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El lago Chad o la tormenta humanitaria perfecta

La conferencia de países donantes de Berlín se cierra con un compromiso de 1.870 millones de euros para los próximos años. En la región, 10,7 millones de personas necesitan ayuda para sobrevivir cada día

Maimuna junto a Kubi, su nieta. Huyó junto a su familia de Abuja, Nigeria, cuando Boko Haram destruyó su pueblo. La madre del bebé murió y la pequeña sufre desnutrición, como el 80% de los niños de Toumour, donde viven.

Es una de las peores crisis humanitarias y al mismo tiempo más olvidadas del mundo que hunde sus raíces en tres pilares: la pobreza extrema, la espiral de violencia del terrorismo y la respuesta militar represiva y el cambio climático. Como resultado, 10,7 millones de personas necesitan ayuda para sobrevivir cada día, de las cuales una cuarta parte se encuentran desplazadas de sus hogares, con enormes problemas de acceso a comida, agua, educación y salud. La tormenta humanitaria perfecta. Para combatir el abandono, este lunes y martes, países donantes se han comprometido en Berlín a hacer un esfuerzo de 1.870 millones de euros “para los próximos años” en la región del lago Chad, en el corazón de África.

Cuando en 2009 el grupo insurgente Boko Haram se declaró en guerra contra el Gobierno de Nigeria y comenzó a sembrar el terror en el noreste del país, pocos podían imaginar la dimensión de la catástrofe humanitaria que se cernía sobre la zona. Casi una década después, 11 millones de personas de los cuatro países ribereños del lago, la propia Nigeria, Chad, Níger y Camerún, se asoman cada día a la incertidumbre de la inseguridad alimentaria y a las consecuencias de una violencia que ha marcado sus vidas. “La crisis no ha terminado”, aseguró este lunes Mark Lowcock, jefe de Operaciones Humanitarias de la ONU, “el único medio que tienen esas personas para mantenerse con vida es lo que le proporcionan las organizaciones humanitarias”.

Un total de 70 estados, agencias internacionales y ONG participaron en la conferencia de Berlín donde se obtuvo el compromiso de destinar 1.870 millones de euros a esta región en los próximos años, a los que hay que sumar 403 millones de euros en créditos baratos de los bancos de desarrollo. Ya el año pasado se logró paliar en buena medida los efectos de la hambruna gracias a la ayuda humanitaria, pero la crisis está lejos de remitir. Solo en el último año más de 140.000 nuevos desplazados han tenido que abandonar sus hogares.

Alemania, país que ha acogido esta cumbre de donantes, ha decidido liderar la respuesta internacional frente a la emergencia con una aportación extra de 100 millones hasta 2020, según informó el ministro germano de Exteriores, Heiko Maas. Por su parte, el titular de Desarrollo del Gobierno alemán, Gerd Mueller, hizo un llamamiento a una “solución conjunta europea”. En este sentido, Bruselas desbloqueó otros 138 millones. “Los efectos desastrosos de los conflictos armados y de la violencia en la cuenca del lago Chad han golpeado con dureza una región ya dañada por la pobreza y las consecuencias del cambio climático", dijo el comisario europeo de Ayuda Humanitaria, Christos Stylianides.

Precisamente este lunes, Plan Internacional hizo públicos los resultados de una investigación que pone de manifiesto que las adolescentes que viven en esta región no tienen ningún refugio contra la violencia, palizas y abusos en sus hogares, escuelas y lugares públicos, según informa Reuters. Más de un tercio de las niñas que participaron en la encuesta admitió que se sentían inseguras en sus hogares, mientras que una quinta parte ha sido golpeada por adolescentes, profesores o familiares en el último mes.

La crisis no ha terminado, el único medio que tienen esas personas para mantenerse con vida es lo que le proporcionan las organizaciones humanitarias

Mark Lowcock, jefe de Operaciones Humanitarias de la ONU

Además, muchas de ellas han sido forzadas a contraer matrimonio de manera precoz o a mantener relaciones sexuales a cambio de dinero o comida. “Creo que la parte más llamativa es la sensación de impotencia de estas chicas”, aseguró durante la conferencia de Berlín el director de Plan Internacional en Nigeria, Hussaini Abdu, mientras que la especialista en políticas de ONU Mujeres en Nigeria, Salamatu Kemokai, puso el acento en que muchos de los hombres que abusan de estas niñas “ni siquiera lo ven como una explotación”. La situación de las niñas y mujeres en la región, que se convirtió en objeto de atención internacional tras el secuestro de las niñas de Chibok en 2014, ha estado muy presente en el encuentro celebrado en Alemania.

Tras años sin que se produjera una respuesta coordinada, los cimientos de esta cumbre de Berlín se pusieron en febrero de 2017 durante la conferencia de donantes en Oslo, en la que vio la luz el Grupo Consultivo para la Prevención y la Estabilización de la Región del Lago Chad y en el que los gobiernos alemán y noruego participan activamente junto a los países afectados y diversas agencias de Naciones Unidas. Otros actores, como la Unión Africana, la Comisión de la Cuenca del Lago Chad y organizaciones humanitarias han puesto en marcha también importantes iniciativas encaminadas a reforzar la resiliencia de la población, combatir el radicalismo y, en definitiva, estabilizar la zona.

El conflicto desencadenado por Boko Haram, que llegó a anunciar en 2014 la creación de un califato en el noreste de Nigeria tras hacerse con el control de un centenar de localidades, ha acentuado el problema de la pobreza severa en regiones demasiado lejos de sus respectivas capitales que además se enfrentan a la lenta desaparición de su principal fuente de recursos, el propio lago. Este espacio rico en pesca y agricultura que antaño fue un gran cruce de caminos comercial languidece hoy por la presencia en sus riberas de los radicales, pero también a causa del cambio climático.

En 1964 la superficie de la lámina de agua era de unos 25.000 kilómetros cuadrados. En la actualidad no llega a los 14.000 y está dividido en dos cubetas principales. El incremento de las temperaturas (una media anual de 37 grados) y la escasa profundidad, unos cinco metros y medio, está acelerando la evaporación de un lago al que también afecta la presión humana: en 1976 vivían de él unas 700.000 personas, hoy se calcula que son unos 30 millones. La tierra que ha emergido a consecuencia de la desecación de este depósito de agua es muy fértil, pero muchos campos de cultivo están abandonados a causa de la violencia.

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