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El personaje estiloso

“Con el pelo rosa ya puedes hacer todo lo que quieras”

La fotógrafa y escritora Lupe de la Vallina asegura que regalar ropa es un ejercicio muy complicado y arriesgado. Por ello apuesta por las joyas

La fotógrafa y escritora Lupe de la Vallina lleva pantalones de Kling, bodi de The Brightest Eyes y pendiente de Muc Muc Jewels. La mochila es de Sur Sac, las zapatillas de Munich y las gafas de H&M.
La fotógrafa y escritora Lupe de la Vallina lleva pantalones de Kling, bodi de The Brightest Eyes y pendiente de Muc Muc Jewels. La mochila es de Sur Sac, las zapatillas de Munich y las gafas de H&M.

Lupe de la Vallina (Madrid, 1983) es estilosa sin pretenderlo. Sin preocuparse excesivamente de la moda, esta retratista para revistas como Yo Dona, Jot Down y El País Semanal, entre otras, cuenta que abraza todas las tendencias que le permiten relajarse y ser algo “vaga”. Hace unos meses lucía una melena rosa, eso sí, con la raíz de su color original marrón chocolate. No es partidaria de la esclavitud de la peluquería. “Una vez que llevas el pelo rosa, ya puedes hacer todo lo que quieras”, cuenta. Además de colaborar con varias publicaciones, también fotografía a particulares, gente con vida pública que necesita retratos de calidad. Su trabajo consiste en sacar el misterio de las personas. En su tuit fijado de forma permanente, tiene más de 16.000 seguidores, se define así: “Pasaré a la historia reflejada en las pupilas de los que pasarán a la historia”.

Pregunta: ¿Qué experiencia profesional relacionada con la moda le ha interesado más?

Respuesta: He hecho una serie de reportajes fotográficos para Yo Dona sobre shopping, tipo los 10 lugares donde ir de compras en Londres. Creo que es una forma muy bonita de conocer un país, a través de los relatos de los propietarios de las tiendas, que a veces son también diseñadores. Te dan pistas de las tradiciones, origen y desarrollo de esos lugares. Muchas veces la mirada de los tenderos revela parte de su historia. Me marcaron lugares como Salzburgo (Austria) y Jordania. De ahí traje el kohl y cada vez que me lo pongo es un viaje romántico en el tiempo.

P. ¿Y su experiencia más rompedora?

R. Ahora estoy participando en un proyecto en Milán en el que tomo imágenes de directivos de grandes empresas durante unas sesiones de innovación que realizamos una vez al mes. Vienen empresarios de diferentes partes del mundo a dar la vuelta a sus esquemas de trabajo. Digamos que a romper su molde. La idea es que después, cuando regresan a su rutina diaria, visualizan las fotografías de esas sesiones y reconectan emocionalmente con lo que son capaces de hacer. La imagen evoca lo que aprendieron.

P. ¿Cuál es el retrato con el que más ha disfrutado?

R. Me vienen dos a la mente. El del pintor y escultor Antonio López, a quien idolatro y quedé impactada por su humildad, y el de Viggo Mortensen, que era mi ídolo romántico.

P. ¿Qué es para usted el estilo?

R. La inspiración del estilo me viene más de la pintura clásica que de la fotografía de moda. Por ejemplo, las mujeres de Klimt, su elegancia perdura en el tiempo. Me propongo a menudo vestirme como una dama, pero tiendo a ir en vaqueros y camiseta y abrazo todas las modas que me permiten ser vaga. Me gustan las prendas sencillas de llevar: una sola pieza, sin cinturones, botones o complicaciones.

P. ¿Se maquilla a diario?

R. Trabajo en casa casi todo el tiempo y, aun así, pienso cada día qué tipo de maquillaje voy a hacerme. Me divierte mucho. Las mujeres tenemos la suerte de poder cambiar de estado de un día para otro a través del maquillaje. Es una versión de los disfraces en modo adulto. En Instagram sigo a un montón de creadores cuyo trabajo percibo como arte efímero. La tendencia de maquillaje que acentúa lo enfermizo puede ser perversa, pero detrás hay un canon de belleza que no implica perfección, que refleja tu malestar. Es una expresión de la sociedad.

P. ¿Qué prenda no se atrevería a regalar?

R. Creo que la ropa es arriesgada porque tienes que conocer muy bien la vida de la persona, sus rutinas y qué necesita. En cambio, las joyas son un universo expresivo infinito.

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