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No soy perfecta

Para mí, el lenguaje inclusivo no es imprescindible, ni la prohibición de los piropos, ni la censura o veto de productos culturales por supuesto sexismo

Concentración del pasado 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, en la puerta del Sol de Madrid.
Concentración del pasado 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, en la puerta del Sol de Madrid.

Este año he dudado si hacer o no la huelga feminista y, de hecho, voy a hacerla no tanto porque quiera, sino porque puedo, y porque me sentiría peor trabajando cuando mis compañeras han decidido secundarla por mayoría. Claro que hay motivos, y seguirá habiéndolos mientras haya una asesinada por violencia machista, una diferencia de salario y oportunidades basada en el género, o un baboso que no acepta un no por respuesta. Otra cosa es que una huelga anual que solo podemos permitirnos algunas me parezca el modo de denunciarlos y pedir igualdad efectiva. Ni todas las mujeres pensamos lo mismo, ni todos los hombres, ni todas las feministas. Ni somos un rebaño ni queremos serlo. Para mí, el lenguaje inclusivo no es imprescindible, ni la prohibición de los piropos, ni la censura o veto de productos culturales por supuesto sexismo. Pero igual que no renuncio a expresar mis diferencias sobre lo accesorio, tampoco acepto lecciones sobre lo fundamental: exigir la igualdad real en todos los campos.

En días en que se acota el feminismo entre bueno o malo, liberal o radical, amable o furioso, opino que no necesita ningún apellido. Pero también que no hace falta haber leído a santa Virginia Woolf, ni estudiado los orígenes del patriarcado, ni abjurar de Maluma, para pasar ningún análisis de limpieza de sangre feminista. Están lloviendo feministas súbitos que quieren nuestro voto. Ellos, que son tan de reconquistar España, han de saber que no cederemos un milímetro de terreno conquistado. Dicen que nada erotiza más a ciertos señores que ver mujeres luchando en el barro. Ya están estas tirándose del moño, piensan, mientras aspiran a seguir manejando el cotarro. Conmigo que no cuenten. Voy a la huelga. Ahora, igual aprovecho para asfaltarme las canas. Mi peluquera va a abrir de todos modos y así voy a la manifestación peinada. ¿Contradicciones? Todas. Nadie es perfecta.

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