellos durante su próximo baño. De la basura que llega a las costas europeas el 80% es plástico, de acuerdo con la Comisión Europea. Alfredo Rosales, de 24 años, uno de los buceadores que participan en la inmersión de esta mañana, lo resume en una frase: “El mar empieza en el fregadero de casa”.

Dos horas después, los buzos salen a tierra. Atadas a la cintura llevan redes de las que asoman latas, botellas, cables, e incluso un dron. Dos de ellos emergen con la lona de plástico. En la playa todo son felicitaciones. Sobre la lona, los vigilantes separan los 40 kilos de desechos recogidos para clasificarlos. Un veraneante señala los residuos: “¿Esto son pescaítos de la zona?”.

El despertar ecologista de las mariscadoras de Vilagarcía

60 mujeres limpian las Illas Atlánticas para preservar su oficio

Las mariscadoras de Vilagarcía de Arousa (Pontevedra) ya no tiran la colilla al mar cuando se acaban un cigarro. Ahora sacan el botellín con agua que llevan en su capacho, atado a la cintura, y la guardan ahí para después vaciarlo en el contenedor. Desde hace un par de años un espíritu de concienciación medioambiental acompaña a las 60 mujeres, y varios hombres, que recogen almejas y berberechos en esta zona de las Rías Baixas. Rita Vidal, de 38 años, es mariscadora y miembro de la asociación AmarCarril, dedicada a la defensa y divulgación del marisqueo. “El mar es nuestro medio de vida, nosotras somos las primeras interesadas en cuidarlo”, asegura.

Quiénes: Mariscadoras

Dónde: Vilagarcía de Arousa, Pontevedra

Cómo: Limpian de plástico los parques de marisqueo

En la playa de Compostela la agrupación de mariscadoras de Vilagarcía ara el fondo marino en busca de plásticos y algas que puedan perjudicar a los parques de cultivo. Vestidas con monos de lona, botas de agua y pañuelos en la cabeza, recorren el mar con rastrillos metálicos. De vez en cuando se acercan a la orilla para verter lo recogido en un cubo. Tres kilos de latas, toallitas, envoltorios, palos de bateas y hasta un tubo de buceador emergen de entre las almejas.

José Antonio Fernández, director del Parque Nacional Illas Atlánticas, donde trabajan las mariscadoras de Vilagarcía, resume: “Al mar llega todo. El otro día encontramos una lata de Turquía”. Fernández coordina un proyecto de recuperación de los ecosistemas marinos en las Illas Atlánticas, que la Fundación Biodiversidad, el Colegio Oficial de Biólogos de Galicia y asociaciones como AmarCarril han emprendido para concienciar a la población local. Uno de sus logros es el botellín lleno de ceniza que rebota en los capachos. Otro, actitudes como la de Vidal, que cuenta cómo este lunes se acercó a una chica que había dejado una tapa de yogur en la playa y le increpó: “¿Tú haces eso en tu casa?”.

Acaba la jornada y las mariscadoras se quitan sus armaduras de lona. Respiran los tatuajes. Una de ellas apura un cigarro y deja caer la colilla al suelo, que se apaga en la arena. La costumbre.

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