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La banda ancha en la España dispersa

El Gobierno se propone garantizar una cobertura de Internet a alta velocidad y de telefonía móvil en todos los territorios

Un hombre intenta utilizar su móvil en Valdezufre, una población con 313 habitantes.

La España rural avanza a pasos agigantados en su imparable deterioro. El censo envejece, la tasa de natalidad está bajo mínimos y la regresión vegetativa se agudiza. Las estadísticas reflejan un panorama desolador: cada hora se pierden una media de cinco habitantes. El mapa que maneja el Gobierno muestra que el 90% de los españoles se concentra en el 30% del territorio. Otras mediciones, como las de Eurostar, revelan que el 62% de los municipios tiene menos de 1.000 habitantes. La comisionada del Gobierno frente al Reto Demográfico, Isaura Leal, ha ilustrado gráficamente la situación: “Si hace años un abuelo iba al parque con varios nietos, hoy, un nieto va con sus cuatro abuelos. Incluso, en 1.000 municipios, ese niño puede ir al parque con sus cuatro abuelos y sus ocho bisabuelos. Y eso, en el mejor de los casos, porque también hay más de 1.000 municipios sin menores de cinco años, y en casi 400 pueblos tampoco hay menores de 15 años”.

La España dispersa y olvidada es también la España de las desigualdades. El acceso a la sanidad, a la educación o al ocio difiere notablemente según se viva en un núcleo urbano o en un pueblo en declive. En el mundo rural o de montaña las escuelas se han transformado en bares por falta de alumnos, los consultorios médicos están en localidades vecinas y las oficinas bancarias han echado el cierre. No hay tiendas ni farmacias ni gasolineras.

En su estrategia por mitigar los desequilibrios derivados de la despoblación, el Gobierno se propone acortar la brecha en el terreno de las telecomunicaciones garantizando una cobertura de banda ancha de alta velocidad (30 megas por segundo) y de telefonía móvil en todos los territorios. En 2010, los responsables de Telecomunicaciones de la UE se comprometieron a alcanzar ese objetivo en 2020 dentro de la Agenda Digital Europea, pero queda un largo camino por recorrer. Muchos consideran que el umbral universal de los 30 megas es una quimera. En zonas alejadas y con una orografía abrupta hay que hacer malabarismos para obtener una mínima señal en el teléfono móvil. Por no hablar de aquellas en las que, por una aciaga sucesión de averías en la línea, el teléfono fijo funciona intermitentemente. Confiemos en que el encendido tecnológico llegue a las mesetas desertizadas y a otros páramos a tiempo para evitar el colapso demográfico.

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