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PERFIL

10 líderes mundiales que no se rinden

En todos los continentes hay ciudadanos dispuestos a atajar el problema del cambio climático

Activistas de Friday For Future durante una manifestación en Kolkata (India)rn
Activistas de Friday For Future durante una manifestación en Kolkata (India) GETTY IMAGES

Son quienes han dado respuesta al desafío que todos los días impone el cambio climático. Desde las redes sociales en Brasil, los soportes digitales en Nueva Zelanda, protegiendo a las tortugas en Ghana, recuperando espacios naturales en Costa Rica, o limpiando los barrios del norte de México. Activistas, estudiantes, ciudadanos que han logrado hacer un cambio en sus países y que se han convertido en un ejemplo para demostrar que las pequeñas acciones sí transforman al mundo. 

La bloguera medioambiental

Fe Cortez sujeta la alternativa a los vasos de plástico de un solo uso.
Fe Cortez sujeta la alternativa a los vasos de plástico de un solo uso.

Fe Cortez (Brasil, 37 años) es una de las activistas ambientales más reconocidas en Brasil, un personaje influyente en las redes sociales con más de 50.000 seguidores en Instagram y con 400.000 en su web de educación ambiental Menos 1 Lixo (un desecho menos), que ella define como una página de “cambio de conciencia”. Cortez estudió moda, administración y mercadotecnia, y trabajó durante diez años en esas disciplinas. En 2012, el documental estadounidense Trashed, sobre la cantidad de basura generada en el mundo, le cambió la vida y decidió emprender proyectos que ayudaran a informar del problema en Brasil, el país con la mayor biodiversidad del mundo, según la ONU. “La basura es el resultado de nuestros valores equivocados. El plástico de un solo uso representa eso: satisfacer nuestros instintos y afán de usar y tirar. Plástico, momentos, personas. Todo se convirtió en desechable”, asegura con una persuasiva convicción que también transmite en sus vídeos. Cortez es la creadora del movimiento Menos 1 Lixo, que comercializa un vaso de material reutilizable para llevar a todas partes y reducir el consumo de botellas y vasos plásticos. En la página, Cortez desarrolla y difunde en vídeos y artículos, nuevos hábitos de consumo para aprovechar los residuos y reemplazar productos de uso cotidiano que producen más basura.

Fe Cortez fue una de las impulsoras de la prohibición en 2018 de las pajitas de plástico en Río de Janeiro, la primera ciudad brasileña en aprobar esta regulación. “Ahora estamos trabajando en el proyecto de Noronha plástico cero, para prohibir el uso y la comercialización de plástico de un solo uso en la Isla de Noronha (al noreste de Brasil)”, cuenta. Ella asegura que el gobierno del presidente Jair Bolsonaro se ha convertido en un obstáculo para la lucha medioambiental e insiste en que el país está retrocediendo en sus esfuerzos contra el cambio climático.

El rescatador de ríos urbanos

Alonso Briceño, durante un recorrido en San José, Costa Rica, el pasado 19 de agosto de 2017.
Alonso Briceño, durante un recorrido en San José, Costa Rica, el pasado 19 de agosto de 2017.

Alonso Briceño (Costa Rica, 35 años) tenía 27 cuando decidió que su tesis de licenciatura en arquitectura tendría un enfoque medioambiental y no quedaría olvidada en los estantes de la biblioteca de su universidad. En la publicación Río Urbano.Territorios culturales buscaba transformar la manera en la que los costarricenses conviven con sus afluentes, en un momento en el que, asegura, esos espacios naturales eran abandonados y relegados. Para ello, Briceño creó en 2012 la iniciativa Río Urbano, un proyecto que busca involucrar a la ciudadanía en el rescate y regeneración de sus ríos, ayudando a que las personas se sientan más seguras y no los abandonen. Junto con un grupo de amigos y colaboradores, Río Urbano organiza limpiezas, capacita a voluntarios interesados en reciclaje y aprovechamiento de residuos y ofrece actividades para recuperar el valor natural de esos lugares. “Hace cerca de 200 años se empezaron a contaminar los ríos y la gente poco a poco fue perdiendo las ganas de visitarlos. Se generó un rechazo cultural que se potenció cuando se dio la explosión del crecimiento urbano”, asegura.

