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REPORTAJE

El arte ecológico

Dos arquitectas, una escultora y un colectivo que construye máquinas intentan concienciar al público

Elena Rocabert (izquierda) y Marta Ochoa durante la entrevista en el espacio Medialab-Prado.
Elena Rocabert (izquierda) y Marta Ochoa durante la entrevista en el espacio Medialab-Prado.

El arte también contribuye. Un movimiento incipiente en Madrid apela al público para reducir el impacto en el medio ambiente a través de esculturas fabricadas con materiales orgánicos o reciclados.

Tres ejemplos de ello los aportan una artista de realidad virtual, seis jóvenes que construyen aparatos para darles una segunda vida a los residuos y dos arquitectas que componen figuras con tela bioquímica.

Virtual y reciclado

Claudia Stilianopoulos, nacida en Filipinas hace 46 años, reúne en su estudio del barrio madrileño de Prosperidad hombres hechos con juguetes reciclados y tuberías de plástico cubiertas de escayola colgadas del techo. Tras dejar su trabajo como diseñadora de muebles hace una década, se dedica a crear obras artísticas con material reciclado. Stilianopoulos elabora esas piezas de la misma manera en la que vive su día a día: trata de reducir al máximo los residuos que produce. Sus últimas obras son figuras reproducidas en tres dimensiones con una máquina que utiliza plástico desechado por las recicladoras.

Claudia Stilianopoulos en su estudio en el barrio de Prosperidad. ampliar foto
Claudia Stilianopoulos en su estudio en el barrio de Prosperidad.

No es fácil que alguien compre en España plástico reutilizado como obra de arte, según Stilianopoulos. “También vendo figuras en acero y bronce, pero me encantaría que toda mi obra fuera solo plástico reusado”, explica. Hace dos años abrió la galería Upcycling (aneja a su estudio), en la que reúne a artistas que quieren contribuir a la protección del medio ambiente mediante la reutilización de materiales.

El último proyecto de Stilianopoulos consiste en un vídeo de realidad virtual que permite al espectador caminar alrededor de las figuras que ella misma diseña. La artista se inspiró en una lluvia de meteoritos ocurrida en 2014 en Corea del Sur, y a partir de ahí imagina la forma que toman los cuerpos celestes al chocar con la Tierra. Al final del recorrido, invita a reflexionar con una pregunta: “¿Destruirá un meteorito el planeta o seremos nosotros quienes le demos fin?”.

Triturar, fundir y hornear

El plástico también cobra una nueva vida en el proyecto TripPLAYstic, iniciado por seis jóvenes de la sierra de Madrid que fabrican máquinas artesanales para triturar, fundir y hornear este residuo. Los aparatos fueron elaborados con piezas de lavadoras y motores de puertas de garaje, a partir de los planos disponibles en la página web de la iniciativa holandesa Precious Plastic. Mediante este mecanismo fabrican azulejos y cuencos, y decoran lámparas y botellas, aunque en los últimos meses han ampliado las posibilidades y han construido ladrillos y vigas.

María Gimeno (izquierda) y Héctor Hernández durante el proceso de fundido. ampliar foto
María Gimeno (izquierda) y Héctor Hernández durante el proceso de fundido.

Triplaystic se fundó hace un año y tiene como principal objetivo concienciar a los jóvenes mediante talleres en colegios y festivales. Este colectivo transmite la importancia de reciclar, y, sobre todo, lo poco ecológico que resulta. Héctor Hernández, bioconstructor madrileño de 26 años, explica el dilema que encuentra el grupo: “Estamos buscando cómo hacer funcionar las máquinas solo con energías renovables porque consumen mucho”. Pese a ello, han ingeniado un sistema para que la trituradora funcione a través de la fuerza que se genera pedaleando una bicicleta estática. Intentamos que los jóvenes dejen de pensar que cuando las cosas se rompen hay que tirarlas”, concluye Hernández.

María Gimeno (izquierda) muestra las piezas que han producido con plástico reciclado. ampliar foto
María Gimeno (izquierda) muestra las piezas que han producido con plástico reciclado.

María Gimeno, miembro del colectivo, sueña con llevar el proyecto a países en vías de desarrollo, en los que el sistema de recogida de residuos no se ha extendido. De este modo, pretenden que las comunidades construyan sus propias máquinas y puedan fabricar materiales de construcción baratos a partir de los plásticos que recojan en su entorno.

Una nueva piel

Pero no todo es reciclar, el arte joven también investiga alternativas. Las arquitectas Elena Rocabert, madrileña, y Marta Ochoa, oscense, ambas de 25 años, volvieron de sus intercambios universitarios convencidas de que el plástico suponía un gran problema. Ochoa, porque le sorprendió cómo derrochaban bolsas en los supermercados de Santiago de Chile; Rocabert, porque admiró cómo los berlineses intentaban reducir al mínimo el consumo de este componente.

Las arquitectas Marta Ochoa y Elena Rocabert cultivan un biotextil a partir de té de kombucha. ampliar foto
Las arquitectas Marta Ochoa y Elena Rocabert cultivan un biotextil a partir de té de kombucha.

Desde hace un año y medio están fabricando una escultura cuyo material flexible cultivan en un recipiente rectangular mediante un proceso de fermentación a partir de té de kombucha. Así consiguen un biotextil (organismos vivos que funcionan como fibras textiles) que las artistas alimentan con té, agua y azúcar periódicamente para que vaya engordando. El resultado es una especie de piel a la que ellas dan formas artísticas, que expusieron por primera vez en febrero de 2019 en Casa Antillón, un proyecto cultural gestionado por jóvenes junto a la Puerta del Ángel, en Madrid.

Eso les permitió comprobar la confusión que provoca en el espectador. “Te hace preguntarte qué es”, relata Ochoa, “y ahí es cuando explicamos que no queríamos usar plástico y que por eso hemos creado un tejido orgánico y biodegradable”. Para las arquitectas, esta pieza artística es una oportunidad de transmitir su compromiso. Y explican: “Independientemente de que al público le guste o no, le estamos poniendo un mensaje en la cara: esto está en contra del plástico”.

Ambas tratan de no consumir este material y concienciar a su entorno en su vida cotidiana: “Hay gente que piensa que esto es una moda, que es postureo, pero hay que tomarlo en serio porque supone una emergencia mundial”. Rocabert actualmente se encuentra en Berlín en el estudio del artista Olafur Eliasson y Ochoa recibió hace un mes la beca Arquia para trabajar con el arquitecto Norman Foster.

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