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Cargos, votos y desgaste

Parece que todo aboca a la vía del desgaste mutuo hasta septiembre, algo que puede hacer aún más difícil la investidura

Pablo Iglesias e Irene Montero en el Congreso de los Diputados.
Pablo Iglesias e Irene Montero en el Congreso de los Diputados. EL PAÍS

Los partidos tienen un trilema clásico entre cargos, votos y políticas (públicas). Algo que desde 2019 se ha vuelto natural en España porque, por fin, los (no tan) nuevos partidos están entrando masivamente en Gobiernos de coalición. Los famosos sillones ya no tienen carga peyorativa.

Ostentar cargos tiene ventajas evidentes. Dan prestigio, poder, capacidad de hacer políticas y, por supuesto, de generar estructura para garantizar la supervivencia de un partido. Ahora bien, si Podemos y Ciudadanos no lo quisieron hacer antes era porque gobernar con PSOE o PP podía entrañar pérdidas electorales en el siguiente ciclo electoral. Es decir, que como reza el artículo clásico de Joan Font, en una coalición el pez grande se come al chico.

Aunque la evidencia es algo más mixta en España, y más cuando casi todos los peces son medianos, dos argumentos alimentan la tesis del desgaste del júnior. De un lado, que los socios pequeños tienen menos fuerza para cumplir sus promesas en el Gobierno frente a quien lo encabeza, restándoles además de la flexibilidad de estar fuera del gabinete. Del otro lado, que la atención pública tiende a centrarse en la figura del presidente, haciendo al socio júnior más difícil el visibilizar su labor. Por tanto, si el Gobierno no está diseñado para que los votantes identifiquen bien qué partido es responsable de qué carteras, entrar en coalición puede salir caro electoralmente.

Tiene sentido que, en este dilema, cuando no haya sorpasso a la vista, la que más pese sea la óptica interna. Es decir, que las direcciones opten por asegurar recursos a corto plazo frente a pérdidas electorales que dan por descontadas (o ven lejanas en el tiempo) y, por tanto, prefieran antes que nada puestos de Gobierno. Exactamente la lógica que impera hoy en la dirección de Unidas Podemos y a la que si el PSOE no da acomodo de alguna forma no sólo le privará de una investidura exitosa, sino también de una mayoría parlamentaria de trabajo. Las abstenciones del PP o Cs, improbables, no le permiten al PSOE aprobar presupuestos y leyes.

Sin embargo, parece que todo aboca a la vía del desgaste mutuo hasta septiembre, algo que puede hacer aún más difícil la investidura. Aumentará la desconfianza en los socios necesarios, se acerca a la sentencia del procés (que activará las elecciones catalanas y hará más rígida las posiciones de ERC y JxCat) e incluso podría terminar en elecciones. Unos comicios difíciles de justificar y en la que la abstención se dispararía, haciendo que las izquierdas acabaran perdiendo escaños pese a la subida del PSOE y PP. Y todo para que cuando se haya vuelto de votar esté el mismo dilema encima de la mesa, pero, eso sí, con una política más tocada y el uno por el otro la casa sin barrer.

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