Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

Paladar inteligente

Paladar inteligente

¿Cómo afectará el avance de la inteligencia artificial a nuestro cerebro? Quizá deberíamos usar las oportunidades que nos brinde para caminar por rutas que nos descubran opciones nuevas, también en la cocina

Mientras la inteligencia ar­tificial avanza exponencialmente, según las últimas mediciones el cerebro humano ha mermado 100 gramos en los últimos 30.000 años, lo que vendría a ser alrededor de un 10% de su volumen. Por un lado, la reducción parece estar relacionada con la disminución de una corpulencia que era necesaria para sobrevivir en un entorno hostil. Por otro lado, parece constatado el hecho de que el tamaño del cerebro disminuye cuando la densidad de población se incrementa y el entorno social se vuelve más complejo, principalmente porque la cooperación permite que los individuos no requieran de unas habilidades extraordinarias para sobrevivir, puesto que unos nos apoyamos en los otros. No se asusten: según los expertos, no hay correlación entre el tamaño del cerebro y el cociente intelectual, aunque sí entre la riqueza y la variedad en las interacciones entre individuos que, todo indica, permiten el desarrollo de formas de inteligencia más sofisticadas.

El contrasentido viene del hecho de que todo ese conocimiento surgido de la complejidad revierte a la sociedad en forma de simplificación. Hoy día tenemos quien nos cocine, administre, sugiera y controle nuestra alimentación. Existen guías que puntúan vinos del 1 al 100, restaurantes del 1 al 3 o clasificaciones del 1 al 50 que nos evitan tener que explorar si no lo deseamos. También aplicaciones que nos proponen opciones para comer allí donde estemos, y todo ello bien masticado para digerirlo sin ardor mental. Ya no es necesario, como sucedía hace algunos años, memorizar números de teléfono de restaurantes, nombres de calles, rutas o fechas señaladas. Los dispositivos móviles incorporan cámaras de gran calidad que inmortalizan los platos que nos complacen, pantallas con más definición de la que somos capaces de captar, GPS y sensores de huella digital que controlan dónde estamos y velan para que nuestra identidad no sea suplantada. Ahora las computadoras de bolsillo nos anticipan el clima que va a hacer, nos recuerdan el cumpleaños de un compañero de trabajo o el tiempo necesario para llegar al almuerzo, atendiendo al tráfico existente.

Se han transformado en un medio de pago, en llave, en el canal más utilizado para conocer qué sucede en el mundo, en el organizador de las tareas del día, ayudándonos a relacionarnos con amigos, organizar viajes y ver documentales o series de cocina. Y rodeados como estamos de pequeñas redes que conectan unos objetos con otros, en nada los vehículos ­conducirán de manera autónoma y podremos desplazarnos en drones monovolumen hasta casa, mientras unos brazos articulados con la facultad de replicar los movimientos humanos nos tendrán preparada la cena. Integrando tecnologías diferentes, el Internet de las cosas va a permitir que podamos controlar todo de forma sencilla mediante nuestra voz. Pero quizá lo más sorprendente sea que a través del rastro que dejan nuestras acciones en la Red no habrá que decirle al móvil qué tiene que hacer: él se anticipará a nuestras necesidades y, lo que es más asombroso, a nuestras emociones.

Y la cuestión pasa por preguntarse cómo transformará todo esto nuestras vidas y nuestros cerebros. Quizá deberíamos aprovechar esta autopista de oportunidades que nos brinda la tecnología para algo más que engalanar la realidad… ¿Por qué no?, para caminar por rutas no transitadas que, aunque incomoden, nos descubran opciones nuevas. Usemos la información no para concentrar e incidir, sino para ampliar y hacer de la diversidad una opción de placer. De lo contrario, nuestro futuro feliz de bocados agradables y atractivos, cómodos y confortables quizá no merme el volumen de nuestro cerebro, pero sí la opción de alcanzar un paladar inteligente.

Ensalada de champiñones y olivada

Paladar inteligente

INGREDIENTES
(para cuatro personas)

La olivada: 100 gramos de aceitunas negras deshuesadas, 1 diente de ajo, 1 cucharadita de orégano, 20 mililitros de zumo de limón, 50 gramos de aceite de oliva, sal gorda. Los gajos de naranja: 1 naranja. Los champiñones: 200 gramos de champiñones.

Elaboración

1. La olivada:
– Triturar todos los ingredientes en un vaso triturador o con un brazo mecánico y reservar.
2. Los gajos de naranja:
– Pelar la naranja y cortar los gajos con cuidado de no dejar nada
de albedo. El albedo es la parte blanca de los cítricos y puede amargar. Una vez que tengamos los gajos, cortar cada uno en cuatro partes y reservar.
3. Los champiñones:
– Con una mandolina, cortar los champiñones en láminas muy finas, de alrededor de 2 milímetros de grosor. Reservar.

Acabado y presentación
– Disponer una cucharada de olivada y servir los gajos de naranja encima. Acabar con los champiñones laminados, un poco de sal gorda y perejil picado.