Desde 2015, Río Urbano ha convocado a los llamados “Picnics en el río”, jornadas de convivencia vecinal en afluentes donde se han congregado cientos de personas en todo el país. En su última edición, se hicieron actividades simultáneas en 60 puntos distintos en los que participaron 175 grupos, entre comunidades y organizaciones. Y la asistencia es cada vez más alta. El colectivo colabora también en la iniciativa Rutas Naturbanas, una red de movilidad ecológica que permitirá a los habitantes reecontrarse con espacios de bosque rivereño que aún se conservan en medio de la ciudad pero que se han quedado como espacios residuales. Además, es parte del Comité Técnico del Programa Bandera Azul Ecológica en categoría Microcuencas y del Comité Local del Corredor Biológico Interurbano Río Torres; proyectos en los que participan oenegés, gobiernos, voluntarios, ciudadanos y empresas que colaboran para conservar y preservar las áreas naturales.

La cazadora de empresas

Rosie Collins es la directora de la plataforma Step Changers. En la foto posa frente a la playa en Opoutere en su natal Nueva Zelanda.
Rosie Collins es la directora de la plataforma Step Changers. En la foto posa frente a la playa en Opoutere en su natal Nueva Zelanda.

Rosie Collins (Nueva Zelanda) ha contestado entusiasmada a la videollamada de la escuela UAM-El País desde su casa tan solo un par de horas después de graduarse de la carrera de economía. Tiene 23 años y a los 19 trabajaba para Unicef escribiendo sobre cambio climático y pobreza infantil y tratando de atraer inversión de grandes corporaciones para atender esos problemas, hasta que decidió ir más allá. “No existía una manera fácil y efectiva de vincular a las empresas con causas benéficas, entonces decidí crearla”, cuenta. Así nació Step Changers (Cambiando la marcha, en inglés), una red de más de 30.000 empresas y asociaciones benéficas en Nueva Zelanda reunidas en una plataforma creada por Collins para cambiar la cultura corporativa en su país y concienciar a las grandes corporaciones de que pueden ser más sostenibles para ayudar a resolver problemas urgentes. Lo hace cruzando datos y presionando para que esos negocios inviertan dinero en oenegés que plantan árboles, limpian espacios públicos o simplemente hagan algo por cualquier causa benéfica.

Collins cuenta que el objetivo de Step Changers es “normalizar la responsabilidad social y ecológica” en las empresas. “Las corporaciones tienen la capacidad de arruinar el mundo o de convertirlo en un lugar mejor”, dice. “Uno puede ayudar a cambiar las cosas individualmente, desde el gobierno, o empujando a las empresas, y creo que desde estas es más difícil, pero es el mundo que mejor conozco”, reflexiona Collins. “Lo más aburrido de mi trabajo es que yo hago los números, la investigación académica que sirve de base para vincular empresas y causas. No es tan visible como ir a la playa a recoger botellas o plantar árboles todo un fin de semana, pero alguien tiene que hacerlo”.

La transformadora de residuos

Fidele Hage posando en Beirut (Líbano) con una de sus bolsas reutilizables de la marca Kees, creada por ella, para reducir los plásticos desechables.
Fidele Hage posando en Beirut (Líbano) con una de sus bolsas reutilizables de la marca Kees, creada por ella, para reducir los plásticos desechables.

Grandes cantidades de peces y pájaros llegan muertos a las costas de Líbano con el estómago lleno de plástico. La imagen se repite día tras día, mientras el país está cada vez más abrumado por los vertederos desbordados y las aguas residuales que se abren camino hasta el mar. Ese es el panorama que describe Fidele Hage (Líbano, 37 años), una publicista que se dedicó a trabajar para mejorar el medio ambiente desde 2017, tras conocer en redes sociales las campañas de colectivos ambientalistas. Hage y su amiga Natalia Halabi crearon Keess, una bolsa “reutilizable, funcional y a la moda”, cuyo objetivo es ayudar a reducir el uso de los plásticos desechables e impulsar la mentalidad del ahorro de residuos. “Nosotros nos enfocamos en la lucha contra el desperdicio de plástico. Esa cultura la inculcamos a nuestros equipos de trabajo, a nuestros amigos, a nuestras familias”, asegura.

