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La foto

He tenido la suerte de conocer a casi todos los que ese día se citaron para celebrar que Rafael Sánchez Ferlosio se había casado con Demetria Chamorro

Rafael Sánchez Ferlosio (cuarto por la izquierda) durante la celebración de su boda en 1986.
Rafael Sánchez Ferlosio (cuarto por la izquierda) durante la celebración de su boda en 1986.

Mira que pasaron cosas ese día, un 1 de abril. Sobre todo, cosas de muertos. Sin contar a los desconocidos, claro. Pero de famosos la cosa anduvo colmada, aunque solo fuera porque le llegó el momento a Rafael Sánchez Ferlosio. Eso sí, a los 91 años, que es una buena edad para morir, si es que la hay, por tardía. Mejor habría sido a los 101, pero tampoco sabemos lo que opinaba el afectado al respecto.

El día 2 salía en EL PAÍS una foto de las que dan escalofríos, imagino que administrada por esa mujer de sonrisa imperecedera que se llama Natalia Rodríguez. Es de una mesa repleta de comensales en la que el primero por la derecha es Javier Pradera y el primero por la izquierda es Juan Benet. Y quiera uno que no, la cabeza se le va contando a los que nos faltan en la vida real, que son casi todos, la mujer de la estupenda sonrisa y pocos —muy pocos— más.

He tenido la suerte de conocer a casi todos los que ese día se citaron para celebrar que Rafael Sánchez Ferlosio se había casado con Demetria Chamorro. Y he visto a Rafael ejercer de padre-abuelo en casa de Francisco Pereña, mirando a su niña con los ojos que nunca puso a sus trabajos, que todos admirábamos menos él. No se miraba el ombligo. O sea, que lo he visto casi todo, aunque sea superficialmente en algunos casos, de lo que los catalanes hablan con pasión llamándole “la cultura madrileña” de los años ochenta y noventa del siglo pasado.

Rafael decía la verdad de lo que sentía por sus textos. Y la verdad que solía resultar más escandalosa era la referida a su novela El Jarama. No le gustaba nada, y yo creo que con razón. Pero resulta curioso comprobar cómo muchos que éramos jóvenes en aquellos momentos nos quedamos colgados con esa novela y con su autor. Algo debía de tener en su interior que enamoraba. Esos personajes tan cutres, como de Marsé, hablando de manera tan impostada. Pero algo tenía que haber.

Rafael Sánchez Ferlosio escribía oscuridades, de forma que sus lectores gozamos descifrando su prosa hasta encontrar luces al final del trabajo. Todo lo contrario de la complicada prosa de un D’Ors que entusiasma a los fascistas porque pretendía fingir que decía algo.

Rafael nos deja luces. Y Natalia, una foto. Gracias.

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