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Nevada republicana

Más valdría, puestos a resaltar lo sobrentendido, definir al Estado futurible catalán como “democrático”

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Decenas de independentistas catalanes.

Los meteorólogos de la radio y la televisión han repetido tantas veces que caerán precipitaciones en forma de nieve, que esa estructura lingüística ha llegado incluso a la pregunta del hipotético referéndum para la independencia catalana: “¿Quiere que Cataluña sea un Estado independiente en forma de república?”.

El lenguaje sencillo y eficaz (en catalán y en castellano) no dice que “van a caer precipitaciones en forma de nieve”, sino que “nevará”; y si alguien plantea “un Estado independiente en forma de república”, lo que está preguntando es si se quiere una república independiente.

Las repúblicas suelen ser independientes, sí, pero como tenemos el precedente próximo de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, la extinta URSS, cabría preguntar en un referéndum, en efecto, si los votantes quieren una república independiente; por si alguien en su sano juicio imaginase una república dependiente de una monarquía. Las precisiones nunca están de más.

Estas cosas suelen suceder cuando para redactar una mera frase se acude a una comisión. Sabido es que la presencia del término “república” en la pregunta se debe al deseo expreso del socio del Gobierno catalán autodenominado republicano: Esquerra Republicana de Catalunya. Pero a bote pronto se puede atisbar una cierta incoherencia. Si se trata de crear un Estado independiente y soberano, tal vez no tenga sentido que se fije su forma de gobierno antes de ser independiente y soberano. Porque de ese modo estaremos ante un proyecto en el que desde el primer minuto se le dice al elector que el nuevo Estado habrá de ser republicano, con lo cual se le hurta esta parte de la decisión soberana y por tanto de la independencia. Parecería más lógico establecer primero el nuevo Estado y que luego sus ciudadanos, a través de un Parlamento constituyente, decidieran con toda independencia si quieren ser republicanos o no, o si al menos desen dejar la puerta abierta para que eso pudiera cambiar en un futuro. Porque de otro modo se formaría un Estado que sería soberano para todo excepto para decidir sobre su propia organización como Estado.

Por supuesto, estamos hablando de una cuestión teórica, pues Cataluña no cuenta con ningún rey en el exilio ni aspirante alguno a su corona, entre otras razones porque ésta nunca existió (aunque a veces se haga ver lo contrario). Ni siquiera el partido convocante que no alude en su nombre a la organización del Estado (el PDeCat) deja de ser republicano, con lo cual ya se deducía que el soñado Estado independiente se precipitaría en forma de república.

Pero el caso es que tal redacción dejaría mudos, y sin capacidad de votar en el referéndum, a aquellos catalanes que desearan un Estado independiente y no republicano. El hecho previsible de que ese grupo de votantes constituyese una minoría muy minoritaria no justificaría que fuera expulsado jurídicamente del debate; es decir, que se le cerrase legalmente la posibilidad de defender esa opción en un país libre. Más valdría, puestos a resaltar lo que se supone que ya se sobrentiende, definir al Estado futurible como “democrático”, pues repúblicas hay dictatoriales o autoritarias; y en el caso de Cataluña caben incluso algunas dudas al respecto, visto lo que nos ha caído con precipitaciones en forma de borrador. Crear un Estado a partir de un equívoco del lenguaje no sería empezar con buen pie.

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