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De cómo Jason Statham lleva diez años interpretando el mismo papel

El actor británico ha depurado su mejor personaje: él. La práctica lleva a la perfección

Jason Statham
En pantalla, el inglés sustituye las palabras por los mamporros. Esa es la marca Statham. En la imagen, el actor en el Planet Hollywood Casino de Las Vegas (2010). Getty

Cada vez que Steve McQueen recibía un guion, cogía un bolígrafo rojo y tachaba diálogos: jamás emplearía tres frases en decir algo que cabía en una. Jason Statham (Reino Unido, 1967) es su hijo bastardo, en concreto ese que ha visto todas las películas de Schwarzenegger, Stallone y Willis y tres o cuatro de mafiosos asiáticos. Hasta su vida sentimental (tiene un hijo con Rose Huntington-Whiteley, un ángel de Victoria’s Secret que salió en una de Transformers) parece una fantasía masculina sacada de otra época.

Statham junto a la madre de su hijo, la modelo de Victoria’s Secret Rose Huntington-Whiteley, durante los Elle Style Awards celebrados en Londres (2015).
Statham junto a la madre de su hijo, la modelo de Victoria’s Secret Rose Huntington-Whiteley, durante los Elle Style Awards celebrados en Londres (2015). Getty

Tras no clasificarse como saltador de trampolín para Barcelona 92, trabajó de vendedor ambulante de bisutería. Guy Ritchie lo descubrió y le escribió un personaje en Lock & Stock (1998). En los últimos diez años ha hecho 25 películas que el público ni sabe ni quiere distinguir entre sí donde su personaje siempre es Jason Statham con diferentes oficios (mecánico, granjero, transportista) pero un mismo objetivo: cargarse a todo desgraciado que se interponga en su camino con cualquier cosa que tenga cerca, desde una cuchara hasta la mano amputada de un cadáver que aún empuña un revólver. “No puedes abrir un restaurante de sushi y luego poner una tosta de queso en el menú”, explica, “pero si me pones a mí en un coche golpeando a un tío en la cabeza y disparando a otro en los putos pies cualquier estudio te dará 20 millones para rodarlo”.

Jason Statham es un héroe con callo que no pierde el tiempo en chorradas (en vez de tomar partido en la pelea de egos entre Vin Diesel y Dwayne Johnson en Fast & Furious, el año que viene protagonizará su propio spin off, Hobbs and Shaw), jamás se ríe en sus películas (un periodista de The Guardian definió su carcajada como “un ganso sometido a asfixia sexual”) y cuando se pone una pinza de batería en la lengua y la otra en el pezón, ellos ven a un temerario que devuelve la dignidad a la calvicie y ellas disfrutan con su erotismo industrial.

La autenticidad callejera de Statham mantiene las gastadas botas del cine de acción pegadas al asfalto: él hace todas sus escenas de riesgo. “¿Con ponerte una capa y unas mallas ya eres un superhéroe?”, se pregunta, “pero si no hacen nada, todo son dobles y pantallas verdes digitales. ¿Dónde está la emoción?”. En el ya clásico televisivo Crank interpreta a un sicario que debe mantener su adrenalina a mil o morirá. No puede haber mejor metáfora para su carrera.

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