Dado que la contaminación por residuos sólidos en el mar no es el único problema ambiental urgente que hay en su país, parte de los recursos que obtienen de las bolsas que fabrican los invierten en luchar contra la contaminación del agua. Para ello, proveen a todo el país de filtros que la potabilizan. Sin embargo, el Gobierno libanés, según ella, no se ha comprometido claramente frente al problema. Con todas sus acciones, aspiran a crear conciencia en el resto de Oriente Próximo y en el norte de África. Hage sabe que su proyecto es todavía muy joven y que hay que generar más conciencia para impulsar un cambio positivo tangible. Sin embargo, se muestra confiada en la juventud de su país que, dice, es bastante entusiasta con su cruzada contra la contaminación. “No nos detendremos aquí. Seguiremos sean cuales sean las circunstancias”.

La enemiga de las bolsas

Tiza Mafira lidera el movimiento Plastic Bag Diet, en Indonesia, con el que ha logrado la reducción en el consumo de bolsas de plástico en su país.
Tiza Mafira lidera el movimiento Plastic Bag Diet, en Indonesia, con el que ha logrado la reducción en el consumo de bolsas de plástico en su país.

Tiza Mafira (Indonesia, 35 años) se convirtió en activista en 2013 cuando impulsó una petición para que en su país se dejaran de repartir bolsas plásticas gratis y presionar al gobierno a que pusiera en marcha políticas sobre el tema. Es abogada y asegura que su formación profesional le ha servido para impulsar actividades y concienciar a la sociedad sobre la urgencia de reducir el consumo de productos con plástico de un solo uso. En 2015 lideró una campaña, visitando comercio por comercio en 27 ciudades, en la que les pidió no despachar bolsas gratuitas. Seis meses después, el uso de este producto se redujo en un 55% en todo el país. Más tarde, varias provincias se sumaron a desarrollar las regulaciones pertinentes. Mafira creó el movimiento Plastic Bag Diet o Dieta de la bolsa de plástico, en el que junto a un grupo de compañeros salió a las calles a entregar bolsas reutilizables a todas las personas que portaban bolsas plásticas. Cara a cara explicaron el impacto ecológico que dejaban esos productos en la naturaleza una vez que se tiran a la basura. “Hacemos campañas contra el plástico de un solo uso, no contra todo el plástico. Empezamos con las bolsas porque es uno de los factores más contaminantes de ríos y océanos”, puntualiza.

Mafira cuenta que lo más complejo con lo que se ha encontrado durante los últimos siete años de activismo ha sido el poco interés que demuestra el Gobierno, el sector empresarial y una gran parte de la sociedad. “Lo más difícil es atraer a la gente que no cree que haya necesidad de cambio, y siempre es una buena sensación pensar que estás haciendo la diferencia y que otras personas, siguiendo tu ejemplo, piensen que puedan hacer lo mismo”, concluye.

La amante de los cetáceos

Agnès Torres, fundadora de la campaña Conciencia Plástica, posa en uno de los barcos en los que realiza guías para ver mamíferos en su hábitat natural.
Agnès Torres, fundadora de la campaña Conciencia Plástica, posa en uno de los barcos en los que realiza guías para ver mamíferos en su hábitat natural.

Agnès Torres (Ibiza, 24 años) era muy pequeña cuando se fue sola a recoger basura de la playa en Espalmador, una isla entre Ibiza y Formentera, mientras sus padres veían la puesta de sol. A los tres años aprendió a reciclar en el colegio y ese mismo día les mostró a sus padres cómo hacerlo en casa. Torres creció en el mar, en una familia de pescadores. Desde que tiene recuerdos se sintió preocupada por los residuos que contaminan el ecosistema marino. “Siempre tuve en la cabeza que tenía que hacer algo en contra del plástico”, explica con un gesto de emoción imposible de disimular.

Cuando alcanzó la mayoría de edad, se fue a estudiar Biología a Vic (Barcelona) y durante la carrera viajó a la bahía de Monterrey, en California, para especializarse en ecosistemas marinos. Poco después, se trasladó a Namibia para investigar los cetáceos (ballenas, delfines y marsopas) y las aves marinas. En 2018 volvió a Ibiza e hizo una ruta por su isla para comprobar el estado de las playas y encontró una alta concentración de microplásticos.

Desde diciembre del año pasado organiza, junto al activista ibicenco Gustavo Sánchez, batidas de limpieza en las playas del litoral ibicenco a las que ha llamado Conciencia Plástica. A cada jornada (nueve al año, concentradas en los meses de invierno) han acudido entre 60 y 100 vecinos. Después de la recogida, separan los residuos, los cuentan, los pesan y elaboran un inventario de basuras que entregan a los ayuntamientos. “Antes pensaba que a nadie más le preocupaba cómo estuvieran nuestras playas, pero ahora veo que la gente se empieza a concienciar”, asegura. Hoy, el movimiento que lidera Torres está vinculado con organizaciones ambientalistas de la isla como Proartso, Ibiza y Formentera Sin Plástico, Ibiza Limpia y Asociación de Voluntarios de Ibiza.

