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¿Es verde el futuro de la izquierda española?

La existencia de un partido consolidado electoralmente como Podemos, todavía exitoso entre aquellos votantes que en otros países apuestan por los verdes, supone un impedimento

Juan López de Uralde, líder de EQUO en 2016
Juan López de Uralde, líder de EQUO en 2016

En medio del actual ruido mediático en torno al crecimiento de los partidos de derecha radical, algunos analistas han llamado la atención sobre el buen resultado que los partidos verdes – en el polo opuesto del espectro político – vienen cosechando en distintos países europeos. Ahora que Vox ha entrado con fuerza en la política española, ¿sería posible la emergencia de un partido verde en nuestro país?

Históricamente, estos partidos han estado más presentes en el norte de Europa, donde desde finales de los setenta las cuestiones posmateriales como el ecologismo o la emancipación de la mujer han formado parte del debate público. Ello propició una ventana de oportunidad para la formación de partidos con este tipo de demandas, nacidas como resultado del proceso de secularización y el aumento de los niveles de vida que se produjo en la Europa democrática en las décadas de la posguerra.

En cambio, en el sur de Europa la presencia de estos partidos es más testimonial. En estos países los partidos verdes suelen integrarse dentro de coaliciones con partidos de izquierda radical o poscomunistas, como es el caso de Equo y Podemos o la coalición electoral de los ecologistas portugueses con los comunistas (PCP–PEV). El hecho de que las transformaciones políticas y socioeconómicas que tuvieron lugar en el norte de Europa no tuvieran lugar en España o Portugal, gobernadas entonces por dictaduras, explica parcialmente la escasa fortaleza de los partidos verdes en el sur de Europa.

Esta evolución histórica está probablemente detrás de la unidimensionalidad que caracteriza la competición política en España donde, a diferencia de otros países, las cuestiones posmateriales no han constituido tradicionalmente una dimensión independiente de las cuestiones económicas. Sin embargo, la popularidad del movimiento feminista en España y la confirmación de Vox como una opción política viable pueden interpretarse como ejemplos de la incipiente politización de la dimensión cultural. Un partido verde en España podría situarse en el polo opuesto a Vox dentro de esta dimensión, como ha sucedido con los Verdes en Alemania respecto a la derecha radical. Además, este tipo de fuerzas son particularmente exitosas en países descentralizados, utilizando las elecciones regionales para ganar credibilidad antes de saltar a la arena nacional, tal y como muestra un estudio reciente de Grant y Tilley. ¿Podría ser este el caso de la recientemente anunciada alianza entre Iñigo Errejón con Manuela Carmena en la Comunidad de Madrid?

Más allá de las diferencias estratégicas y/o ideológicas, la decisión de Errejón refleja la incompatibilidad de las dos almas de Podemos. La primera, liderada por Iglesias, más aferrada en fondo y forma a los postulados de la izquierda poscomunista y la segunda, encabezada por Errejón, más posmoderna y potencialmente con mayor atractivo electoral entre las clases medias urbanas y educadas –caladero habitual de los partidos verdes europeos– con preferencias ideológicas más centradas. Una posibilidad es que en este segundo grupo se encuentre el germen de lo que podría ser una nueva plataforma política equiparable a los partidos verdes europeos y más ideológicamente permeable que el actual Podemos.

En cambio, otros elementos invitan a llamar a la cautela. En primer lugar, la existencia de un partido consolidado electoralmente como Podemos, todavía exitoso entre aquellos votantes que en otros países apuestan por los verdes, supone un impedimento. Además, un PSOE que resiste –en comparación con los socialdemócratas en Alemania u Holanda, dos países con partidos verdes en auge–, está gobernando y lucha por recuperar el voto joven y urbano puede dificultar el surgimiento de una nueva propuesta política verde en España. Por último, la trayectoria ideológica de Errejón, más vinculada a la experiencia latinoamericana que a la izquierda verde europea, siembra dudas razonables sobre la posibilidad de sea él quien lidere un nuevo proyecto político situado en las mismas coordenadas que los verdes europeos.

Luis Cornago es analista de riesgo político en la consultora Teneo en Londres. Becario de “la Caixa”.

Este artículo ha sido elaborado por Agenda Pública, para EL PAÍS

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