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Deuda vulnerable

Por primera vez los pasivos de España frente al resto del mundo superaban a final de septiembre los dos billones de euros, el 167,5% del PIB

Bolsa de Nueva York.
Bolsa de Nueva York. REUTERS

La deuda de la economía española sigue siendo elevada. A pesar del desapalancamiento que han llevado a cabo las empresas y las familias en los últimos años, el conjunto de las administraciones públicas ha registrado importantes incrementos en las suyas desde el inicio de la crisis. Una proporción muy elevada de esa deuda es con el resto del mundo, sus prestamistas son inversores internacionales. Por primera vez los pasivos de España frente al resto del mundo superaban a final de septiembre los dos billones de euros, el 167,5% del PIB. Se trata de unas obligaciones que superan en más de un 84% a los activos que tienen los españoles frente al exterior, una cuantía muy superior a la de economías avanzadas y al 35% que la UE considera un “desequilibrio excesivo”.

La consecuencia más inmediata es la exigencia de transferir rentas, pagos por intereses y refinanciación del principal, al exterior. Ello se hace más difícil si la balanza de pagos no mantiene un saldo suficientemente positivo. Las exportaciones se están desacelerando mientras que las importaciones ascienden. Los tipos de interés aplicados a la deuda pública dejarán de mantener el nivel históricamente bajo gracias a las compras del BCE, que finalizan al final de este año.

La vulnerabilidad a perturbaciones financieras internacionales o al aumento del riesgo que perciban los inversores internacionales en nuestra economía pasa a ser significativamente más elevada. La única vía para reducir esa dependencia es generar capacidad de financiación, aumentar el ahorro interno, retornar a superávits en la balanza de pagos. Y ello significa fortalecimiento de la competitividad de nuestras empresas, aumentos en su productividad: hacer mejor las cosas, diferenciando nuestras producciones e intensificando el valor añadido de las exportaciones. La otra condición necesaria es no incorporar riesgos adicionales, como los derivados de la inestabilidad política, que pudieran poner en entredicho el cumplimiento de esas elevadas obligaciones financieras con el exterior.

 

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