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Los platos de plástico pronto serán una reliquia

La Unión Europea se propone prohibir los materiales de un solo uso e imponer nuevas normas de consumo

Una mujer rebusca botellas de plástico en el basurero de Akouedo, en Abiyán (Costa del Marfil) el pasado 29 de mayo.
Una mujer rebusca botellas de plástico en el basurero de Akouedo, en Abiyán (Costa del Marfil) el pasado 29 de mayo. EFE

La isla de Henderson, en el Pacífico sur, está deshabitada. Sus playas, sin embargo, son un vertedero de desechos; la mayoría de ellos, de plástico. La playa del Ambar, en la Graciosa, un paradisiaco paraje canario, sufre una grave contaminación por plástico. Las corrientes marinas no conocen fronteras y escupen su basura allá donde pueden. Por eso, es probable que una de las últimas iniciativas de la Unión Europea tenga alcance mundial. Más que nada, porque el desbocado consumo de utensilios de plástico desechable de los europeos puede mostrar su peor cara en cualquier lugar del planeta.

La Comisión Europea ha propuesto la prohibición de pajitas y cubiertos de plástico y la exigencia a los fabricantes de envases de comida, vasos o bolsas de que sufraguen una parte de los gastos de limpieza de esos desechos que tardan siglos en descomponerse. Se propone también una serie de medidas para favorecer el reciclaje y rediseñar ciertos formatos; que los tapones de plástico, por ejemplo, queden fijados a sus recipientes. Algunos productores ya se han quejado. ¿Cómo sustituir a las pajitas que llevan incorporados los envases de tetrapack? Modificar todo el modelo de producción con nuevas pajitas de cartón lleva un coste, así que los empresarios ya están haciendo lobby para sufrir lo menos posible e incluso parar una política que asoma imparable.

Los estadounidenses tiran 2,5 millones de botellas de plástico cada hora. Cada año acaban en los mares ocho millones de toneladas de plásticos. En las costas británicas se dispersan habitualmente 24 bastoncitos para los oídos cada cien metros. Este pequeño y aparentemente inocuo utensilio es de los que van directamente al retrete tras su uso. Y de ahí, al mar De continuar en general con el mismo modelo de consumo en los países desarrollados, en apenas treinta años habrá más plástico en los océanos que peces, ha alertado el grupo de Los Verdes/ALE (Alianza Liberal) del Parlamento Europeo.

Es un panorama siniestro del que alertan sistemáticamente los ecologistas, la ONU y las autoridades. De nada sirven los titulares tremendistas; abundantes en este campo. Terminaremos, como bien decía uno de los titulares de este mismo periódico, nadando en mares de plástico con la fauna marina intoxicada por nuestra culpa.

España se ha sumado a la batalla medioambiental con una medida extremadamente tímida: las bolsas de un solo uso dejarán de ser gratuitas en todos los comercios el mes próximo. Y ello da una idea de la escasa conciencia existente sobre la envergadura del problema. Hace tiempo que en otros países de nuestro entorno están prohibidas las bolsas de un solo uso, por ejemplo. Los comerciantes se han adaptado a las de cartón sin mayores problemas. Hasta hace poco, dos tercios del plástico para reciclar que se producía en el mundo terminaba en China. Ahora que el problema sigue creciendo hay que buscar alternativas. Reciclar más y reciclar mejor. Pero una buena solución es ahorrar en plástico; aunque sea tan barato —ese es parte del problema—. Exigir productos sin envoltorios, comprar a granel, como antes, y salir de casa con la cesta de la compra, que dura bastante más que esas bolsas que ya no serán gratuitas. No habrá otro remedio, pero cualquiera puede adelantarse.

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