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La Navidad y el Banco de Alimentos

Este año he sido voluntaria en la Gran Recogida del Banco de Alimentos. En general fue muy bien: la satisfacción que sientes al llenar hasta arriba una de aquellas cajas tan altas con productos que ha dado la gente no tiene precio. Pero, como siempre, los detalles malos empañan el recuerdo que queda. En mi caso, el aspecto negativo fueron dos personas que, de malas maneras, nos dijeron que no daban nada porque “no va solo por los nuestros”. Con “los nuestros” se referían a gente nacida aquí. Me pregunto qué diferencia le ven al hambre que siente una persona catalana, andaluza o gallega del hambre que siente una persona marroquí, china o de cualquier lugar del mundo. Tener hambre es un sentimiento horrible y no entiendo cómo se puede priorizar el hambre de alguien dependiendo de su país de procedencia.— Alba Ballesteros Moyano. L’Hospitalet de Llobregat (Barcelona).


No somos conscientes hasta que no nos encontramos en la situación. Hay gente que estas Navidades no podrá compartir mesa con sus familiares, acostarse en una cama o dejar regalos bajo el árbol. Hay miles de personas que acuden a comedores sociales y está en nuestras manos que pueda alimentarse mucha más gente. Ahora es el momento de ser más solidarios, donar la ropa que no usamos y un poco de la comida que podemos permitirnos, para que otros cubran sus necesidades básicas y su Navidad no sea tan difícil. Que la Navidad nos haga mucho más solidarios, mucho más humanos, mucho más valientes.— Mireia Ballester. Gavá (Barcelona).


Este fin de semana he estado ayudando como voluntario en la Gran Recogida del Banco de Alimentos en un supermercado. Es la primera vez que colaboro y no será la última. He podido comprobar la gran generosidad de muchas personas que, casi sin recursos, llenaban dos carros para ayudar a los más necesitados. Niños felices que vaciaban su hucha para comprar algo de comida, por poco que fuera. Esta solidaridad tendría que ser el verdadero espíritu de la Navidad. Ojalá que podamos entre todos aportar nuestro granito de arena y dejarnos de egoísmos apoyando a los que no tienen.— Javier Castañeda Maurer. Pozuelo de Alarcón (Madrid).

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