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Volver a la filosofía

Los partidos pactan que la asignatura recupere protagonismo en la educación

Clase de filosofía en el Instituto El Espinillo.

La filosofía es, según la Unesco, una escuela de libertad. Contribuye a la maduración intelectual de los jóvenes, da instrumentos para responder a los grandes enigmas y ayuda a discernir los asuntos relacionados con la ética individual y social. En tiempos de posverdad, es un escudo contra los intentos de manipulación colectiva y una vacuna ante dogmatismos y mentiras. Arrinconada por el PP, que cercenó su enseñanza en el plan de estudios de secundaria, la filosofía vuelve al debate público.

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Tras el fracasado intento de los partidos para alcanzar un pacto de Estado en materia educativa, todos los grupos parlamentarios han consensuado revertir la medida que relegó la Filosofía a asignatura de segunda categoría. Aquella fue una de las muchas normas polémicas incluidas en la Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa (LOMCE), aprobada en 2013 durante el mandato del controvertido ministro José Ignacio Wert. Fruto de la llamada ley Wert, la Filosofía quedó confinada a un único curso, impartida en primero de bachillerato, Ética dejó de ser obligatoria en cuarto de la ESO y otro tanto ocurrió con Historia de la Filosofía en segundo de bachillerato. En la lucha entre el humanismo y el pragmatismo mal entendido, el ministro que abanderó la LOMCE apostó claramente por el segundo.

Ahora, todos los partidos, incluido el PP, están dispuestos a devolver a la filosofía el papel que le corresponde. En una votación unánime han respaldado en el Congreso una proposición no de ley presentada por Unidos Podemos para reorganizar las enseñanzas de Ética y Filosofía de manera que se establezca un ciclo secuenciado durante los tres últimos cursos de secundaria. Se trata de que la formación humanística se equipare a Matemáticas, Lengua o Historia. Recuperar la materia como contenido troncal en los planes académicos ha sido una reivindicación largamente peleada por la comunidad filosófica, que ha defendido el carácter vertebrador de una disciplina imprescindible para el juicio crítico, la argumentación y el debate.

Conscientes del valor de la filosofía como fundamento de convivencia democrática, algunas comunidades autónomas —dentro de sus competencias— han venido dando carácter obligatorio a Historia de la Filosofía. Este desafío, a la postre, será elevado a rango de ley si todos los partidos mantienen firme el compromiso adquirido esta semana.

Sin embargo, el consenso, poco frecuente en una legislatura marcada por el enfrentamiento dialéctico y la marrullería parlamentaria, sale gratis a todos los partidos, dado el nulo recorrido legislativo de una proposición no de ley. Pero deja algunas lecciones: la primera, que el PP reconoce su error al ningunear la filosofía. La segunda, que la unanimidad alcanzada en la Comisión de Educación debería ser el embrión de un acuerdo de más amplio alcance para abordar la reforma educativa planteada por el Ejecutivo de Pedro Sánchez, que pasa por revertir los recortes que han conducido a situaciones indeseables como la masificación de las aulas o el retraso en la sustitución del profesorado.

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