Selecciona Edición
Selecciona Edición
Tamaño letra

Teresa Perales: “Mi historia tiene mucho que ver con ser maña. Soy tenaz hasta la médula”

TERESA PERALES vive en la tierra, pero si pudiera lo haría bajo el agua. Al menos eso parece viendo cómo se queda ensimismada frente a los arapaimas y tortugas del acuario de Zaragoza, su ciudad natal. Aquí ha buceado “unas cuantas veces” y aquí acude muchos fines de semana con su hijo o con visitas, orgullosa de tener a pocos minutos de su casa un acuario fluvial único en España. “Soy un pececito auténtico y me siento muy identificada”, se justifica. El diminutivo se queda corto para definir a alguien cuyo palmarés como nadadora incluye 85 medallas, 26 de ellas paralímpicas.

“Me gusta mucho entrenar con la handbike por la ribera del Ebro”.
“Me gusta mucho entrenar con la handbike por la ribera del Ebro”.

La tenacidad y la fortaleza de Perales encuentra su máxima representación en un monumento de su barrio de siempre. La puerta del Carmen es el único antiguo acceso a la ciudad que queda en pie de los 12 que hubo, después de resistir guerras y accidentes. Un vestigio histórico que se ha convertido en símbolo del carácter maño y, en parte también, del relato de la propia nadadora. Con 19 años, una neuropatía le arrebató la movilidad en las piernas y, lejos de venirse abajo, hizo del agua un medio en el que moverse en libertad.

Bajo el puente de piedra, el Ebro puede tocarse con la mano. Desde ese punto de la margen izquierda se revela una instantánea poco habitual de la basílica del Pilar, que forma parte del paisaje cotidiano de la deportista. La ribera le sirve como pista de entrenamiento cuando sale con la handbike. Hoy baja hasta la orilla deslizándose con la silla de ruedas por las rampas del paseo. “Cuando iba a la universidad tenía que ir por la calzada. Por cada acera rebajada había cuatro con bordillo. Eso hace mucho tiempo que cambió”, afirma, aunque reconoce la escasez de aparcamientos para personas con movilidad reducida.

En la plaza del Pilar, Perales daba de comer a las palomas cuando era pequeña.
En la plaza del Pilar, Perales daba de comer a las palomas cuando era pequeña.

Acostumbrada a la presión de la alta competición, a la deportista nunca le ha temblado tanto el cuerpo como cuando se asomó al balcón del Ayuntamiento, en la plaza del Pilar, para pronunciar el pregón de las fiestas patronales. “Decir ¡viva la Virgen del Pilar! y que casi medio millón de personas te respondan ¡viva! es una sensación increíble. Me paso la vida mirando hacia arriba a la gente y aquella vez fue al contrario”.

Comienza a chispear. Algo raro en una ciudad en la que el cierzo no perdona ni a las nubes. Perales enfila la calle de Pabostria. Quiere mostrarnos que, de vez en cuando, Zaragoza aún la sorprende y sus lugares cotidianos se transforman en especiales. “Del arco del Deán, la leyenda cuenta que un prior quiso construir un arco para poder moverse sin tener que mezclarse con el pueblo, pero como no le daban permiso, hizo un pacto con el diablo. Lucifer se lo concedió a cambio de que todas las almas que pasaran por debajo fueran para él”. ¿Y cuántas veces ha pasado? “Cientos”.

“Tengo la medalla de Defensora y Heroína de los Sitios de Zaragoza”. La puerta del Carmen es uno de sus símbolos.
“Tengo la medalla de Defensora y Heroína de los Sitios de Zaragoza”. La puerta del Carmen es uno de sus símbolos.

Más información