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El nuevo Frankenstein está a la derecha y da más miedo

No sabíamos que los hombres, niños y ancianos víctimas de violencia en su casa estaban desatendidos, pero Vox y el PP nos han abierto los ojos

Boris Karloff en 'Frankenstein' (1931).
Boris Karloff en 'Frankenstein' (1931).

No sabíamos que los hombres, niños y ancianos víctimas de la violencia en sus casas a manos de su familia estuvieran desatendidos. Acaso las ambulancias no les recogen cuando lo necesitan o los jueces dan carpetazo a sus denuncias mientras los medios ni nos enteramos. Pero el líder de Vox nos acaba de abrir los ojos, ¡gracias!, aplaudiendo que se quiera atender por fin “a todas las víctimas” y socorrido por un PP tan reblandecido que le ha puesto sus mejores ojitos a la ultraderecha a la que no sabemos si quiere seducir o alimentar.

Porque el neoconverso Pablo Casado también acaba de descubrir la verdad revelada y ha salido en defensa de los “niños y ancianos varones” víctimas. “Todas deben estar protegidas”. ¡Paren las rotativas! ¡Incluso el BOE! ¿Desconocen tal vez nuestros líderes que los artículos 153 y 173 del Código Penal castigan la violencia intrafamiliar? ¿Creían acaso que si un nieto mata a su abuelo queda impune, mientras que si el mismo nieto mata a un tendero vecino, tal vez abuelo de otro nieto, pero no suyo, entonces sí será severamente juzgado? No nos hagan reír. Esos crímenes se juzgan bajo su propia definición y sumaron 6.909 víctimas con procesos abiertos en 2017, la inmensa mayoría entre personas con vínculos familiares, pero no de pareja, como cuenta en este periódico Isabel Valdés.

La violencia de género es el término asumido desde 1995 por la comunidad internacional en la Conferencia de Pekín, consolidado por la ONU, asumido en la legislación española en 2004 y legitimado por el sacrosanto Tribunal Constitucional en 2008 para proteger a las mujeres histórica y muy comúnmente víctimas de una violencia basada en la cultura de dominio del hombre sobre ellas. La esposa o novia como propiedad, la pareja como extensión de la voluntad masculina, han justificado una legislación discriminatoria, sí, pero necesariamente discriminatoria. Por la propia naturaleza del crimen. No se relaje Casado. La misma maniobra que puede facilitar al PP gobernar Andalucía le puede ahorcar a nivel nacional, como la maniobra que facilitó al PSOE su llegada a Moncloa le ahoga cada día. Usando la nomenclatura rubalcabiana sobre el Frankenstein que podían formar PSOE e independentistas, el nuevo Frankenstein está a la derecha y, en la medida en que afecta a los valores de nuestra democracia, da mucho más miedo.

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