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En EE UU solo el 11% de los libros para niños tienen contenido multicultural

Los libros infantiles deben ser el reflejo tanto de sus lectores como de la diversidad de sus mundos porque los niños necesitan modelos que se ajusten a su contexto

En EE UU solo el 11% de los libros para niños tienen contenido multicultural

Leer a los más pequeños de la casa sólo trae consigo beneficios. Permite crear vínculos con el niño, mejorar su capacidad de concentración, aumentar su capacidad de comunicación, desarrollar hábitos positivos, reforzar el aprendizaje… La lista podría ser interminable.

Todos hemos crecido con cuentos clásicos como Blancanieves, Peter Pan o la Bella durmiente y sus personajes han alimentado nuestra imaginación infantil. Sin embargo, muchos de estos personajes representan un tipo específico de población que, en muchos casos, dista de ser real. ¿Vale cualquier lectura?

Los niños están expuestos a estereotipos y moldes a seguir que les permiten encajar en la sociedad según determinadas reglas culturales y de género. La televisión, la publicidad o las redes sociales normalizan, por ejemplo, cuerpos esbeltos, musculosos y con características incluso irreales que, sin embargo, están muy lejos de la mayoría. En los libros infantiles que, muchas veces, son la primera ventana al mundo, sucede lo mismo. Es difícil para ciertos niños encontrar personajes con quienes identificarse, especialmente si forman parte de poblaciones minoritarias debido a su creencia religiosa, discapacidad, género, etnia, etc.

En los libros, los niños deben verse reflejados, pero también han de ser capaces de reconocer a sus pares además de poder ver en ellos una puerta a toda la diversidad del mundo. Sin embargo, datos alarmantes revelan que, por ejemplo, en Estados Unidos solo el 11% de los libros infantiles publicados en los últimos 23 años tienen contenido multicultural y, más aún, solo el 6% de los libros infantiles publicados en 2016 fueron escritos por autores de minorías raciales.

En el caso de América Latina, están aumentando las iniciativas que buscan reflejar una multiculturalidad que antes parecía no tener cabida en el universo de la literatura infantil. En Chile existen programas de gobierno, como Chile Crece Contigo, que ofrecen material gratis con enfoque de género y diversidad. Este programa, además, comparte una selección de cuentos infantiles cortos e imprimibles para leer en familia. Es el caso del cuento Ayelén y los frutos mágicos, por ejemplo, que cuenta la historia de una niña usando una mezcla de palabras en castellano y mapudungun (lengua mapuche).

La serie argentina Antiprincesas y Antihéroes relata la vida de grandes artistas latinoamericanos para el público infantil. El propósito de esta colección es recuperar la cultura popular y colectiva, rescatar heroínas olvidadas de las guerras de la independencia y personalidades del mundo del arte y proponer nuevas masculinidades. Entre sus muchos personajes se encuentran los latinoamericanos Frida Kahlo, Violeta Parra, Julio Cortázar o Eduardo Galeano.

En Paraguay se han publicado cómics como Coquitoman, cuyo protagonista es un superhéroe que habla usando jopará (mezcla entre guaraní y castellano), toma tereré (bebida tradicional paraguaya) y pelea contra criminales en lugares históricos del país. Además, El violín de Ada, es un libro ilustrado sobre una niña que vive en Cateura y toca el violín en una orquesta de instrumentos reciclados. Cateura no es un lugar inventado sino una comunidad real que vive alrededor del vertedero de basuras de Asunción y que es famosa por su agrupación musical que toca instrumentos realizados con basura reciclada.

Pero la literatura infantil es asimismo una excelente oportunidad para enseñar valores como la inclusión y respeto. En el libro Wonder, la lección de August se cuentan las experiencias del primer año de escuela de un niño con Síndrome de Treacher Collins, un trastorno genético caracterizado por las malformaciones craneofaciales. El éxito mundial de esta publicación ha permitido a su autora, la escritora estadounidense de origen colombiano, Raquel Jaramillo Palacio, crear todo un “universo wonder” con numerosos títulos publicados e incluso una producción cinematográfica estrenada en 2017.

Todas estas publicaciones reflejan la importancia que se está dando a que los niños aprendan, desde temprano, a identificar sus propias raíces y a ver en quienes les rodean modelos que les sirvan de inspiración y les enseñen sobre la vida, el mundo y las relaciones humanas.

Los libros infantiles deben ser el reflejo tanto de sus lectores como de la diversidad de sus mundos porque los niños necesitan modelos a seguir que se ajusten a su contexto. Es más fácil que un niño entienda una historia y sus detalles si reconoce los componentes que la forman. Al ver personajes cercanos y situaciones diversas, el niño aprende a valorarse y a valorar su entorno desde temprano, lo que tiene gran importancia en la formación de la identidad y del sentido de pertenencia a una comunidad. Permite, además, que los adultos puedan contestar preguntas y explicar contextos si los conocen de primera mano. Este es un ejercicio que estrecha vínculos entre niños y cuidadores y da paso a lecciones sobre respeto e inclusión, algo que, sin duda, conviene aprender cuanto antes.

*Cecilia Martínez Gómez es consultora en comunicaciones en el Banco Interamericano de Desarrollo.

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