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El origen de la fortuna de Jay Z

El rapero, que se ha convertido en el primer multimillonario del hip-hop, ha amasado su riqueza gracias a la producción de música y negocios en bebidas como el champán y el coñac

Jay Z, en un partido de la NBA, el miércoles.
Jay Z, en un partido de la NBA, el miércoles. AP

El pasado martes, Forbes publicó su lista anual de los más ricos y anunció que Jay Z se coronaba como el primer multimillonario del hip hop, una nueva categoría que hasta ahora la revista no había considerado en sus valoraciones económicas. Un dato que se puede considerar un auténtico éxito si se tiene en cuenta los orígenes del rapero pero que concuerda con su buen olfato para los negocios, que van más allá de la industria musical.

Según revela el diario británico Daily Mail, el esposo de Beyoncé creció en una familia desestructurada instalada bajo un halo de violencia y delincuencia en un barrio de Brooklyn. Su padre le abandonó por culpa de la droga, y murió apuñalado cuando el cantante solo tenía 11 años. Dos años después, Jay Z se ganaba la vida traficando con crack y cocaína y, en una pelea con su hermano mayor, le acabó disparando en un hombro.

Ha estado a punto de morir en varias ocasiones pero “siempre había un ángel vigilante”, dijo en una ocasión a Oprah Winfrey. Sin embargo, el pasado criminal de Carter no se limita a conflictos de drogas entre adolescentes. Según recuerda Daily Mail, en diciembre de 1999 apuñaló a un productor de discos en un club nocturno de Nueva York. Fue sentenciado a tres años de libertad condicional.

Un pasado del que el esposo de Beyoncé no está orgulloso pero del que tampoco se esconde. La vida de Shawn Carter, su verdadero nombre, parecía destinada al crimen y la cárcel, pero ahora es elegido como ejemplo entre los presidentes de gobiernos y señalado como un magnate en los negocios. La música, dice, lo ayudó a sobrevivir y fue una maestra de su escuela quien consiguió enderezar su camino al descubrir esa pasión.

El siempre emprendedor Jay Z comenzó a vender sus propios CDs y creó su propio sello discográfico para lanzar su primer álbum en 1996 después de que las grandes compañías lo rechazaran. Tenía 26 años y ahora, con 49, se ha convertido en uno de los artistas más vendidos de todos los tiempos. Forbes estima que su trabajo musical cuenta le reporta unos 67 millones de euros de su fortuna.

Consciente de que su nombre tiene un enorme peso en el terreno empresarial, el rapero ha sabido apuntar correctamente a sus proyectos. Ha producido películas y videojuegos, ha lanzado su propia línea de ropa y de fragancias, ha diseñado relojes y es propietario parcial del equipo de la NBA, los Brooklyn Nets, por el que pagó casi cuatro millones de euros.

Pero su activo comercial más valioso, mucho más que su música, es la casa de champán Armand de Brignac que compró en 2014. Sus distintivas botellas de color dorado con el logotipo de Ace of Spades (el as de picas en la baraja de cartas francesa) están hechas a medida para los raperos. Una botella ordinaria se vende por 265 euros, pero una botella gigante de 30 litros se puede vender por más de 180.000. Según Forbes, la participación de Jay Z en la casa de champán tiene un valor de 275 millones de euros. A lo que hay que sumarle, además, los 90 millones de euros en los que se valora su parte del negocio en la casa de coñac D'Usse.

Forbes pone el mismo valor a su servicio de música en streaming, Tidal. Otras joyas en el imperio Jay-Z incluyen la compañía discográfica Roc Nation (con un valor de 66 millones de euros según la misma publicación) y una colección de arte valorada en 61 millones y que incluyen obras de Jean-Michel Basquiat. Su patrimonio también incluye casi 200 millones en efectivo e inversiones que incluyen una participación en Uber por un valor estimado de otros 60 millones de euros.

El músico tampoco se queda atrás en cuanto al sector inmobiliario. Después del nacimiento en 2017 de los mellizos Rumi y Sir, hermanos de la mayor, Blue Ivy, de siete años —los tres con sus nombres registrados para evitar su comercialización— , Jay-Z y Beyoncé no tenían suficiente con el ático que poseen en el rico barrio de Tribeca en Manhattan, y decidieron compraron otras casas. Ejemplo de ello es la mansión junto a la playa que adquirieron por 22 millones de euros a las afueras de Nueva York, en The Hamptons, y una finca en la reputada urbanización de Bel Air, en Los Ángeles, que les costó casi 80 millones. Esta última, construida por la misma compañía que renovó el hotel de Claridge en Londres, posee ocho habitaciones, cuatro piscinas y cristales a prueba de balas. Además, la pareja gastó 438.000 euros en un lujoso vivero que incluía un lujoso sistema de hilo musical.

Sin embargo, no es oro todo lo que reluce en la pareja. Aunque hasta el mismísimo Barack Obama ha elogiado a Jay-Z y Beyoncé como grandes modelos a seguir para los jóvenes afroamericanos, la reputación del rapero se vio perjudicada en 2014, después de que se hiciera público un vídeo en el que se peleaba en un ascensor con Solange, la hermana de Beyoncé. En su momento se dijo que su cuñada le estaba echando en cara que le hubiera sido infiel a su hermana, algo que desmintió en ese momento. Dos años más tarde, Beyonce hizo referencia a dicha infidelidad en una de sus canciones y, el año pasado, el propio Jay Z lo admitía afirmando que estaba yendo a terapia para trabajar en su matrimonio.

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