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Escaneo el producto, ergo sum

Yuka, la aplicación de móvil que evalúa la calidad nutritiva de los productos

¿Sabes realmente qué te llevas a la boca? A menudo compramos en el super llevados por la inercia, movidos por la publicidad, por la buena reputación de algunas marcas. Es verdad que el etiquetaje puede ayudarnos a tomar la buena decisión, la buena para nuestro cuerpo, si sabemos descifrarlo. Pero no siempre somos capaces de discernir entre la avalancha de ingredientes que pueden componer un producto si no somos expertos en nutrición y dietética. Para hacer la tarea fácil al consumidor ha nacido Yuka. En su dossier de prensa se presenta de hecho como “la aplicación que descifra lo indescifrable”.

Yuka fue gestada en París en enero del 2017 y entre los 3 jóvenes fundadores se encuentra un padre de familia, quien en su día se vio incapaz de encontrar los productos “sanos” para su prole en medio de toda la jungla alimentaria y pensó que había que resolver el problema. En septiembre de 2018 Yuka contaba ya con 6 millones de usuarios y sin invertir dinero en publicidad.

Yuka llegará a España en el segundo semestre del 2019

Su utilización es la mar de simple. Basta con escanear con tu móvil el código de barras del producto. De inmediato recibes una evaluación a través de un código de colores (rojo: a evitar / verde: bueno) y de adjetivos (como mediocre, bueno, excelente) además de una ficha con información nutricional más detallada sobre el producto. Por ejemplo, te especifican si entre los ingredientes se cuenta un aditivo a evitar, o si hay un exceso de sal. Si el producto escaneado forma parte de los rojos, la aplicación te propone un sustituto de mejor calidad. El funcionamiento de la aplicación es en parte colaborativo puesto que los usuarios pueden añadir directamente los productos que no constan aún en el catálogo de Yuka y enriquecer así la app.

En un principio Yuka, que es una app gratuita, sólo evaluaba los alimentos, más de 300.000 referencias gracias en parte a la inmensa enciclopedia colaborativa de OpenFoodFacts. OpenFoodFacts funciona al estilo de la Wikipedia: se nutre de los datos de nuevos productos que 7.500 voluntarios repartidos por toda Francia añaden periódicamente. Desde junio del 2018 Yuka ofrece también un ránking de los productos de cosmética e higiene por petición popular, tal fue la avalancha de consumidores que pidieron a los fundadores que ampliaran el abanico. Hoy en día la app analiza 100.000 productos de cosmética e higiene pero sólo en la versión para iOS. Esperan poder lanzar la versión para Android en noviembre 2018. Y el éxito empieza a acusarse también más allá de sus fronteras. Yuka ha anunciado que va a implantarse en febrero del 2019 en Bélgica, Luxemburgo y Suiza porque son países de donde reciben muchas peticiones. Y en el segundo semestre del 2019 planean aterrizar también en España.

Alguien podría preguntarse si las preferencias de la aplicación son tan imparciales como pretenden porque, a fin de cuentas, ¿quién paga todo este dispendio? La evaluación de un producto reposa sobre 3 criterios: la calidad nutricional representa el 60% de la nota y se basa en el método de cálculo de Nutriscore (un sistema de valoración de los productos alimentarios de 5 colores y 5 letras); la presencia/ausencia de aditivos supone un 30% más de la nota y el último 10% se reserva para los productos que cuenten con el certificado bio.

En su dossier de prensa dejan claro que no reciben subvenciones ni financiación de ninguna marca. Sus tres fuentes de ingresos son el Programa Nutrición, un programa de 10 semanas para transformar tus hábitos alimentarios y que venden en su página web; las donaciones que reciben de usuarios; y funcionalidades premium de la app, que estarán disponibles en el futuro próximo y que serán de pago. Y queda una sola curiosidad por mi parte a resolver. ¿Por qué este nombre para la aplicación? Se trata de un homenaje a la mujer de uno de los fundadores ya que nació en la región del Yucatán (México).

Los fundadores afirman querer maximizar su impacto en la sociedad antes de maximizar su volumen de ingresos y por ello no aceptan financiación del sector ni revenden los datos personales que los usuarios les confían. Según cuentan para ellos el objetivo primero no es hacer negocio puro y duro sino transformar a los consumidores en consum’actores: que a través de sus elecciones más conscientes, los consumidores recuperen su poder y “obliguen” a la industria a proponer productos más sanos y nutritivos. Resumen su filosofía con una frase resultona: “Escaneo el producto, ergo sum”.