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REPORTAJE

Reconvertirse para evitar el cierre

La industria empieza a asumir el 'biocom' como alternativa a los productos de un solo uso

Trabajador saca de un contenedor cubiertos hechos con plástico de un solo uso.
Trabajador saca de un contenedor cubiertos hechos con plástico de un solo uso. GETTY IMAGES

La prohibición de los plásticos de un solo uso para 2021 ha situado a los fabricantes españoles en una encrucijada: o se deciden por los materiales más respetuosos con el medio ambiente o se enfrentarán al riesgo de cese en la producción. El sector del plástico, que en España emplea a más de 120.000 personas en cerca de 4.000 empresas, según datos de la Asociación Española de Industriales de Plásticos (ANAIP), ya ha sufrido los efectos de la directiva europea que entró en vigor el pasado 12 de junio. Luis Cediel, director general de ANAIP, explica: “Conocemos casos de empresas pequeñas e incluso grandes que no pueden evitar el cierre”. Ante el desafío que supone para la industria esta adaptación, los plásticos conocidos como biocom (biodegradables y compostables) emergen como la principal alternativa.

El beneficio de estos materiales, que pueden derivar del petróleo o de productos biológicos (maíz, patata o caña de azúcar), radica en su capacidad de degradarse rápidamente en elementos orgánicos. De este modo, los residuos se pueden transformar en compost (abono fabricado a partir de materia orgánica) que funcione como combustible industrial para reducir su impacto en los ecosistemas.

Pese a sus beneficios, los biodegradables representan solo el 1% de la producción de plásticos en el mundo, según confirman los datos de Plastics Europe, la principal patronal europea del sector. En 2018, la capacidad mundial de producción de plásticos biodegradables era de casi 0,9 millones de toneladas y la previsión es que en 2023 alcance los 1,3 millones, según el último informe de la asociación empresarial European Bioplastics, que asegura que Europa ocupa “el primer lugar en el campo de investigación y desarrollo” y es el mercado “más grande de la industria”.

La Asociación Española de Plásticos Biodegradables Compostables (Asobiocom), una entidad que agrupa a 12 empresas, indica que no hay un recuento del volumen de producción de estos materiales en el ámbito español. No obstante, fuentes de la asociación aseguran que cada vez más compañías invierten en los biocom para adelantarse al plazo que marca la directiva sobre los plásticos monouso (aquellos que, como las pajitas o los bastoncillos para los oídos, pueden emplearse una única vez).

Es el caso de Nurel, una compañía dedicada al textil y al plástico que ha desarrollado una línea de materiales compostables y biodegradables. Leyre Quibus, directora de mercadotecnia, afirma que ha observado un aumento de la demanda de estos desde la aprobación de la norma. “Las marcas están buscando alternativas al plástico tradicional y para nosotros es una gran oportunidad”, comenta. Una tendencia que ratifican fuentes de Ercros, industria química catalana con más de dos siglos de actividad que también está desarrollando productos biocom, uno de ellos biodegradable en agua.

Sin embargo, aún hay grandes empresas, como el grupo Armando Álvarez, líder del sector de transformación de plásticos en España, que no están fabricando productos biocom. Sus filiales Silvalac y Plásticos Españoles, principales productores de envases de plástico en España (con 232 y 150 millones de euros de facturación, respectivamente) no ofrecen artículos biocom en su catálogo. Ambas empresas han declinado responder a las preguntas de este medio.

El futuro de este material

El principal problema de producir plásticos biocom se halla en su precio. Sergio Giménez, director de negocios del Instituto Tecnológico del Plástico (Aimplas), está convencido de que la inversión es necesaria: “En algunos productos estos materiales van a ser la única alternativa plástica a la oferta actual tras la aprobación de la directiva monouso”. Las compañías están preocupadas y se preparan para la reconversión. “Los plásticos biodegradables se pueden hacer con las mismas máquinas, pero en algunos casos requieren ser adaptadas para conseguir niveles de producción óptimos”, explica Giménez.

No obstante, Asobiocom calcula que el elevado coste de la materia prima se compensa con el beneficio medioambiental. En productos como las cápsulas de café, la aplicación de materiales biocom permite compostar a la vez el recipiente y su contenido.

Los materiales biocom no han venido para sustituir por completo al plástico tradicional. Su composición los hace menos resistentes a las temperaturas extremas y la rápida degradación reduce su vida útil. Además, en el ámbito sanitario la normativa europea no prevé prohibir los plásticos monouso.

El futuro del sector pasa, según los empresarios, por una mejor gestión de los residuos a cargo de la Administración, más educación de los consumidores y mayor colaboración con el sector público para favorecer el reciclaje y el compostaje entre la ciudadanía. Todo ello, manteniendo una continua labor de investigación y desarrollo para mejorar las propiedades de los plásticos, avanzar en el ecodiseño y reducir su huella ecológica.

Una alternativa imperfecta

Los beneficios ecológicos de los plásticos biocom los están situando como la alternativa de la industria. Sin embargo, sus residuos no son inocuos si acaban en el medio ambiente. Los nanoplásticos (partículas inferiores a una micra, es decir, una milésima parte de un milímetro) derivados de la degradación de algunos biocom pueden ser tóxicos para los ecosistemas marinos. Esta es la conclusión de un estudio de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM) y la Universidad de Alcalá de Henares (UAH) publicado en abril de 2019 en la revista Environmental Science: Nano. En este caso, la muestra utilizada fue de polihidroxibutirato (PHB), un bioplástico empleado en medicina, entre otras aplicaciones. Miguel González-Pleiter, ecotoxicólogo de la UAM que ha coordinado la investigación advierte: “Hay que tener precaución, no existe una solución perfecta al problema de los plásticos”.

De todas maneras, el investigador invita a no ser “alarmistas” e incide en que lo “importante” es reducir el consumo de plástico, reutilizarlo en la medida de lo posible y evitar que sus residuos acaben en los ecosistemas. “Hay que dar más vida a los productos de plástico, es un material estable y duradero que tenemos que usar. Hay que optar por aquellos que tengan un reciclado más sencillo y que dejen una huella ecológica menor”, concluye.

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