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‘Antipeperismo’

El independentismo ha crecido entre sectores centristas a base de demonizar al PP como un enemigo institucional del pueblo catalán

Manifestación en la Plaza de Catalunya el 2 de octubre.
Manifestación en la Plaza de Catalunya el 2 de octubre.

El culé tiene dos almas: la barcelonista y la antimadridista. Algo parecido ocurre con el independentismo. Es una voluntad positiva de construir un país nuevo, pero también un sentimiento negativo contra el gobierno de Madrid y, sobre todo, el Partido Popular.

Un curioso estudio del politólogo Eric Guntermann revela la intensidad de la pasión anti-PP como motor del independentismo. Guntermann dividió en dos grupos a una muestra de catalanes que se identificaban tanto con España como con Cataluña. Al primer grupo les preguntó si estaban a favor de que la Generalitat avanzara hacia la independencia sin el acuerdo del Gobierno español. Sólo un 27% estuvo de acuerdo.

Al segundo grupo les repitió la misma pregunta, pero añadiendo una pequeña coletilla: “el PP se opone”. Y aquí el apoyo a la iniciativa de la Generalitat ascendió al 33,8%. La mera mención de que el PP estaba en contra obró el milagro de elevar en casi 7 puntos la simpatía hacia la causa independentista.

El experimento es una pequeña representación de lo que ha sucedido en la sociedad catalana. Los independentistas han ganado adeptos no sólo por lo seductor de sus planes, sino también porque han conseguido que la oposición a los mismos haya sido capitaneada por el PP, el partido menos atractivo para el electorado catalán.

El PP ha contribuido a su imagen negativa en Cataluña. Por ejemplo, con su infausta recogida de firmas contra el Estatut. Sin embargo, los independentistas son beneficiarios directos del deterioro de la marca PP. Han exagerado cualquier palabra o acción de políticos del PP que pudiera ser interpretada como un ataque a Cataluña. Y han ridiculizado todo gesto conciliador.

El independentismo ha crecido entre sectores centristas a base de demonizar al PP como un enemigo institucional, casi instintivo, del pueblo catalán.

Para revertir esta situación, el PP habrá de esforzarse mucho. Pero los demás partidos constitucionalistas deben ayudar, separando las críticas legítimas a la acción de gobierno de conclusiones sobre el anticatalanismo del PP. El antipeperismo no es sólo nocivo para el PP. @VictorLapuente

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