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Deslomarse rodeado de belleza

Las marismas del Guadalquivir producen el 40% de todo el arroz que se consume en España

La marisma del bajo Guadalquivir se prepara ya para la próxima cosecha de arroz a principios de octubre. Ver fotogalería
La marisma del bajo Guadalquivir se prepara ya para la próxima cosecha de arroz a principios de octubre.

Los temporeros peinan estos días los arrozales de las marismas del Bajo Guadalquivir para quitar las malas yerbas. La escardá es un trabajo metódico, sacrificado, rutinario y vital para que el grano salga adelante hasta su recogida en octubre. Son apenas 40 días, con 5,5 horas por jornada, a cambio de 40 o 50 euros. Agachados, los jornaleros retiran las plantas de agua entre las temperaturas imposibles de agosto y la humedad propia de un suelo hecho caldo. Cuando el mercurio se dispara cuesta respirar.

Estos campos de arroz producen el 40% de la cosecha que se consume en todo el país. Unas 330.000 toneladas de arroz largo y redondo, traducidas en una facturación de 145 millones. Desde 2008, la mitad del grano se elabora en varias cooperativas, que exportan el 15% a Europa, y los latifundistas venden el resto en cáscara a la industria.

No hay poesía en la escardá. La alfombra infinita y verde sobre los humedales es testigo del sudor de las cuadrillas, sin tiempo para mirar al cielo, recrearse con las formas de las nubes, palpar la belleza hosca de este territorio, esperar a las puestas de sol. O incluso imaginar a vista de pájaro los cultivos y canales, las caprichosas y deslumbrantes formas geométricas de la naturaleza que Doñana ofrece a tiro de piedra. Esa magia del delta del Guadalquivir que cazó Alberto Rodríguez en su película Isla mínima no asoma entre el esfuerzo de los jornales.

El de los temporeros no es paisaje de épica. Vestidos con pantalón y camisa larga para evitar el roce con las plantas, se bañan en repelente para evitar a los mosquitos antes de arrancar su jornada a las 7.30. Eso sí, son conscientes de que su paciencia tiene como sabroso final de la cadena los platos de arroz con pato o cangrejo, origen de una ruta para el turista gastronómico e inquieto.

Estos días los arroces espigan, en octubre se recogen y en noviembre se secan en almacenes. Mientras, las parcelas se inundan con más agua para enterrar los rastrojos y de paso favorecer la migración de aves como ánsares y patos hasta su partida en enero, cuando las tierras se secan. Y en mayo, se siembra y vuelta a empezar.

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