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‘Sinhogarismo’ y ‘monomarental’

El lenguaje periodístico tiene que respetar la sensibilidad social pero, ante todo, ser comprensible y fiel al diccionario

Una mujer se refugia del frío bajo varias mantas en un banco público de la Gran Vía de Barcelona en enero de 2017.
Una mujer se refugia del frío bajo varias mantas en un banco público de la Gran Vía de Barcelona en enero de 2017.

Las palabras envejecen y caen en desuso a medida que desaparece la realidad que nombran. Pero algunas quedan proscritas en determinados círculos antes de que eso ocurra. La palabra vagabundo, por ejemplo, está desterrada del vocabulario de las asociaciones que atienden a las personas sin hogar. La última vez que figuró en un titular del diario, recibí la queja de la portavoz de una ONG que proponía además el uso de la palabra sinhogarismo (una adaptación de inglés homelessness) para referirnos al fenómeno de la carencia de hogar.

No es probable que la Real Academia incorpore ese término al diccionario ni que encuentre aceptación entre los lectores, siempre atentos a las cuestiones idiomáticas. Prueba de ello es la reacción que desató la palabra monomarental escrita en un reportaje del suplemento Negocios del domingo 29 de octubre. Un lector, Sebastián Reyes García, me envió el siguiente mensaje: [ %M/][/ %M/]“En una vuelta de tuerca más contra nuestro idioma, leo con horror —en el artículo Familias pequeñas con grandes problemas— el palabro ‘monomarental”, dice. “El adjetivo parental hace referencia a los progenitores (del latín parentes), sea el padre o la madre. De ese origen etimológico queda la palabra parents en algunos idiomas, para nombrar a los progenitores en su conjunto. La palabra monomarental es un absurdo etimológico, y obedece a la ignorancia de pensar que la letra p de parental tiene que ver con padre, cuando en realidad se relaciona etimológicamente con parir. Mucho mejor, si acaso, monomaternal, que se complementa con monopaternal”.

La autora del reportaje, María Fernández, reconoce que el lector tiene razón, aunque precisa: “Quizá lo que no he explicado en el texto por error es que el término monomarental se ha extendido para poner de relieve que casi ocho de cada diez familias monoparentales están formadas por una madre y su(s) hijo(s). Como no es correcto, solo lo he citado una vez en un texto de más de 2.000 palabras, y lo he escrito en cursiva. Entre las 12 fuentes de la información, la mayoría se han referido a las familias monoparentales como monomarentales, algo que incluso a mí me chocó. Sí cito un estudio de la Fundación Adecco que utiliza ese término”.

La presión sobre los periodistas no solo se ejerce para imponer términos nuevos, sino para rechazar algunos ya consolidados. Esta misma semana he recibido la queja de una asociación gallega de juristas que lucha por la inclusión de las personas con discapacidad, a propósito de un titular en el que figuraba la palabra discapacitados. “Utilizan mal el término”, decía el correo en un tono más bien perentorio. “Tienen que sustituirlo por personas con discapacidad u otro similar que no sea despectivo y discriminatorio”.

“Las palabras que nos parecen adecuadas hoy, pueden convertirse en inadecuadas con el paso del tiempo”

El libro de estilo de EL PAÍS recoge desde la edición de 2014 el término discapacitado/a como el correcto. Y el propio texto especifica que esta palabra se adoptó atendiendo a los deseos de ese colectivo. ¿Tan pronto ha envejecido?

“La cadena de palabras que se suceden para nombrar a ciertos colectivos es interminable”, explica Álex Grijelmo, coordinador de ese manual, “porque la historia de la lengua nos dice que cada nueva aportación tendrá siempre fecha de caducidad. Se produce con ellas lo que el lingüista norteamericano Dwight Bolinger (Language: The Loaded Weapon. The Use and Abuse of Language Today. 1980, página 74) llamó efecto dominó: las palabras que hoy nos parecen buenas para sustituir a otras que creemos inadecuadas se acaban convirtiendo en inadecuadas también con el paso del tiempo”.

“El término discapacitado fue el recomendado en su día para sustituir a incapacitado físico o disminuido físico, que a su vez tuvieron como misión desplazar a minusválido”.

“Puede que en breve surja un término nuevo por ese efecto dominó”, concluye Grijelmo, “pero quizá no sea correcto pensar para ello en personas con discapacidad o personas discapacitadas, porque nadie duda de que al emplear discapacitados ese término se está refiriendo a seres humanos. Y el Diccionario de la Lengua Española refiere exclusivamente a personas el término discapacitado”.

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