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REPORTAJE

Estamos rodeados

El dentífrico y el maquillaje son algunos de los insospechados productos cotidianos con plástico

Un activista muestra las miles de colillas que ha recogido en la playa de la Barceloneta.
Un activista muestra las miles de colillas que ha recogido en la playa de la Barceloneta.

Comienza la mañana y, con ella, la rutina de cada persona. Lavarse los dientes, vestirse, maquillarse… Estos pasos comparten un elemento en el que no se suele reparar: la pasta de dientes, el pintalabios o el rímel están compuestos de plástico. Y la mayoría de la gente no lo sabe. En un mundo cada vez más concienciado en la lucha contra los residuos que genera, identificar este material que se encuentra en todos los ámbitos de la vida no es fácil.

Con solo lavarse los dientes, una persona introduce microplásticos —partículas de plástico que miden menos de cinco milímetros— en su boca y en el agua, en función del dentífrico que use. La pasta dental con microesferas tiene un poder abrasivo destinado a lograr una limpieza más profunda, pero no son imprescindibles. Alba García, responsable de la campaña de plásticos en Greenpeace España, subraya que en los supermercados ya hay opciones sin ese elemento: “Significa que funcionan y que este producto no necesita microesferas”.

La rutina continúa al elegir vestuario. Y aquí hallamos aún más plástico. La fibras sintéticas de la ropa pueden llegar a ser microplásticos secundarios, aquellos que tienen en su origen un tamaño mayor de cinco milímetros pero que se van fragmentando. Con cada lavado estas partículas diminutas que se desprenden acaban recalando en las depuradoras, donde se elimina más del 90% de los microplásticos. Pero el problema persiste. Andreu Rico, investigador del Instituto Imdea Agua, explica que los lodos de estas depuradoras se suelen usar como fertilizante agrícola y “pueden llegar a contaminar suelos naturales e incluso ser transportados a los ríos o mares a través del agua de escorrentía”. El programa de Medio Ambiente de las Naciones Unidas publicó un informe en 2017 en el que se detallaba que hasta ese año se habían acumulado 51.000 millones de estas partículas en los océanos.

Muchas personas agarran su estuche de maquillaje para darse los últimos retoques. En la mayoría de los casos, también se están aplicando plástico. En enero de 2018, el Reino Unido aprobó la prohibición de microplásticos en productos cosméticos por el daño que causan en la fauna y la flora marina. Alba García considera que esta medida beneficia al resto de Europa, dado que a las compañías les sale más rentable extenderla a todos sus productos en lugar de fabricar unos específicos para los británicos. Toni Lodeiro, divulgador en la página de alternativas sostenibles Opcions, recomienda comprar cosmética natural o replantearse si es necesario su uso. 

Durante la menstruación, lo más habitual es utilizar compresas y tampones. Cada mujer utiliza alrededor de 15.000 de estos productos a lo largo de su vida, según la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU). El plástico de las compresas, compuestas en un 90% por este material, tarda 300 años en descomponerse; los tampones, al menos seis meses o más de 100 años si tienen aplicador. Alba García recomienda opciones más reutilizables, como las compresas de tela o la copa menstrual, que “está hecha de una silicona plástica pero puede durar toda la vida”.

Una vez fuera de casa, es habitual pedir un café para llevar en un bar. El vaso parece solo de cartón, pero incluye también plástico. El recipiente contiene una fina película de este material destinada a evitar que se deshaga cuando se vierte líquido caliente. Existen diversas iniciativas para impedir su utilización desproporcionada: cobrar por estos vasos, permitir a los clientes traer los suyos, ofrecer envases reutilizables que se puedan devolver en otros locales o usar recipientes compostables —elaborados con elementos naturales—. En cuanto a los fumadores, los filtros de los cigarros están hechos de acetato de celulosa —un tipo de plástico—. Aun así, se han desarrollado alternativas biodegradables que se pueden descomponer en elementos más simples y naturales.

El plástico llega incluso al té. Las bolsas de esta infusión están hechas entre un 70% y un 80% de fibra de papel. Pero, según reconocieron varias empresas británicas, el resto se compone de polipropileno, es decir, plástico. Toni Lodeiro considera la alternativa más sostenible hasta el momento “comprar este producto a granel”.

Tanto al maquillarse como al retirarse los cosméticos, el plástico sigue presente. La Unión Europea prohibió en marzo de este año determinados plásticos de un solo uso a partir de 2021. En el caso de las toallitas húmedas, la legislación obliga a que la etiqueta refleje la presencia de plástico en el producto y el impacto ambiental que genera. Otra opción son los geles exfoliantes pero, como los dentífricos, contienen microplásticos que producen un efecto abrasivo para lograr una mayor limpieza. Estos han sustituido a los abrasivos naturales como el azúcar, la piedra pómez o la avena.

El divulgador Lodeiro sostiene que la idea de que el consumo consciente es positivo está socializada, pero que no es "fácil incorporarla a nuestra vida”. Incluso a la hora de dormir nos acostamos entre plástico: las sábanas pueden estar también impregnadas de este material. Lo mismo que el colchón, el camisón o la férula dental. Casi nada se salva.

En la noche no todo lo que brilla es sostenible

La noche que se alarga con una fiesta tampoco se librará del plástico. Además de los vasos de un solo uso en los que muchas discotecas sirven sus bebidas, otro elemento contaminante acompaña la juerga nocturna: la purpurina. Esa brillante sustancia se fabrica con un microplástico primario que se compone habitualmente de aluminio y tereftalato de polietileno. Pese a tratarse de un elemento cada vez más cotizado en ropas y maquillajes, el posible daño que estas micropartículas pueden causar a la fauna marina está haciendo que se planteen alternativas menos dañinas para el medio ambiente.

Las grandes empresas se han visto obligadas a buscar opciones más sostenibles, alertadas por estudios como el de Fundación Megafauna Marina, que aseguraba que los microplásticos pueden llegar a interrumpir los procesos hormonales de los animales.

La cadena Primark lanzó en mayo de 2019 la primera gama de nueve productos de purpurina hechos con un brillo procedente de los árboles de eucalipto, y anunció que desde ese momento todas sus purpurinas se fabricarán con ese material. Esta opción ya existía en el mercado, pero no siempre es la más barata, como asegura la maquilladora profesional Laia Lae: "Un bote puede costar un euro en un chino; y yo para la misma cantidad de brillo ecológico llegué a pagar hasta 30 euros".

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