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Barcelona, el talismán de Blondie

Ivana Garrido, de 25 años, no anda por las calles de Barcelona, las fulmina. Su paso acelerado pulveriza las distancias entre la Rambla y el Macba; el Poble Sec y lo alto de los jardines del Grec. Al ritmo de Blondie, su nombre como cantante de trap, la ciudad se vuelve pequeña. Y esa es su impresión. “Me gusta Barcelona porque está todo cerca”. Sorprende escuchar el comentario de alguien que nació y se crio en Berga, un municipio catalán de 16.000 habitantes.

La plaza del Macba es el sitio ideal para “tomar una cerveza y desconectar”.
La plaza del Macba es el sitio ideal para “tomar una cerveza y desconectar”.

Antes de que su mundo se condensara en El Raval, la cantante se movía por las calles del Poble Sec. En un extremo de este barrio popular se ubica el Teatre Grec, uno de los primeros lugares que descubrió hace cinco años, cuando llegó a Barcelona para estudiar un grado en marketing y publicidad. “Básicamente venía aquí a fumar y a pasar la tarde”, recuerda Garrido. Con el Ensanche de fondo, la ciudad parece más ordenada desde lo alto.

La Barcelona de Blondie se encuentra también bajo tierra, la que se extiende a lo largo del metro. “Me paso la vida en él”. De Col Blanc, donde vive desde hace unos meses, a plaza de Catalunya, en cuyos alrededores trabaja como dependienta de un comercio; o a Besòs, donde se encuentra el estudio de grabación. En los trayectos, la música y los gestos en actitud chulesca frente al móvil sirven como distracción. Próxima parada: Catalunya.

“En los jardines del Grec hacíamos un montón de fotos. Es un sitio muy bonito desde el que se ve Barcelona”.
“En los jardines del Grec hacíamos un montón de fotos. Es un sitio muy bonito desde el que se ve Barcelona”.

Rambla abajo, las terrazas atestadas de turistas bebiendo jarras de sangría dificultan el paso. “Bienvenidos a Barcelona”, dice Garrido con sorna. A los pocos metros, gira a mano izquierda para entrar en el lugar donde se reunía con sus amigos antes de ir de fiesta: la plaza Real. Habla en pasado porque, repite, “ahora el rollo es otro” y ya no sale “tanto”. Atrás dejó las noches en el Boulevard y en el Jamboree.

Pasadas las diez de la noche, el hambre se mata con una porción de pizza a los pies del Macba, el Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona. En la plaza dels Àngels, el zumbido de los monopatines no cesa y los vendedores ambulantes de bebidas buscan negocio. “Aquí venimos cuando queremos estar de guay y a veces nos quedamos hasta que nos echa la policía”, explica. Garrido ya no paga por entrar a discotecas y solo se deja ver algún viernes por Razzmatazz. Por la noche, cuando quiere “hacer todo y no hacer nada”, elige sitios como el Nevermind de Carrer dels Tallers.

Blondie sabe que ahora la cultura urbana se mueve, principalmente, en Madrid. La “movida 2.0” la llaman sus amigos. Pero, por el momento, no se plantea mudarse. “No encontraría otro sitio igual. Tiene mar, tiene montaña, gente de todo el mundo…, es una ciudad donde te sientes libre. Muchas de las cosas que he cantado las he vivido aquí. Es mi hogar y me gusta”, defiende. “Barcelona me ha traído suerte”.

Blondie: “El Nevermind me parece lo más por tener una pista de skate dentro”.
Blondie: “El Nevermind me parece lo más por tener una pista de skate dentro”.

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