X
Privacidad y Cookies

Utilizamos Cookies propias y de terceros para ofrecer un mejor servicio y experiencia de usuario.

¿Permites el uso de tus datos privados de navegación en este sitio web?

¿Te imaginas que tu hijo (o tú) estudiara jugando al Pictionary?

El pensamiento visual (o visual thinking) aprovecha la maravillosa capacidad que tiene el dibujo para sintetizar los contenidos, conceptos y emociones

Si ves que tu hijo estudia haciendo dibujos o garabatos, seguramente está aprendiendo mucho más de lo que piensas. Captar y expresar conceptos e ideas a través del dibujo se ha convertido en una herramienta que mejora la concentración, la capacidad de síntesis y la memoria. Se llama pensamiento visual o visual thinking y en algunos colegios lo ven con muy buenos ojos. Dibujar no es nada nuevo. De hecho, venimos expresándonos gráficamente desde hace más de 40.000 años, de cuando datan las primeras pinturas rupestres. Si tenemos en cuenta que hoy el 75% de la información que recibimos desde el exterior proviene de canales visuales, ¿por qué no servirnos del dibujo para enseñar y aprender?

Pensar y expresar a través del dibujo

El pensamiento visual (o visual thinking) aprovecha la maravillosa capacidad que tiene el dibujo para sintetizar los contenidos, conceptos y emociones, de manera rápida, fácil y, sobre todo, motivadora para los niños y adolescentes. Ana Mangas, profesora de Plástica del colegio Ideo, de Madrid, es una convencida de ello. “Se trata de un método de aprendizaje diferente, que convierte los pensamientos, ideas y opiniones en dibujos y metáforas. La base es que si lo dibujamos, lo entendemos”.

Aprendizaje para todos

Como un juego de mesa, el pensamiento visual es para personas de 0 a 99 años (y más). “Incluso, muchos conferenciantes hacen sus charlas con este método”. Pero, sobre todo, se trata de un método muy inclusivo: “Funciona muy bien con niños con dificultad para memorizar o concentrarse. Si al estar frente al libro, pueden ir dibujando lo que van entendiendo, captan la esencia enseguida y lo pueden expresar mejor”, señala Ana. También es una excelente metodología con niños autistas, “porque dibujar se convierte en su fuerte y les es más fácil expresarse así”.

¿Qué pasa en el cerebro cuando dibujamos?

Según la psicóloga Amaya Terrón, Máster en Práctica Clínica y de Salud Mental, por la Sociedad Europea de Psicología (AEPCCC) y Fundación Europea de Psicología, “existe una activación neuronal a nivel del cerebelo y corteza cerebral, que hace que la creatividad, el movimiento coordinado y la percepción mejoren significativamente. Además, dibujar es una tarea que necesita todos los sentidos, mejora la concentración, la memoria y la atención”.

Ana lo ve claramente en su clase: “el dibujo desarrolla el lado derecho del cerebro, más emocional y artístico, sensibiliza a los niños ante el mundo cultural y perfecciona sus habilidades espaciales y visuales; genera lógica, razonamiento, orden y un gran poder de abstracción”. La experta explica que un dibujo puede sintetizar, por ejemplo, un párrafo entero: “Si un profesor de lengua pide a sus alumnos hacer con visual thinking una biografía, ellos podrían dibujar un libro dentro o alrededor del cual se escriban datos y características del personaje y de su vida y obra”.

Ayuda a comprender la realidad científica, a través de gráficos, diagramas o discursos

Junto a todos estos beneficios se suman componentes emocionales y terapéuticos, según nos cuenta Amaya. “El movimiento lento y de vaivén de dibujar calma y relaja, lo que permite rebajar niveles de ansiedad, además de ser una forma de expresar su parte más inconsciente”.

Dibujo en el aula

Resulta inquietante que en esta era regida por la imagen, cada vez se estén quitando más horas de Plástica en la mayoría de los centros educativos: “hoy en día el currículum oficial tiene dos horas semanales de Plástica en 1º y 2º, en 3º no hay y en 4º es optativa, aunque algunos colegios pueden flexibilizar esto un poco”, critica Mangas. Por eso, ella no solo aplica esta metodología con sus alumnos, sino que traspasa las fronteras de su clase para formar al resto del profesorado con esta poderosa herramienta porque “todas las asignaturas tienen algo plástico”. Como el dibujo apasiona, enamora, engancha y es tan visual, “la idea es que tanto alumnos como profesores vayan entrenándose en el visual thinking como una dinámica en la que todos tienen la capacidad de dibujar lo que escuchan y ven”, explica Mangas.

