Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

Wonder Ponder: la filosofía es cosa de niños

Dos elementos fundamentales para la chispa filosófica, a cualquier edad, son el asombro y la pregunta

Un 20 de noviembre de 2014, coincidiendo con el Día Mundial de la Filosofía, llegaba al mercado Wonder Ponder, un proyecto editorial, educativo y de investigación enfocado a la infancia que conjuga filosofía y literatura y que se centra en la creación de imágenes que provocan preguntas y pensamiento. Lo hacía con un concepto novedoso para el mercado editorial: una caja bajo el título Mundo Cruel con tarjetas en su interior con imágenes que plantean en su reverso preguntas a los lectores. Pese a la novedad del concepto, solo eran acompañadas por tres instrucciones: “Abre, mira, piensa”.

Wonder Ponder, no obstante, había nacido unos años antes. Concretamente en un colegio público de Madrid, en el que Ellen Duthie, filósofa y autora del concepto y los textos de las cajas de la editorial, llevó a cabo un proyecto de práctica filosófica con niños, Filosofía a la de tres, donde acompañó a un mismo grupo desde los 3 hasta los 5 años con dos sesiones mensuales de diálogo filosófico en torno a temas como la felicidad, la amistad, el enfado, el reparto justo, la apariencia y la realidad o quién tiene derecho a mandar dónde, por qué y a quién. “En la observación de mi practica de filosofía con niños, me empecé a dar cuenta de la importancia de dar oportunidades de realizar comparaciones. Poder comparar distintas situaciones y distintos casos es muy útil para poder formarse ideas y explorar conceptos”, afirma Ellen.

A raíz del proyecto dio forma textual a una lista de escenas para explorar el concepto de crueldad o maldad que luego conformarían Mundo cruel. Esas escenas llegaron al mail de su amiga Daniela Martagón, ilustradora mexicana afincada en Madrid, que se sumó sin dudarlo al proyecto e ilustró las ideas de Ellen. La conjunción de imágenes y textos atrapó a la editora Raquel Martínez, tercer miembro de Wonder Ponder: “Aparte del interés educativo en términos de permitir y animar a la reflexión, los mecanismos literarios me parecieron especialmente potentes y estuve desde el principio convencida de que, como literatura, lo que habían hecho Ellen y Daniela era de lo más interesante que había visto en mucho tiempo”, afirma.

Hoy Mundo Cruel, que surgiócon una ambición modesta (“recuperar la inversión y generar suficientes fondos para producir un segundo título”) suma ya cinco ediciones y los otros tres títulos publicados por Wonder Ponder (Yo, persona(2015), Lo que tú quieras (2016) y ¡Pellizcame!(2018) suman cuatro reimpresiones. No solo eso, en un mercado predominantemente comprador de derechos literarios como el Español, la editorial ha logrado vender derechos internacionales de sus libros a países como Alemania, Argentina, Brasil, Corea del Sur o México.

La filosofía es cosa de niños

Como reconocen las creadoras de Wonder Ponder, no son las primeras ni las únicas en pensar que filosofía y niños “se podían llevar bien”. Y eso que, como matizan, algunos padres, editoriales e incluso libreros, “ningunean de formas diferentes a los niños” e incluso ponen en duda su capacidad intelectual. “Aquí sabemos que basta con relacionarse con niños y hablar con ellos, con tranquilidad y en toda la profundidad que quieran, para darse cuenta del error. En nuestra editorial nos tomamos a los niños muy en serio. Cualquier otra postura es una falta de respeto y también un desconocimiento de sus capacidades”, afirman.

Y es que, como recuerda Ellen Duthie, dos elementos fundamentales para la chispa filosófica, a cualquier edad, son el asombro y la pregunta, englobados en el concepto inglés “wonder”, algo de lo que los niños van sobrados. “Ese “¡Mira, Mamá!”, que busca compartir la alegría del asombro, y esos incesantes “¿por qué?” “¿por qué?” que resultan familiares a cualquiera que se relacione con niños llegan a partir del mismo momento en que empiezan a desarrollar el lenguaje”, aclara la filósofa.

Luego, a partir de los 3-4 años, empiezan a llegar las preguntas filosóficas: “Papá, ¿cómo sabemos que todo esto no es en realidad un sueño?”; “Mamá, ¿por qué los humanos podemos ser dueños de los perros, pero los perros de los humanos no?”; “¿Por qué son malos los malos?”. “Incluso una pregunta aparentemente inocente como “Mamá, ¿por qué tengo que ir al cole?” puede resultar sorprendentemente filosófica si se explora. Porque a poco que nos permitamos explorar esas preguntas nos encontraremos casi sin darnos cuenta en un tercer estado, el de la reflexión”, sostiene Duthie, que destaca que la experiencia de sentarnos a preguntar, a explorar e indagar con los niños “nos puede hacer pensar en cosas y en puntos de vista en los que jamás habríamos pensado si no estuviéramos en diálogo con ellos”.

