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LA VIDA POR AQUÍ

“Eres una payasa, una bruja, un hada”

El repleto día a día de unas maestras vocacionales en un colegio público de primaria del centro de Madrid

Paz, a la izquierda, y Marian, con sus alumnas del Colegio Público Nuestra Señora de la Paloma de Madrid.
Paz, a la izquierda, y Marian, con sus alumnas del Colegio Público Nuestra Señora de la Paloma de Madrid.

En esta sala de máquinas de la vida hay unos locos bajitos, sentados en sillas de treinta centímetros de alto a los que maestras entusiastas del ingenio educan para vivir. Uno de esos chicos le dijo hace 10 años a Paz Martín Mediero, maestra de primaria en el Colegio Público Nuestra Señora de la Paloma, de La Latina, en Madrid:

-"Eres una payasa, una bruja y un hada".

El chico se llamaba Pablo y ahora debe andar por los 16. Entonces se sentaba en esas butacas enanas sobre las que ellas se inclinan, cada día, "para hacer tontadas, para negarles sus deseos o para otorgárselos". Por eso Pablo le dijo a Paz que era, sucesivamente, "una payasa, una bruja y", como él decía, "una hada".

Los chicos ya se fueron, son las cinco de la tarde y ellas recogen ilusiones y lápices. Marian Hernández Tamayo se va a jubilar ("¡ya tengo sesenta años, y el cuerpo se cansa!"), Paz seguirá en estas aulas y Belén Domínguez, la directora, dice: "¡La gente cree que todo el mundo sirve para ser maestro!".

"Nuestra vida es con los niños, la comida es con los niños, y las payasadas son para los niños". Son "las mamás del colegio"; eso las hace competir con las otras mamás, que no siempre entienden que las educadoras son las maestras.

Ya no se puede decir que pasan hambre los maestros de escuela, ellas tampoco. Eso fue, dicen el historiador Santos Juliá y el maestro Juan Francisco Cerezo, en el siglo XIX, cuando tenían que vivir de la caridad o de la Iglesia. Cerezo tiene en Segovia un museo que ilustra esa historia. Ahora España tiene los salarios del maestro por encima de la media europea. Los que ganan más son los alemanes, los suizos y los luxemburgueses. "Ahora los maestros y los médicos están en lo alto de la confianza de la sociedad. Pero no invierte en medios necesarios para mejorar su formación".

Cristian García, 24 años, premio Nacional por su Examen de Grado, estudió Magisterio en Ávila y Salamanca. No sabe ni el sueldo que cobrará. "Preferiría saber que la sociedad deja de pensar que el maestro únicamente pinta y colorea" y que deje de ser fácil entrar en la carrera. Justo Bolekia, reputado pedagogo guineano al que aquí quiere todo el mundo y que dejó su tierra por la persecución de Obiang, añora la Educación para la Ciudadanía: "El maestro se enfrenta al sistema político, a los medios de comunicación, a las películas que los chicos ven en casa. Esos chavales están torpedeados por siete u ocho lados". "Es muy difícil educar cuando, fuera de clase, los chicos están educados para mirar al maestro como si no fuera nadie...".

Emilio Lledó, maestro de generaciones, que ama a su primer maestro como Albert Camus quiso al suyo, define lo que hacen estas hadas, brujas y payasos: "Igual que se cultiva la tierra el maestro cultiva las mentes. Lo que hace es impedir que caigan en esas mentes semillas estériles que no den ni libertad ni posibilidad".

A las cinco de la tarde un grupo de padres esperan a sus hijos ante el colegio de La Latina. El sonido es el de una máquina humana al que dan sentido y futuro los gritos de júbilo de estos locos bajitos que se despiden hasta mañana de las hadas, las brujas y las payasas.

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