La limpiadora de México

Margarita Martínez en el MIREC WEEK, evento sobre energías limpias, celebrado en el World Trade Center de Ciudad de México el pasado mayo.
Margarita Martínez en el MIREC WEEK, evento sobre energías limpias, celebrado en el World Trade Center de Ciudad de México el pasado mayo.

Margarita Martínez (México, 20 años) no volvió a ser la misma tras haber hecho un voluntariado de dos meses en parques nacionales de Costa Rica. Cuando regresó a su natal Monclova, una ciudad del estado mexicano de Coahuila, en el norte del país, se propuso hacer algo contra el cambio climático. Empezó en las redes sociales, mostrando y compartiendo sus hábitos de consumo en los que trataba de prescindir de todos los tipos de plástico y producir una menor cantidad de basura. Quería demostrar que era posible vivir de esa manera. Así nació el movimiento Limpiemos Monclova, una convocatoria a la que, en su primera edición, asistieron más de 100 personas entre vecinos, estudiantes y comerciantes de la ciudad. En esa jornada se recogieron 11,5 toneladas de basura que después separaron y enviaron a distintas empresas para su reciclado. A través de videoconferencia, Martínez asegura que antes de salir a la calle ella y sus compañeros visitaron casa por casa para informar a los ciudadanos acerca de cómo manejar los residuos y separarlos.

Limpiemos Monclova alcanzará este año otras cinco ciudades del norte de México, una región ajena al activismo de la capital, donde se replicarán las actividades: campaña de información, limpieza, y separación y reciclaje de los residuos. La Alcaldía de Monclova la ha apoyado para favorecer la expansión de su causa. Sin embargo, ella insiste en que es una iniciativa social y que así quiere que permanezca, sin que se politice. “En el norte del país no hay tantas actividades como en Ciudad de México. Y en otros lugares hay muchos movimientos, por ejemplo, el de Greta Thunberg [joven activista sueca], cosas muy bien hechas, y de pronto miro a mi alrededor y me pregunto por qué aquí no hay nada. Mi lema es: ‘Si no hay o si no existe, créalo tú”, concluye.

La vencedora de imposibles

Gabriela Baeza ha logrado reducir la cantidad de plástico que consume y aspira al 'Cero Basura', como ha nombrado también a su movimiento en Ciudad de México.
Gabriela Baeza ha logrado reducir la cantidad de plástico que consume y aspira al 'Cero Basura', como ha nombrado también a su movimiento en Ciudad de México.

Gabriela Baeza (México) ha emprendido una lucha ambiental contra la basura, pero las puertas se le han cerrado una y otra vez. A sus 31 años, esta licenciada en Ciencias Ambientales ha visto cómo empresas e instituciones gubernamentales han dado la espalda a su proyecto para combatir el problema de residuos sólidos que afecta a Ciudad de México. Su gran aportación es producir vídeos para concienciar a la gente. Hace tres años, creó el proyecto Cero Basura, que se volvió viral en las redes sociales gracias al cortometraje ¿Se puede vivir sin basura?, publicado en Facebook, donde logró más de 3,6 millones de visualizaciones. En él, cuenta su cambio de hábitos desde que conoció el daño ambiental que producen los residuos y muestra cómo redujo la basura en su casa durante dos meses. Desde entonces, comparte periódicamente trucos para reducir los residuos a través de vídeos que llegan a los más de 54.000 seguidores de que dispone en esa red social.

Baeza explica el problema de la contaminación: “Los residuos son el síntoma de una enfermedad grave: la crisis climática”. Dentro de esa cuestión identifica al plástico como “el principal enemigo del planeta”. La Secretaría de Ambiente de la Ciudad de México estima que cada habitante de la capital (más de 21 millones de personas) usa una media de 150 bolsas de este material al año. Según la Asamblea Legislativa del Distrito Federal, el 90% termina en desagües y drenajes cuyo destino final es el mar. A pesar de la difícil situación de su ciudad, Baeza está satisfecha con algunas acciones, como prohibir la venta de plásticos desechables a partir de diciembre de 2019 y el uso de hojas de plátano en lugar de poliespán (un material de plástico espumado) para servir comida. “No se necesita a una persona que viva sin basura, sino muchas haciendo lo que puedan”, concluye.