Literatura y filosofía para compartir

Las cajas-libro de Wonder Ponder se puede leer a solas, pero “por su propia naturaleza” invitan a que sean compartidas. “Son una actividad de la que salen beneficiados tanto adultos como niños. La idea es nada más y nada menos disfrutar del asombro compartido y que a ese “mira, mamá” le siga con naturalidad un “mira, hijo” y que ese “¿por qué?” de incertidumbre compartida pueda venir tanto del niño como del adulto”, sostienen las creadoras.

De hecho, desde un punto de vista filosófico, el proyecto nació con la pretensión de dar una oportunidad a los niños para pensar por sí mismos sin que nadie les diga lo que han de pensar o lo que es bueno/preferible pensar. Una oportunidad que, como comentaban con anterioridad, hacen extensible a madres, padres y profesores para que exploren e indaguen junto a sus hijos y alumnos el mundo y creen un hábito de diálogo y de contraste de visiones y perspectivas sin que ese contraste se exprese en forma de confrontación: “Nuestros libros-caja proporcionan una herramienta a los adultos para entablar un diálogo no dirigido, donde es muy probable que ellos aprendan tanto como los niños”.

Los adultos, enfatizan, pueden escuchar y participar, pero “no como autoridad, sino como co-indagadores”, como colaboradores necesarios para expresar las dudas en voz alta e invitar a los pequeños a pensar. “Por encima de todo ante nuestros libros-caja quizás haya dos consejos fundamentales: relajarse (dejar de pensar que hay que tener todo bajo control y tener las respuestas a todo) y estar abiertos a que nuestros hijos nos abran los ojos a nosotros en algunas cosas”, aconsejan.

Desde el punto de vista literario, por su parte, Wonder Ponder sigue los pasos de un tipo de literatura infantil que interesa mucho a las tres integrantes de la editorial: “libros en los que existe una relación de agencia entre el niño y el libro, literatura que celebra la acción y la experiencia frente a la recepción pasiva; y la capacidad de reflexión propia frente a la aceptación de la verdad dada”. En ese sentido, citan como inspiración los libros de Bruno Munari, Enzo Mari o Katsumi Komagata “por su forma de concebir el libro como objeto transformable y transformador”. También les interesa, admiten, el tipo de álbum ilustrado de William Steig o los cuentos de Arnold Lobel, “que activan mecanismos de cuestionamiento y de reflexión en la propia respuesta lectora de una manera muy interesante”.

Libros todos ellos que, como las cajas de Wonder Ponder, dan un espacio al pensamiento como acción, como actividad. “Ojalá que poco a poco una de las posibles respuestas a la pregunta "¿Qué hacemos?" pueda ser "pensemos un rato" y que esa opción resulte apetecible y disfrutable”, concluyen las fundadoras de Wonder Ponder. Con sus cajas-libro esa utopía parece hoy más alcanzable.

Wonder Ponder Mini, libros para pararse a mirar

Recientemente las fundadoras de Wonder Ponder han ampliado su catálogo con la colección Mini, para niños de 0 a 5 años y mayores juguetones, compuesta de momento por dos títulos Niño, huevo, perro, huesoy Niña, gato, agua, pato en los que han estado trabajando con esmero los últimos dos años para, en la delgada línea que separa “el hacer algo interesante y no lograrlo del todo”, conseguir unos libros que hiciesen justicia a su concepto editorial.

“Con esta nueva colección buscamos invitar a mirar, a jugar y a pensar. Son libros que piden una implicación física, en el sentido del paso de la página hacia adelante y hacia atrás para comprobar las diferencias, qué ha cambiado de una página a la otra; pero también en el sentido de que son libros para identificar y señalar. A su modo son un “trabaojos” al que acompaña en ambos casos un elemento rítmico y de trabalenguas que alimenta el oído, de forma que el tacto, la vista y el oído entran en juego de una manera juguetona. Nos interesaba crear libros que dieran múltiples oportunidades de lectura en este sentido. Que dieran para mirar, para comparar, para jugar, para leer y para pensar. Y para disfrutar y reírse, claro, que también diríamos que está en la base de todo lo que hacemos”, explican.

En ese sentido, añaden, sus libros “para pararse a mirar” son una antesala del pensamiento filosófico, ya que como señala Elle Duthie “pararse a mirar u observar lleva con naturalidad a asombrarse, a preguntarse y a querer comprender mejor”.

Puedes seguir De mamas & de papas en Facebook, Twitter o suscribirte aquí a la Newsletter.

Se adhiere a los criterios de The Trust Project Más información >

Más información