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REPORTAJE

El embudo de Canarias

El archipiélago Chinijo acumula toneladas de basura procedentes de la otra orilla del Atlántico

El archipiélago Chinijo recibe toneladas de basura por las corrientes del Golfo de México y las del Mediterráneo. En el vídeo, se explican este fenómeno.

La bióloga May Gómez, de 55 años, encontró hace unos años entre las piedras de la playa del Ámbar (La Graciosa, archipiélago Chinijo, Comunidad Canaria) unas etiquetas plásticas de colores con fechas y siglas que llamaron su atención. Eran permisos estadounidenses para pescar langostas en el estado de Maine, limítrofe con Canadá. Los documentos habían sido arrojados al mar diez años antes y, tras recorrer 12.000 kilómetros, habían llegado a Chinijo, el parque natural situado al noreste de las Canarias, la mayor reserva marina de la Unión Europea hoy convertido en el gran embudo de plásticos del hemisferio norte.

Los vecinos de La Graciosa (700 habitantes) llevan años buscando jallo (tesoros, en la jerga local): todo tipo de residuos que el mar lleva hasta la orilla. Allí aparecen neveras, radios, contenedores de tabaco, torpedos sin carga, colchones… Raro es el marinero que no ha jallado alguna vez en la cercana isla de Alegranza (10 kilómetros cuadrados de propiedad privada), y especialmente en la playa de El Corte Inglés, así bautizada por la continua llegada de todo tipo de basura y bolsas de plástico.

Alexis Rivera, de 48 años, biólogo y responsable en Canarias de la delegación de la oenegé WWF, conoce mejor que nadie el archipiélago, integrado por La Graciosa, Alegranza, Montaña Clara, Roque del Este, Roque del Oeste y parte de los Riscos de Famara, al norte de Lanzarote. “Toda la porquería que llega es de fuera, la trae la corriente”, explica. Las islas del Chinijo, llamadas así en referencia al pequeño tamaño de los islotes que lo conforman, están condicionadas por las corrientes que llegan del golfo de México y por las del Mediterráneo. Ambas arrastran en espiral los desechos hasta el Chinijo.

Las corrientes que bañan el archipiélago Chinijo.
Las corrientes que bañan el archipiélago Chinijo.

Es 18 de julio. Atardece en La Graciosa y Raúl Moncho Baudet, marinero de vigilancia del Cabildo de Lanzarote, pasea entre las piedras del Ámbar con los ojos clavados en el suelo. Aprendió a reconocer varios alfabetos para identificar de dónde proviene cada envoltorio y es de los pocos que sigue visitando la isla de Alegranza, la más septentrional y la que más basura acumula. WWF ha limpiado alrededor de 30.000 kilos de plástico en el archipiélago desde 2001. Más de dos tercios se acumularon en este casi inaccesible islote. “Esa isla”, dice Baudet, “sí que está sucia, pero porque ya nadie la limpia”. Y mientras habla, sujeta dos boyas que acaba de recoger.

La mar escupe plástico sin parar. A simple vista se observan envoltorios de cremas griegas, cartones de leche egipcia, botes de desinfectante del Líbano, cajas de frutas tropicales… Y lo que no llega entero, lo hace en pedacitos. La bióloga May Gómez advierte: “Los niveles de microplásticos en Canarias están a unos valores similares a los de zonas altamente contaminadas del planeta como Hong Kong”.

En la mesa, los residuos plásticos encontrados en el estómago de un mismo delfín moteado.
En la mesa, los residuos plásticos encontrados en el estómago de un mismo delfín moteado.

La bióloga y catedrática señala también la presencia de hasta 81 contaminantes químicos en estos microplásticos que ya forman parte de la cadena trófica (la ruta de nutrientes que pasan de un organismo a otro). Ocho de cada 10 caballas pescadas en costas próximas a Canarias tienen residuos plásticos en su interior. El dato figura en una investigación publicada en la revista Marine Pollution Bulletin el pasado febrero. Según sus autores, la cantidad de estos residuos no representa todavía una amenaza grave para los seres humanos porque los peces almacenan esos desechos en el estómago, una víscera que no se come. Pero aún no se sabe cómo afectará en el futuro a los consumidores. Es lo que investiga actualmente Gómez.

Un sujetador extraído de las vísceras de un delfín molar encontrado muerto hace 5 años en Gran Canaria.
Un sujetador extraído de las vísceras de un delfín molar encontrado muerto hace 5 años en Gran Canaria.

Lo que sí se conoce ya es el impacto que tiene en los cetáceos. Cada vez se extraen más plásticos de sus vísceras: garrafas, trozos de nailon y hasta sujetadores enteros. Lo asegura Marisa Tejedor, de 45 años, encargada de la Red Canaria de Animales Varados en Fuerteventura y Lanzarote.

De las 46 variedades de cetáceos que existen en el mundo, 30 residen o transitan por las islas. Y en 16 de estas familias se han hallado residuos anómalos, principalmente plásticos. “Tenemos que dejar de sentir que el medio ambiente no va con nosotros. Y ya vamos tarde”, dice Tejedor.

Alegranza no solo es la isla que más residuos acumula. También la que menos se limpia. Hace cinco años que los ecologistas no pueden acceder a sus costas para retirar basura debido a las restricciones impuestas por el Cabildo de Lanzarote, del que depende, y por las del actual propietario del islote, Enrique Jordán. 

Pero por fin van a tener luz verde. A finales de año, 27 jóvenes voluntarios acompañarán al biólogo Rivera para recoger desechos. Sin embargo, las corrientes y los proveedores de El Corte Inglés continuarán enviando sus productos.

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