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CRÓNICA

La opacidad en la industria del reciclaje

Las entidades del sector no se ponen de acuerdo ni siquiera en cuánto plástico se recupera en España

Una máquina excavadora amontona la basura en el vertedero de Pinto, al sur de Madrid.
Una máquina excavadora amontona la basura en el vertedero de Pinto, al sur de Madrid.

Botellas de Coca-Cola, vasos de yogur, cápsulas de café y, sobre todo, bolsas de todos los tamaños se ven por doquier en el vertedero de Pinto (Madrid), uno de los tres más grandes de España. Aquí se entierran al año 100.000 toneladas de plástico, lo que equivale a 66.000 camiones de basura hasta los topes, según reconocen fuentes oficiales de la empresa que gestiona el vertedero. Sin embargo, saber con certeza qué proporción de ese plástico corresponde a productos de consumo doméstico parece imposible. El mismo Ministerio de Transición Ecológica admite en su plan para impulsar la economía circular que su primer objetivo es "mejorar la información y el conocimiento sobre el sector del plástico".

Un misterio envuelve las cifras del reciclaje en España. Ecoembes (acrónimo de Ecoembalajes España, SA), la organización privada sin ánimo de lucro que tiene el monopolio de la gestión de estos residuos, asegura que el porcentaje de reciclado de envases domésticos ya llega al 75%. Sin embargo, la asociación ecologista Greenpeace reduce este dato al 25%

Las empresas y entidades dedicadas a la recogida y reciclaje de plástico no se ponen de acuerdo en dar una cifra concreta de toneladas recicladas anualmente. Y los datos que facilitan tampoco coinciden con los de los ecologistas. La responsable del área de plásticos de la ONG, Alba García, explica que han calculado que solo se reutiliza un cuarto de los envases que van al contenedor amarillo tomando como base los datos de 2016 que les facilitaron las ciudades de Madrid y Barcelona y la Comunidad Valenciana y Baleares. Ese mismo año, Ecoembes afirmó que había reciclado el 66,5%. La directora de comunicación de esta empresa, Nieves Rey, defiende que el estudio de Greenpeace no es fiable, porque “se basa en las caracterizaciones que realizaron en cuatro puntos concretos del país”, mientras que el de Ecoembes se hizo con los 8.100 Ayuntamientos con los que trabajan.

Alberto Vizcaíno, experto en ciencias ambientales, también pone en duda las cifras de Ecoembes. Argumenta que se contradicen con las que facilita la propia industria: “Si el plástico reciclado en España es el 41%, según los datos de las asociaciones de recicladoras y productoras Anarpla y Cicloplast, ¿cómo puede ser que en el caso de los envases domésticos suba al 75%, si es más difícil de separar que otros?”.

El ingeniero agrónomo de Anarpla Óscar Hernández coincide en que todo lo que llega del contenedor amarillo es más difícil de reciclar que otros plásticos: “El de Ecoembes viene un poco más sucio porque llega mezclado con otro tipo de materiales que lo contaminan”. Pero Hernández matiza: "Es verdad que como este plástico pasa por una planta de separación al final es más fácil de reciclar". Fuentes del vertedero de Pinto añaden: “La gente tira mucho plástico doméstico en el contenedor de ‘otros restos’ y no hay capacidad para separarlo, por eso acaba directamente en el vertedero. Hay demasiada producción de plástico para la gestión que exige y, aquí en Pinto, cada vez nos entra más”.

El viaje desde el contenedor amarillo

Cuando los ciudadanos depositan los recipientes en los contenedores amarillos, los Ayuntamientos se encargan de su recogida y su traslado a plantas de clasificación, donde son separados en cuatro tipos, (y Ecoembes retribuye por ello a los municipios). Las más de 12.000 empresas españolas que envasan sus productos están obligadas a asumir el coste de su reciclado según establece el Sistema Integrado de Gestión de residuos (SIG) que impera en España desde 1997. Estas empresas, entre las que se encuentran Coca-Cola, Pepsi-Co, Nestlé o Danone, pagan a Ecoembes para que se encargue de gestionarlo. 

Una vez separado por materiales, Ecoembes subasta cuatro tipos de plástico entre las 38 recicladoras homologadas, pero solo dos tipos son rentables porque se reciclan mejor: el PET, propio de las botellas de agua, y el PEAD, que se usa en los botes de detergentes. El director industrial de la recicladora Felma, Miguel Ángel Carreras, recuerda que en la última subasta del pasado mes de junio la tonelada de PET la compró por 280 euros, y la de PEAD por 320.

Los otros dos tipos de plástico que se separan en las plantas no son rentables, por eso en la subasta suelen adjudicarse a precio negativo, es decir, Ecoembes paga para que una recicladora se los lleve. Se trata de la fracción del plástico film (bolsas, película de plástico para envolver, plástico de embalaje...) y del conocido como tipo “mixto”. El catedrático de Ingeniería Química Joaquín Martínez asegura que de estos dos se aprovecha poco: “La recicladora se lo lleva de la planta de separación y por lo tanto ya cuenta como reciclado. Pero la empresa que se lo lleva solo coge la parte que le interesa, que no llega ni al 50%”. El resto va a un vertedero o a una incineradora, y por tanto no se recicla (aunque figure como tal). Pero la directora de Comunicación de Ecoembes asegura que ese plástico pasa los mismos controles que el resto: “Tiene que reciclarse. Los adjudicatarios nos justifican que ese material se ha reciclado. Nosotros no entramos a valorar a quién se lo venden”.

Además, el plástico reciclado tiene desventajas competitivas frente al plástico virgen. Según Martínez, el reciclado tiene unos costes fijos que no hay forma de saltarse: “Hay que recogerlo, lavarlo, separarlo, trocearlo, volverlo a procesar... Mientras que el precio del plástico virgen solo depende de la fluctuación del precio del petróleo en el mercado y su procesamiento”. Martínez ve necesario imponer “una obligación estatal” de usar plástico reciclado. La Unión Europea ha aprobado que en 2025 los Estados deban incluir un 25% de plástico reciclado en las botellas que fabriquen.

El plástico que no se recicla acaba enterrado en vertederos o incinerado para producir energía. En España, en 2017, se enterró el 39% de todos los residuos plásticos y el 20% se quemó, según las asociaciones de productores y recicladores Cicloplast y Anarpla. Alba García, de Greenpeace, asegura que quemar basura es igual de dañino para el medio ambiente que enterrarla. Sin embargo, el catedrático de Ingeniería Química Joaquín Martínez defiende la incineración como una salida viable para acabar con los vertederos, ya que “si la instalación es buena y tiene los filtros y el mantenimiento adecuados, no hay ningún problema de contaminación”.

García y Martínez coinciden en que los vertederos son un desastre ambiental. El profesor explica que, a los problemas que tiene enterrar cualquier tipo de basura, “se le suma que el plástico tiene algunos aditivos que pueden ser muy tóxicos y con el tiempo se van liberando, además, se va degradando a lo largo de cientos de años y forman los microplásticos que pueden acabar en los ríos”. En España se enterraron en vertederos como el de Pinto casi un millón de toneladas de plástico en 2017, la carga de más de 600.000 camiones que recogen la basura de los contenedores amarillos.

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