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Los cocodrilos devoradores de humanos de Australia no se andan con bromas

Un grupo de "completos idiotas" se fotografía en la charca de saurios donde fue devorada Anne Cameron

Cuando se viaja a Australia se reciben todo tipo de advertencias sobre la cantidad de animales que pueden picarte, morderte o comerte en cuanto pones los pies en el agua. A los australianos les encanta bromear con ello ante los incautos visitantes. "La plétora de bichos que pueden envenenarte y morderte en Australia es impresionante", escribe la guía Lonely Planet en sus consejos de seguridad para viajeros. Y no es una exageración: en ningún lugar del mundo existen tantas serpientes, arañas, medusas y hasta pulpos que puedan resultar letales y, sobre todo, que puedas encontrarte más o menos en cualquier lado, en el centro de una megaurbe como Sidney o en un rincón perdido del desierto. Pero, como explica Bill Bryson en su libro de viajes por la isla-continente, solo existe un bicho que los australianos se toman muy en serio: el cocodrilo de agua salada.

"Como es de imaginar, me sentía atraído especialmente por todo lo que podía hacerme daño, lo que en un contexto australiano es casi todo", escribe Bill Bryson en En las antípodas. "Realmente es un país extraordinariamente letal. Claro que ellos le quitan hierro al hecho de que cada vez que pones los pies en el suelo tengas alguna probabilidad de que algo te muerda el tobillo", prosigue.

Sin embargo, tiene claro que hay que tener miedo sobre todo a un animal por encima de todos: el crocodylus porosus, su nombre científico, cocodrilo de agua salada o estuario o saltie como es conocido popularmente. Se trata del reptil más grande del planeta, extremadamente agresivo, que puede llegar a pesar una tonelada y media y superar fácilmente los cinco metros de largo (más grande que un coche grande).

Estos tremendos bichos son bastante habituales en pantanos, ríos y lagos de la zona tropical del norte de Australia (en el resto del país no están presentes), una región en la que algunas playas están prohibidas al baño y al paseo por la orilla porque, básicamente, puede salir uno de esos monstruos del mar y comerte. En las zonas donde son habituales todas las guías recomiendan tener mucho cuidado y tomarse muy en serio los carteles que prohíben el baño. El periódico local The Cairn Post informaba de que, en 2016, se cerraron nueve playas por la presencia de estos voraces reptiles.

No es ninguna exageración. En 2017 se han producido tres ataques mortales: un hombre de 47 años en el Parque Nacional Kakadu en enero, otro hombre de 35 en Innisfail (los testigos vieron como era arrastrado por un cocodrilo de cuatro metros) y Anne Cameron, una mujer de 79 años, que vivía en un asilo en Queensland y desapareció. Sus restos fueron encontrados en el estómago de un cocodrilo de 4,3 metros. Sin embargo, pese a que se trata de un peligro serio, la estupidez humana parece no tener límites.

Esta semana un grupo de australianos se fotografiaron sonrientes dentro de una trampa para cocodrilos en un río lleno de cocodrilos, y luego difundieron la imagen por redes sociales. Creyeron que era una buena idea fotografiarse dentro de una jaula en la que se ha puesto carne para atraer a estos reptiles devoradores de hombres.

Según The New York Times, la alcaldesa de Cairns, Julie Leu, afirmó: "Son unos completos idiotas. Me he quedado alucinada de cómo alguien puede tener un comportamiento tan estúpido y peligroso". "La carne que ponemos en esas trampas es una carnaza. Para cocodrilo", ha escrito Steven Miles, el ministro de Medio Ambiente de Queensland. "No hay que nadar ahí. Es estúpido y es ilegal".

Tras leer, entre carcajadas, el libro de Bill Bryson dan muchas ganas de visitar Australia, pese a la cantidad de animales peligrosos que describe (básicamente cualquier criatura que repte, camine o nade). Los accidentes son muy raros, incluso los ataques de tiburones, y los antídotos muy frecuentes. Todo está bastante controlado y basta con tomar medidas elementales de prudencia. Forma parte de la leyenda del país. Salvo los cocodrilos de agua salada. Con ellos, no hay ningún espacio para las bromas.

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