Estas y más razones nos conducen a pensar que enseñar con visual thinking puede ser muy efectivo. En un artículo en la revista Science, la psicóloga inglesa Shaaron Ainsworth, de la Universidad de Nottingham, y otros autores, coinciden en que el dibujo:

  • Involucra al alumno en el aula, sin reducirlo a un simple receptor de información.
  • Ayuda a comprender la realidad científica, a través de gráficos, diagramas o discursos.
  • Conduce a un razonamiento creativo distinto, complementario y compatible con otros métodos.
  • Permite organizar mejor lo aprendido y aumenta la capacidad de síntesis y destreza espacial.
  • Es una forma diferente, pero muy eficaz de comunicar.

Un día de visual thinking

Pero las ventajas de aprender a través del dibujo se ven en el aula. Ana María Caraballo, tutora y profesora de Ideo, nos cuenta que aplica el pensamiento visual en su clase de ciencias de 5º de primaria. Formada en los talleres de Ana Mangas, piensa que el método es un recurso para sintetizar la información aprendida. “Los alumnos concretan los contenidos y los relacionan con aquello que ya saben”, indica. A los niños les atrae y engancha. Un punto más a favor, si pensamos no solo en los escolares de primaria sino también en los adolescentes del instituto. ”Es cierto que hay algunos que se muestran inseguros al principio, pero luego ven que no es cuestión de pericia sino que de buscar una imagen sencilla que explique lo que quieren expresar, para lo que adquieren grandes habilidades”, acota Ana María.

Lápiz y papel y... ¡manos a la obra!

Los expertos aseguran que sabemos dibujar desde que nacemos. Richard Banks, dice en Drawing: The Art-Science Connection que los niños comienzan a dibujar para aprender sobre el mundo en el que viven, antes de leer y escribir. Sin embargo, con el paso de los años, vamos dejando esta actividad de lado. “Hay algo desde el mundo adulto que bloquea y frustra la creatividad de dibujar”, opina Ana Mangas. “Si a mis alumnos mayores –continúa- les pido que dibujen un campo con animales, responden que no saben hacerlo. ¡Pero cómo! Si hasta primaria dibujaban animales en todo momento”. Comparte esta idea Amaya Terrón, quien piensa que “parece que la tarea de dibujar fuera exclusiva de la etapa infantil, asociándose únicamente a la función psicomotora, la que una vez conseguida, nos empeñamos en que no hay que seguir desarrollando”. Ambas coinciden en que otra explicación es que, a veces, los padres critican y elevan las expectativas de los dibujos, sin saber que lo único que se consigue con ello es desanimar a los niños.

Y quien dice dibujar, dice garabatear, que lejos de ser sinónimo de no hacer nada, supone una marca gráfica espontánea que nos ayuda a pensar, según Sunni Brown, autora de The Doodle Revolution. En una charla Ted, en 2011, Brown trae a la luz un estudio que dice que las personas que garabatean retienen un 29% más de la información, y explica que esta práctica favorece el proceso informativo al poner en funcionamiento de manera simultánea cuatro canales: visual, auditivo, lectoescritor y kinestésico, al que se añade la experiencia emocional.

Por la misma razón, Ana Mangas hace especial hincapié en que para aprender a través de visual thinking no es necesario saber dibujar. “No hace falta ser artistas; bastan líneas, círculos, triángulos y cuadrados, flechas y otras figuras al gusto, y combinarlos adecuadamente entre sí y con el texto, para captar y representar conceptos”, dice la profesora.

Cómo transformar las ideas en imágenes

Según Dan Roam, uno de los mayores expertos en visual thinking y autor de gran cantidad de libros sobre el tema, el método se compone de cuatro grandes etapas:

1. Mirar. Un primer recorrido visual. ¿Qué hay? ¿Qué se identifica de inmediato y qué resulta confuso?

2. Ver. Selección de la información e identificación de pautas. Responde a ¿lo conozco?

3. Imaginar. Juegan la mente, la asociación y la interpretación. Se reorganiza la información, de lo que surgen nuevas ideas.

4. Mostrar. Cuando encontramos pautas, las comprendemos, sabemos cómo reorganizarlas y sintetizamos todo en un dibujo. ¿Cuál es la mejor forma de dibujar mi idea para que represente exactamente lo que quiero decir?

Deberes para los padres

Para que los niños se vayan entrenando en visual thinking, Ana Mangas nos invita a cumplir una misión: dar libertad a los niños, no limitarles a la hora de dibujar y dejarles que desarrollen su potencial creativo hasta ser adultos. “No importa cómo coloreen o que lo hagan saliéndose de los bordes. Si pintan la pared, pues tendremos un mural de la expresión de nuestros niños; ya se limpiará o pintará de nuevo”, dice entre risas.