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OPINIÓN i

Cómo construir viviendas para 500 millones de personas y hacerlo bien

La población urbana en Latinoamérica ha crecido a un ritmo sin precedentes en el mundo. ¿Se puede aprovechar esto para que los ciudadanos vivan mejor?

Vista de Santiago de Chile.
Vista de Santiago de Chile. Pixabay

Durante el siglo XX la población mundial se incrementó de un salto, más que en ningún otro periodo de la historia. Pasamos de 1.500 millones de personas a principios de siglo a cerca de 7.000 millones actualmente. La mitad de estas personas vive en ciudades, y cerca de una tercera parte lo hace bajo el umbral de la pobreza. Mirando hacia el futuro, durante Hábitat III, la reunión de desarrollo urbano y vivienda de Naciones Unidas en 2016, se dialogó sobre cómo abordar el hecho de que en las próximas dos décadas la población de las ciudades, y las personas viviendo en áreas precarias, se duplicará a velocidades muy aceleradas.

En 1959 la población urbana de América Latina y el Caribe era de 108 millones. Hoy en la región viven alrededor de 500 millones en ciudades. Mientras que el proceso de urbanización de los países de Europa tomó un siglo, en América Latina sufrió un crecimiento exponencial en solo 50 años, incrementando por cuatro y hasta por diez las tasas de urbanización de algunos países. Este hecho representa uno de los mayores desafíos para los gobiernos locales y nacionales en materia de previsión de vivienda y desarrollo urbano. ¿Cómo aprovechamos esta oportunidad de crecimiento acelerado para, mediante la vivienda, mejorar la vida de las personas y asegurar que la población del futuro viva en un hábitat digno, cercano a las oportunidades, diverso e inclusivo?

En 1959 la población urbana de América Latina y el Caribe era de 108 millones. Hoy en la región viven alrededor de 500 millones en ciudades

Intentando responder a esta pregunta, durante los últimos años, los gobiernos nacionales de economías emergentes han entregado viviendas subsidiadas para las poblaciones más vulnerables a una escala sin precedentes. Por ejemplo, las cifras de países como Brasil, Colombia, Perú, Chile, Paraguay y Argentina muestran que en las últimas dos décadas se entregaron más de seis millones de unidades habitacionales a las poblaciones de menores ingresos o en condición de vulnerabilidad. Sin embargo, la velocidad de este proceso de urbanización ha venido aparejada de poca capacidad de los gobiernos para proveer soluciones de calidad con un hábitat adecuado para acomodar el crecimiento demográfico. Hoy, el déficit cuantitativo de vivienda solo representa el 6% del déficit total en áreas urbanas, mientras que las mayores carencias se relacionan con la cobertura y calidad de los servicios, la tenencia de la vivienda y otros aspectos cuali­tativos. Esta expansión repentina y simultánea de programas nacionales muestra que las políticas de vivienda han producido una urbanización en las periferias de las ciudades, con barrios homogéneos, de baja calidad y aislados de los centros y fuentes de trabajo.

Existe un déficit cualitativo evidente, y buscar soluciones con nuevas perspectivas es esencial. En este contexto, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) comenzó el proyecto llamado Vivienda, ¿qué viene?, el cual presenta 100 casos de vivienda localizados en el sur global que proveen soluciones que nos muestran cómo podemos mejorar el inventario de viviendas existente. Integrando experiencias internacionales, el objetivo es identificar nuevas y mejores formas de intervención para generar soluciones innovadoras, más eficaces, participativas y culturalmente significativas. Los ejemplos exitosos expuestos de América Latina, Asia y África aportan aprendizajes en direcciones clave: cómo hacer de la vivienda un motor de inclusión, cómo lograr que sea accesible en el amplio sentido de la palabra, cómo conseguir sea resiliente en todas sus dimensiones y, por último, cómo financiar y asegurar que sea asequible para todos.

Más de 100 casos se consolidan en una nueva publicación del BID que estará disponible al público en noviembre de este año. Debemos aprender de lo que ya se ha hecho en otros contextos y proyectar en múltiples ejes cómo el tema de la vivienda debe convertirse en un elemento trasformador de las ciudades. Es una invitación a utilizar estratégicamente lo que hemos aprendido, y a imaginar nuevas soluciones y posibilidades poniendo sobre la mesa una renovada agenda para el desarrollo de la vivienda y la ciudad en los años futuros. Debemos enfocarnos en el problema real actual para no solo construir viviendas, sino ampliar una oferta habitacional de calidad que permita mejorar la calidad de vida de quienes habitamos América Latina y el Caribe.

Felipe Vera es asociado senior de la División de Desarrollo Urbano y Vivienda del BID.

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