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“De mujer a mujer, deberíamos preguntarnos quién cose nuestra ropa y cómo”

Cara Smyth es la fundadora del Fair Fashion Center de Nueva York y siente que el sector textil es responsable de incumplir los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible

La fundadora del Fair Fashion Center, Cara Smyth, en Venecia. ALCANTARA

“Me siento responsable de incumplir todos los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Uno a uno. Todos ellos, todos, están relacionados con la industria de la moda y con el futuro. Desde los microplásticos en el mar, hasta las malas condiciones de trabajo o verter productos químicos al agua”, dice con una claridad exacerbada Cara Smyth (Nueva York, 1967), fundadora del Fair Fashion Center (FFC), del Centro de Moda Justa, surgido del Glasgow Caledonian New York Collegue, del que es vicepresidenta.  Creó el centro en 2013 para ofrecer asesoramiento sobre sostenibilidad a la industria y a los inversores del sector textil y ya están involucradas más de 240 marcas de ropa en la entidad. Este abril lanza también el proyecto NOCO2, para la eliminación del dióxido de carbono en este ámbito con una iniciativa que pretende proveer de energía renovable a las empresas y a la vez apoyar proyectos sociales. "La moda contribuye con un 10% de las emisiones globales de carbono y con un 20% de gasto de agua industrial", señala en la V edición del simposio internacional Clima “Cómo”: Cómo implicar a la sociedad e implementar la descarbonización, un evento organizado en Venecia por la Universidad Internacional de Venecia y Alcantara —una empresa italiana productora de un material textil—.

Pregunta. ¿Cuáles son las peculiaridades de la industria textil en relación con el cambio climático?

Respuesta. Muchísimas, pero básicamente se resumen en tres. La agricultura y la conversión de las materias primas en materiales, el cuero de las vacas, la cachemira, el algodón… En segundo lugar está la fabricación de las prendas, su aspecto social, su lavado, o la costura, que está desarrollada en el 75% por mujeres en la cadena de suministro. Y en tercera posición los desechos, el empaquetamiento, las bolsas, las etiquetas… Lo que sobra al final de la temporada, ya sea por parte de las tiendas como de los clientes. Hay gente que se compra la ropa y piensa: "¿Qué mas da? Esto vale 10 dólares, me lo pongo una vez y ya está".

P. ¿Es más difícil concienciar a las empresas o a los consumidores?

R. A los consumidores, 100%. Tú sabes que si estás comprando un pantalón por 4,99 dólares no es una compra moral. Con tu dolar haces una elección, cada dólar tiene un impacto, y tú decides dónde ponerlo con tu gasto. Ese precio tan bajo incluye el tejido, los botones, el empaquetamiento, las bolsas, las etiquetas, el transporte, todo. Los consumidores tienen que demandar un sistema más justo, más sostenible, y para ello la sostenibilidad tiene que venderse con un rostro atractivo, cool, interesante. En el ocupado mundo desarrollado, la gente está muy liada, saturada de obligaciones y la gente se resiste a sentirse mal.

Tú sabes que si estás comprando un pantalón por 4,99 dólares no es una compra moral. Con tu dolar haces una elección, cada dólar tiene un impacto

P. ¿Y cómo hacerlo?

R. Los clientes necesitan imágenes potentes vinculadas a la sostenibilidad, no de pena o de catástrofe. Tienen que ser escenas de esperanza, bonitas, de otra manera será duro conseguir que les preocupe el cambio climático o los derechos sociales. Y por otro lado, también hay que generar plataformas para que los ciudadanos concienciados puedan demostrar sus intenciones cuando compran, que el mensaje llegue a las empresas, que los clientes puedan interactuar de una forma concreta para exponer sus ideas.

P. Igual si se concienciaran los directivos de las empresas para que gestionaran y elaboraran de forma responsable su personal y sus productos, se resolvería la cuestión de raíz, quizás con menos ambición...

R. Eso también es difícil. Las empresas necesitan ayudas. Los trabajadores van a querer seguir cobrando la misma pensión porque quieren su dinero y ya está. Si no se consigue que les importe el impacto en el medio ambiente o cómo se cose la ropa, los directores tienen más complicado cambiar su gestión. Por eso es importante también que la conciencia venga desde abajo. Necesitamos a los clientes. Somos todos responsables.

P. Porque ya hay suficiente ropa en el mundo...

R. Debe haber ropa suficiente en el mundo como para que todos estemos vestidos. Es como la comida, que se derrocha más de la que se consume. La pregunta es si está yendo la ropa a dónde debería, aunque también hay que hacer una distribución sensible de las prendas para no perjudicar a las economías locales. También todos podríamos comprar un poquito menos. 

P.  ¿Qué podría hacer la industria?

R. La industria tiene una imagen muy negativa, pero es un poder respecto al empleo también. Por ejemplo, se tiene que recapacitar respecto al diseño de las prendas. Se debería de estudiar en detalle lo que le gusta a la gente, lo que se pone, lo que se compra, las texturas, los colores y así hacer mejores predicciones y producir menos. También innovar en el reciclaje, como reutilizar hilo de una prenda antigua y mezclarlo con uno nuevo para que quede un buen producto... También es importante que la agricultura sea más rentable y para esto hay que ayudar con decisión a un sector que cambia con dificultad.  

P. Se detiene también en el aspecto del género...

R. Sí, es importante. Tenemos que sentirnos como hermanas. Es mi obligación como mujer, como emprendedora, saber cómo están las que trabajan en la cadena de producción. De mujer a mujer, deberíamos preguntarnos quién cose nuestra ropa y cómo. No siempre se cumplen condiciones dignas en este sector.

P. Está a punto de lanzar el proyecto NOCO2.

R. Sí, hay que reducir el dióxido de carbono en el planeta cuanto antes. Vamos a proveer a empresas de placas solares como primera inversión en determinados lugares, y que la energía se pueda pagar al mismo precio que la contaminante, pero ya quedará ahí con un impacto colectivo. La población local participará en la instalación, y queremos que se beneficien las mujeres con ello, invertir en su educación es invertir en salud y resiliencia.

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