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Día Mundial De la Alimentación, ¿no es un sinsentido?

Con una cuarta parte de la comida que se desperdicia, sería posible resolver el problema del hambre en el mundo

Siempre parece imposible hasta que lo haces.

(Nelson Mandela)

Día Mundial De la Alimentación, ¿no es un sinsentido?

El pasado mes de septiembre la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) publicó un estudio que arrojaba un dato demoledor: en el año 2017 casi 821 millones de personas en el mundo pasaron hambre, es decir, ¡una de cada nueve!

La cifra de hambrientos en el mundo no ha dejado de crecer en los últimos años: hemos pasado de 783 millones en 2014 a esos casi 821 millones en 2017. De hecho, el número de personas que padecen hambre se sitúa en niveles parecidos a los del año 2008. Es algo espantoso, y que por desgracia se ceba en niños y niñas menores de 5 años. Al mismo tiempo, un tercio de los alimentos que se producen en el mundo son despilfarrados y acaban en el cubo de la basura, en contenedores o abandonados a su suerte en campos de cultivo porque no cumplen nuestros criterios de belleza (la dictadura de la estética). Si hacemos un simple cálculo podemos llegar a una conclusión inquietante: con una cuarta parte de la comida que se desperdicia, sería posible resolver el problema del hambre en el mundo. Así pues, acabar con el despilfarro de alimentos se convierte en una cuestión de justicia y de decencia. Sin ir más lejos, países como Italia y Francia ya han aprobado en los últimos años leyes al respecto.

¿Cuál es la situación en España? Según datos del Informe sobre el estado social de la nación 2017, un total de 2 millones de personas están en una situación de insolvencia alimentaria. Asimismo, y según la Agencia Española de Consumo, Seguridad Alimentaria y Nutrición (AECOSAN) cada español tira a la basura 250 euros de comida al año. A ello hay que sumar las frutas y verduras que se quedan en campos de cultivo porque son feas, la comida que tiran los supermercados- ahora mismo existe una opacidad absoluta sobre este asunto-, los alimentos que se despilfarran en los restaurantes, el desperdicio alimentario que se genera en la cadena productiva o toda la comida que se descarta en escuelas, hospitales, panaderías, etc. Un verdadero despropósito. ¿Y qué ocurre en términos legislativos en España? Mucho ruido, pero pocas nueces.

Hace algo más de año se anunció que una comisión del Senado iba a trabajar para que se aprobara una ley contra el despilfarro de comida. Y hace escasos meses algunos medios anunciaron a bombo y platillo que el Senado había aprobado por unanimidad un paquete de medidas contra el despilfarro de alimentos. En realidad, lo que el Senado hizo fue elaborar un informe repleto de propuestas y recomendaciones “a las instituciones e instancias pertinentes, para que actúen en las líneas indicadas en el informe”. Sí, el informe fue aprobado por unanimidad y muchas de las recomendaciones que contiene son muy acertadas. Pero no existe ningún compromiso específico (entre otras razones porque las potestades del Senado son las que son). Y para más inri, la gran prioridad parece ser la creación de un Observatorio de desperdicio alimentario.

Lo cierto es que no me sorprende. Desde hace años vengo reivindicando la importancia de contar con una ley contra el despilfarro de alimentos y siempre me encuentro buenas palabras, pero ninguna medida concreta. Si realmente existe un consenso entre todos los partidos políticos, ¿por qué no se aprueba ya una ley? Por esa razón hace ya 3 años decidí abrir junto con otros activistas europeos una petición en Change.org dirigida a la Comisión Europea para que los supermercados donen a ONG la comida que les sobra. El objetivo era (y es) que se aprueben medidas contra el despilfarro en toda Europa. Actualmente la campaña cuenta con 1.199.400 firmas (¡gracias a todos las firmantes!) y este martes 16 de octubre nos reunimos en la sede de la Comisión Europea en Bruselas con la Dirección de Salud y Seguridad Alimentaria para entregarles las firmas recogidas. Y también pediremos compromisos claros contra el despilfarro de comida. ¿Por qué el 16 de octubre? Porque es el Día Mundial de la Alimentación y por tanto es el momento perfecto para recordar la sonrojante realidad: hambre en el mundo y despilfarro de comida.

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