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La lenta desaparición de las bolsas monouso

España ha logrado un 23% menos, cuando en dos años debe eliminarlas por completo

Un cliente introduce una pieza de fruta en una bolsa de cartón de un supermercado.
Un cliente introduce una pieza de fruta en una bolsa de cartón de un supermercado.

La cantidad de bolsas de plástico de un solo uso que consume España se redujo un 23% en 2018: un total de 17.000 toneladas menos que el año anterior, según datos aportados por fabricantes e importadores y recogidos por el Ministerio de Transición Ecológica. Esta cifra queda lejos del objetivo que exige la Comisión Europea para 2021, cuando estará prohibido el reparto de este tipo de bolsas, excepto las que se puedan convertir en abono orgánico. 

Las directrices cada vez más exigentes de la Unión Europea responden a la preocupación por el volumen de plásticos producidos anualmente y su impacto medioambiental. Los datos aportados por el Ministerio de Transición Ecológica alertan de que las bolsas monouso, con una vida útil de apenas 15 minutos de media y un escaso porcentaje de reciclaje, son uno de los 10 productos que más se encuentran en los mares europeos. La ONU, en un informe global de 2018, constató que se consumían aproximadamente 600 millones de bolsas cada hora que, si se atasen juntas, podrían dar la vuelta al mundo siete veces. 

La normativa española exige desde el año pasado cobrar por la gran mayoría de las bolsas no biodegradables para reducir las más de 70.000 toneladas de este producto distribuidas en 2017 en España. Los datos oficiales aseguran que se gastan 8.476 millones de unidades anuales, más de 180 por persona. 

Las cadenas de supermercados y las tiendas de alimentos, uno de los negocios que más bolsas monouso distribuyen, han dado los primeros pasos ante la prohibición de 2021. La alemana Lidl y la española Mercadona las han retirado para la compra general y las han sustituido por versiones de papel o materiales alternativos. La compañía germana, además, presentó en mayo una alternativa ecológica para las frutas y verduras, diseñada para descomponerse en un máximo de 12 meses sin que dañe el ecosistema, frente a los 500 años que pueden tardar las bolsas normales. La compañía informa de que este avance cuesta dos millones de euros anuales que Lidl sufraga para que no repercuta en el consumidor, porque el precio de producción multiplica por cuatro el del modelo original. 

El resto de supermercados ha preferido buscar otras alternativas para frutas y verduras. Carrefour ha reemplazado este julio sus bolsas por unas de almidón de maíz, pero solo en algunas tiendas donde están probando este nuevo modelo. Mercadona ha comenzado a ensayar con versiones reutilizables.

Otra alternativa replantea el embalaje de los productos de marca propia: reducir el peso del envase y las tintas añadidas disminuye el plástico por unidad y facilita su reciclaje. Supermercados Dia pone como ejemplo las cajas para sus ambientadores eléctricos, antes cubiertas enteramente por una capa de plástico que ahora se ha reducido en un 70%. Carrefour ha hecho algo similar con envases plásticos como los del aceite: ha reducido el gramaje de las botellas y ha modificado la forma del recipiente. Este cambio, según la empresa francesa, hace más eficiente el transporte y reduce las emisiones de dióxido de carbono. 

Un hombre extrae un producto a granel en un supermercado.
Un hombre extrae un producto a granel en un supermercado.

No obstante, estas iniciativas son insuficientes para los ecologistas. Solos tres cadenas (Eroski, Aldi y Mercadona) aprobaron las exigencias de Greenpeace, publicadas en una clasificación a principios de 2019, sobre la lucha de los supermercados contra el plástico. Además, únicamente Eroski se salvó del suspenso en la transparencia sobre su huella plástica. 

Las iniciativas de los grandes supermercados quedan por detrás del nuevo modelo de negocio ideado por pequeños comercios como Yes Future, en Barcelona, o Unpacked, en Madrid, tiendas de alimentación que venden, principalmente, productos a granel sin plástico. Ambas recomiendan al cliente llevar sus propios envases y ofrecen rellenarlos con productos que abarcan desde limpieza a una larga variedad de alimentos secos, idea que hace escasos meses imitó Carrefour. Los fundadores, en ambos casos, son profesionales de la moda, pero dejaron sus carreras para emprender un negocio alternativo que aspirase a producir cero residuos. 

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