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Estonia pone a salvo sus datos en Luxemburgo

La pequeña nación báltica es 100% electrónica y la Administración necesita guardar la información sensible en lugar seguro

Dos estudiantes utilizan una tableta.
Dos estudiantes utilizan una tableta. AP

Estonia, el pequeño país báltico de apenas 1,3 millones de habitantes, es considerado el Silicon Valley europeo. Pionero en la implantación de las tecnologías de la información y la comunicación, prácticamente todo el territorio tiene conexión a wifi pública, el acceso a Internet es un derecho fundamental y fue el primer Estado que autorizó la votación por Internet en unas elecciones generales. Es una nación 100% electrónica. Todos los trámites se realizan digitalmente, hasta el extremo de que la Administración ha eliminado el papel. El comercio electrónico es puntero y sus autoridades presumen de que se puede registrar una empresa en apenas cinco minutos. La educación o la sanidad están completamente digitalizadas e Internet es un vehículo de participación política, lo que acerca a esta reducida república exsoviética a la democracia 2.0. Los socios comunitarios la han apodado eEstonia.

Buena parte del éxito económico de esta potencia tecnológica, que actualmente preside la Unión Europea, procede de su vocación por la innovación. Las políticas en favor del emprendimiento han tenido su recompensa, como demuestra el éxito de Skype, un servicio de videollamadas por Internet que nació en 2003 en suelo estonio y ha revolucionado las comunicaciones. Cientos de millones de personas de todo el mundo hablan, ven y envían mensajes instantáneos a otros usuarios por Skype. Y gratis.

El último paso en el desarrollo económico ha sido la implantación de la residencia electrónica, una especie de NIF transfronterizo emitido por el Gobierno de Tallin para ciudadanos que viven fuera del país, pero que quieren operar empresarialmente como si fueran oriundos. Hasta ahora se han registrado alrededor de 20.000 residentes online, procedentes de casi 140 nacionalidades, que han establecido un millar de negocios.

Depender de manera extrema de la tecnología hace inevitable temer más que nadie los ataques cibernéticos. En 2007 Rusia lanzó sobre su aparentemente vulnerable vecino una andanada informática de enormes proporciones, lo que llevó a Estonia a adoptar potentes medidas de seguridad. Había que poner a salvo los datos de la Administración, proteger y resguardar toda la información crítica.

Ese es el objetivo de la nueva embajada digital que Tallin acaba de abrir en Luxemburgo. También en esto es pionera Estonia. Toda la documentación sensible (desde el censo hasta el sistema de pensiones) está replicada en una copia de seguridad alojada en esta innovadora legación, físicamente ubicada en Luxemburgo, pero técnicamente instalada en la nube. Es una medida de prevención ante los feroces virus informáticos que en los últimos meses han puesto en alerta a todo el planeta. Estonia está en inmejorable posición para combatirlos. Por estar a la vanguardia tecnológica y también por ser sede de dos organismos con ambiciosas metas: la Agencia Europea para la Gestión Operativa de Sistemas Informáticos de Gran Magnitud en el Espacio de Libertad, Seguridad y Justicia, y el centro de excelencia de la OTAN para la ciberdefensa.

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