La purificadora de playas

Andrea Lema recoge residuos junto a los activistas de PLástiCo Project, en Ecuador.
Andrea Lema recoge residuos junto a los activistas de PLástiCo Project, en Ecuador.

En las islas Galápagos, Andrea Lema (Ecuador, 27 años) supo que se iba a dedicar a luchar contra la contaminación por plástico. Allí vio que ese problema arruinaba el archipiélago que, a pesar de ser declarado como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, recibe toneladas de residuos sólidos cada año. Fue entonces cuando se sembró la semilla de PlástiCO Project, la iniciativa a la que se dedicó Lema, economista de formación, desde que regresó a su ciudad natal, en 2017. Su cambio comenzó en casa: empezó a vivir sin producir basura. “Eso llamó mucho la atención de mi familia y mis amigos”, recuerda. Pronto el proyecto ganó seguidores y se formaron grupos que hacen diversas labores en todo el país. Hasta ahora, han participado cerca de 3.200 personas.

Entre las actividades que han hecho en estos dos años hay limpiezas manuales de playas y trabajos de pedagogía con niños, adolescentes y adultos en cinco provincias de Ecuador. Además, en noviembre de 2018, PlástiCO Project abrió una tienda en Quito en la que venden productos de aseo sin envoltorios y utensilios para reemplazar el plástico en casa. Se han encontrado dificultades para hacer un trabajo más eficaz. El Gobierno, según Lema, no tiene un sistema de reciclaje efectivo y las empresas más contaminantes no toman medidas reales. La iniciativa marcha, sin embargo, por buen camino y tiene contactos con otros colectivos similares en el resto de Latinoamérica. Aunque su trabajo se centra en los plásticos, que son solo una parte de un problema mayor como el cambio climático, el grupo espera diversificar su campo de acción. Lema explica que ya están caminando en esa dirección: “Estamos empezando a educar sobre este tema a nuestros voluntarios y estamos buscando proyectos que se alineen más a la lucha contra el cambio climático”.

El protector de tortugas

Richmond Kennedy Quarcoo organiza una campaña de limpieza en una playa de Ghana, a través de su ONG Plastic Punch.
Richmond Kennedy Quarcoo organiza una campaña de limpieza en una playa de Ghana, a través de su ONG Plastic Punch.

Richmond Kennedy Quarcoo (Ghana, 28 años) eligió el plástico como tema principal de su trabajo final de carrera de Ciencias Náuticas. “El problema es cada vez más visible en Ghana y, en aquel momento, yo quería saber cómo estaba afectando al sistema marítimo y qué podíamos hacer para solucionarlo”, explica Quarcoo. Y todo comenzó con las tortugas: “Queríamos sensibilizar sobre el riesgo que sufren desde que el plástico inundó nuestras playas. Queríamos encontrarlas pero cada vez había menos”. Tras eclosionar, las tortugas marinas vuelven al mismo sitio donde nacieron para aparearse y poner sus propios huevos. “Por eso, sabemos a qué playas van a llegar y tratamos de mantenerlas limpias”, cuenta.

En 2018, Kennedy Quarcoo y seis de sus amigos crearon la organización Plastic Punch, que organiza limpiezas masivas en esas playas. Además, quienes integran la iniciativa van a las escuelas, iglesias, asambleas del distrito de diferentes comunidades, de diferentes pueblos y explican que las tortugas se están muriendo por culpa de la basura. El 80% de lo que recogen de las playas es plástico. Lo que hace Plastic Punch ha dado resultados. Desde que llevan a cabo estas campañas no han vuelto a ver tanta basura como antes. La gente ha respondido tan positivamente que en junio se canceló una convocatoria para limpiar una de las playas y la gente salió igualmente a hacerlo. La oenegé también tiene convenios con empresas que utilizan diferentes tecnologías para darle una segunda vida al plástico. Por ejemplo, una que mezcla el material con arena para crear ladrillos y otra procesa las botellas de PET y las reutiliza para hacer ropa. El grupo acaba de lanzar una aplicación que permite al usuario indicar dónde ha visto a una tortuga marina para no perderles el rastro y ayudar a cuidar el lugar en el que habitan.

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