MIRADOR
Columna
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Antisemita

El miedo a ser calificado es una de las primeras causas de esa terrible enfermedad que se llama corrección política.

Un soldado israelí apunta a los manifestantes palestinos durante los enfrentamientos con las tropas israelíes a lo largo de la frontera entre Israel y la Franja de Gaza.
Un soldado israelí apunta a los manifestantes palestinos durante los enfrentamientos con las tropas israelíes a lo largo de la frontera entre Israel y la Franja de Gaza. © EFE / MOHAMMED SABER

¿Cómo meterías a seis navarros en un seiscientos? Diciéndoles que no caben. ¿Y a seis judíos? En el cenicero. Como el chiste me lo contó un judío pude reírme a gusto, sin miedo a haber incurrido en un antisemitismo de manual. Si me lo hubiera contado un navarro, la cosa habría sido muy distinta. Y en caso de repetirlo, nadie me acusaría de antinavarrismo.

Claro, que hay un pequeño detalle por medio, y no se puede olvidar cuando uno va a contar un chiste de judíos que Adolf Hitler, bien acompañado por millones de europeos (los alemanes lo eran) exterminó a varios millones de judíos, y no lo hizo con todos porque no pudo.

Debo confesar que soy ajeno a cualquier simpatía pronazi. Es más, soy un militante antirrequeté, creo que la trucha a la navarra es un atentado contra la gastronomía, y me parece que el mejor pacharán podría usarse para desatascar tuberías. Pero cuando lo digo nadie me acusa de antinavarro y mucho menos de partidario de ningún genocidio.

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Entonces, ¿por qué no puedo decir sin miedo a ser tildado de antisemita que la carnicería provocada por el Ejército israelí en Gaza es propia de un ejército mandado por asesinos? Una veintena de muertos y cientos de heridos. Un ejército bien armado disparando contra civiles que atacaban con piedras. Lo hemos visto todos, y no se trataba de ningún programa de fake news. Era de verdad.

El Ejército de Israel protege a quienes roban la tierra a los palestinos, y quiere meter en la cárcel de por vida a una joven, Ahed Tamimi, por haberse enfrentado, desarmada, a militares israelíes. ¿Por qué tengo que ocultar que eso me repugna?

El miedo a ser llamado antisemita es una de las primeras causas de esa terrible enfermedad que se llama corrección política. Y en este caso es, la peor.

Voy a intentar ser correcto: Israel tiene derecho a vivir con unas fronteras seguras, Israel es un país democrático. Pero: los palestinos tienen derecho a unas fronteras seguras, aunque no tengan un Estado. Si Israel es atacada, tiene derecho a defenderse. Pero: los palestinos también.

Podría añadir más elementos a la serie, pero ya está bien.

En todo caso, pienso, sin tener por qué aguantarle a nadie que me llame antisemita, que el Gobierno de Israel es un gobierno gratuitamente violento, y que la petición de cárcel contra Tamimi es desmesurada, y que la represión en Gaza es un crimen.

La verdad es que seguramente no estoy siendo justo con los navarros, las truchas y el pacharán.

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