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Recuperar la Europa de los valores

La UE está obligada a articular una respuesta humana y digna a la crisis de los refugiados y a situar los derechos humanos en el núcleo de sus políticas

Emmanuel Macron y Ángela Merkel
Emmanuel Macron y Ángela Merkel EFE

En agosto de 2015 Angela Merkel manifestó: "Si Europa fracasa en la cuestión de los refugiados, si se rompe el estrecho lazo con los derechos civiles universales, ya no estaremos ante la Europa a que aspirábamos". Personalmente he de decir que en 2017 esta no es la Europa en la que he creido y defendido durante mis años como europarlamentario (1999-2014). Ante la crítica acerba de sus aliados democristianos bávaros y de las bases más reaccionarias de su propio partido (CDU), Merkel capituló y adoptó una política migratoria distinta de la que deseaba propiciar. Probablemente en 2015 Merkel tenía en mente los valores y principios que durante años han sido consustanciales con la naturaleza de la Unión, explicitados en el artículo 2 del TUE (Lisboa, 2009): "La Unión se fundamenta en los valores de respeto de la dignidad humana, libertad, democracia, igualdad, estado de derecho y respeto de los derechos humanos, incluidos los derechos de las personas pertenecientes a minorías. Estos valores son comunes a los Estados miembros en una sociedad caracterizada por el pluralismo, la no discriminación, la tolerancia, la justicia, la solidaridad y la igualdad entre hombres y mujeres".

Valores que una década antes el Consejo Europeo de Tampere (1999) había pregonado: "Sería contrario a las tradiciones europeas negar esta libertad a aquellas personas a quienes sus circunstancias conducen justificadamente a tratar de acceder a nuestro territorio... perseguimos el objetivo de lograr una Unión abierta y segura, plenamente comprometida con las obligaciones que emanan de la Convención de Ginebra sobre el Estatuto de los Refugiados... y capaz de responder de forma solidaria a necesidades de tipo humanitario... el Consejo Europeo reitera la importancia que la Unión y los Estados miembros conceden al respeto absoluto del derecho a solicitar asilo...".

Posiblemente el Consejo reaccionaba, al menos en parte, a un contundente informe (1999) elaborado por un comité de sabios por encargo de la propia Comisión Europea. Informe que denunciaba la falta de coherencia de las políticas internas de la Unión en los temas de derechos humanos, lo que provocaba la ausencia de credibilidad en su acción exterior en ese área. El estudio argumentaba que las políticas de la UE ya no eran adecuadas: "Fueron hechas por y para la Europa de ayer y son insuficientes para la Europa de mañana", destacando la creciente presencia del racismo, la xenofobia y las tensiones étnicas, así como la tendencia hacia la construcción de una "Europa fortaleza" hostil a los extranjeros, con énfasis en los temas de seguridad, insuficientemente equilibrados por las adecuadas salvaguardias en materia de derechos humanos.

Polonia, Hungría, Chequia y Eslovaquia rechazan lo que denominan "solidaridad obligatoria" impuesta por la Comisión Europea, sin reacción de ésta

Pero un lustro después de Tampere los principios proclamados comienzan a hacer agua. En el Consejo Europeo de noviembre de 2004 la UE se tienta la ropa: "La seguridad de la UE y de sus Estados miembros ha adquirido un carácter más apremiante... los ciudadanos europeos esperan con razón que la UE, garantizando el respeto de los derechos y libertades fundamentales, adopte un enfoque común más eficaz de problemas como la inmigración ilegal... y el terrorismo". Se trata de un proceso que va rebajando expectativas. Desde el compromiso absoluto de Tampere con la dignidad y solidaridad hacia los inmigrantes a la relatividad de los conceptos y la obsesión securitaria que matiza los derechos humanos (en mayo de 2016 Polonia, Hungría, Chequia y Eslovaquia rechazan lo que denominan "solidaridad obligatoria" impuesta por la Comisión Europea, sin reacción de esta). En septiembre de 2015, un mes después de la preocupación expresada por la canciller germana, Federica Mogherini, la ministra de Exteriores de la Unión, se expresa aún con mayor contundencia: "La crisis de refugiados pone a prueba nuestros valores más profundos, incluso nuestra identidad. Demostrará si realmente somos europeos y si realmente somos una Unión. Nuestra responsabilidad de proteger la vida y los derechos humanos. Solidaridad entre los Estados miembros y hacia aquellos que más lo necesitan".

En febrero de 2016 la Comisión asegura que la gestión rápida y plena de la migración ha fracasado y que habrá que adoptar "medidas difíciles". Son las que propone en sus Recomendaciones a los Estados miembros en marzo de 2017 exigiendo agilizar las detenciones de los migrantes y por periodos más largos, algo que el comisionado de Derechos Humanos del Consejo de Europa estima puede llegar a constituir trato inhumano o degradante y que ha ocasionado enérgicas protestas de la sociedad civil. Hanna Arendt escribió que la historia contemporánea ha dividido a los seres humanos en dos categorías: los que son confinados en campos de concentración por sus enemigos y en campos de internamiento por sus amigos. La Unión Europea está moral y políticamente obligada a articular, antes de que sea tarde, una respuesta humana y digna a la crisis de los refugiados y a situar los derechos humanos en el núcleo de sus políticas.

Emilio Menéndez del Valle es embajador de España y fue diputado europeo.

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