Porque lo digo yo
Columna
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Nada

Tanta información que circula, que te tienes que agachar para que no te dé, y cuesta encontrar a alguien verdaderamente informado

Elrubius, durante sus vacaciones en Japón en una foto compartida en su Instagram.
Elrubius, durante sus vacaciones en Japón en una foto compartida en su Instagram.

Elrubius es uno de esos chicos listos de estos tiempos extraordinarios que vive sin hacer nada, un simpático youtuber zascandil, el gracioso de la clase a escala planetaria. Pero cuando se echó novia la insultaron en masa, también sin haber hecho nada. Es más, se gana la vida posando, esto es, sin moverse. Ahora ha optado por presentarla en público, pero la han machacado igual. Lo que la nada te da, la nada te lo quita, y así todo el rato, porque al odio siguió una oleada de amor. No es cosa de broma, la nada que avanza. En su caso, con 25 millones de seguidores.

Por otro lado pasan cosas. Dos zumbados, Trump y Kim Jong-un, jugando con misiles, pero nadie tiene ni idea de lo que está pasando, aunque se intercambien chistes sobre ellos. Se creen que desaparecen con unas pinceladas de nada, reducidos a caricatura. Ocurre con otros asuntos gordos (ISIS, Brexit, refugiados…): tanta información que circula, que te tienes que agachar para que no te dé, y cuesta encontrar a alguien verdaderamente informado. Ahora bien, sobre microchorradas se dan lecciones. Nos estamos especializando en perfeccionar lo irrelevante. Cosas que hemos hecho toda la vida y descubrimos que hacíamos mal, aunque da igual: la mejor forma de cortar el aguacate o de reconocer un buen sacacorchos. Todo en una esfera reducida, personal, mientras el mundo está hecho un cristo y escapa a nuestra comprensión.

Elrubius grabó el vídeo con su novia en Japón, y cuenta que al llegar “había una alerta de bomba nuclear o algo así, porque los putos norcoreanos están loquísimos y han intentado lanzar una bomba nuclear en Japón”. “Justo el día que vengo yo”, se queja.

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Sobre la firma

Íñigo Domínguez

Es periodista en EL PAÍS desde 2015. Antes fue corresponsal en Roma para El Correo y Vocento durante casi 15 años. Es autor de Crónicas de la Mafia; su segunda parte, Paletos Salvajes; y otros dos libros de viajes y reportajes.

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