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LA PUNTA DE LA LENGUA

Una valiente en el PP

Cabe preguntarse qué represalias llegarían, qué arrinconamiento, desprecio o pérdida

La presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, durante el debate del proyecto de presupuestos regionales.
La presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, durante el debate del proyecto de presupuestos regionales. EFE

Las palabras guardan dentro de sí un significado, pero además liberan una resonancia que lo completa. A primera vista se comprende el sentido principal de lo que cualquier término expresa; sin embargo, si permanecemos atentos un milisegundo más, a veces percibiremos su eco. Y en ese momento se escuchará lo que quizás el hablante no quería decir y sin embargo pensaba. Porque el cerebro activa con sinceridad las palabras y sus significados totales; cabría decir incluso que lo hace con cierta inconsciencia. Sólo un filtro racional inmediato puede desvirtuarlas; si bien en el ofuscamiento o la relajación el filtro desaparece.

Le sucedió al exministro socialista José Barrionuevo en 1998 cuando, en un acalorado careo judicial, acusó de “delator” a Ricardo García Damborenea, que fue dirigente del PSOE vasco y compinche suyo en la trama relacionada con los GAL.

Al pronunciar el término “delator”, el exministro estaba aceptando, por la vía del eco que transmite ese adjetivo, la comisión de un delito. Nadie llamaría “delator” a otro si recibiese una acusación inventada. En ese caso, le diría “mentiroso”, “falso” “manipulador”. Pero cuando nos sentimos delatados, contemplamos nuestra culpa y percibimos que ha caído el muro tras el que nos ocultábamos.

Este valor añadido de algunos términos parece haber funcionado también en una declaración de Javier Maroto, dirigente del PP, al llamar “valiente”a la presidenta de Madrid, Cristina Cifuentes, por denunciar ante la fiscalía las supuestas corruptelas de su compañero de partido Ignacio González con el desvío de fondos del Canal de Isabel II.

Dijo Maroto que ese caso se ha conocido “gracias a que existe una mujer como Cristina Cifuentes que ha dicho ‘hasta aquí hemos llegado’. Afortunadamente”, añadió, “hay muchos valientes como Cifuentes en el PP”.

Por tanto, parece ser que en el PP hace falta ser muy valiente para denunciar a un compañero.

¿Y quién es un valiente? Un valiente es aquella persona “capaz de acometer una empresa arriesgada a pesar del peligro y el posible temor que suscita”; es decir, alguien que actúa rectamente sin que le arredren unas represalias esperables.

Se puede deducir entonces que Maroto forjó en su mente una abstracción de la que formaba parte el riesgo cierto en que había incurrido la presidenta madrileña al cumplir con su deber de denunciar esos hechos que consideraba delictivos.

Así pues, no queda más remedio que preguntarse de dónde vendrá el miedo en un caso así; qué represalias temidas, qué arrinconamiento, desprecio o pérdida del empleo cabe esperar en ese supuesto, qué truncamiento de la carrera política a la que se aspira. Y cuántos hechos se habrán dado con anterioridad para que funcionen como antecedentes y sirvan de aviso para otros navegantes.

Maroto deseaba elogiar sin duda a Cristina Cifuentes con la palabra “valiente” dirigida a ella y a otros imaginarios miembros del PP (es una pena que no los citara, para celebrar sus nombres y averiguar qué pasó con sus denuncias). Pero su eco iba más lejos: Si hay un valiente, hay un riesgo. Si hay un riesgo, hay un temor. Si hay un temor, hay algo que lo causa. Y cerrando el círculo: si alguien ha demostrado su valentía, puede que en sus alrededores vivieran tan tranquilos unos cuantos cobardes.

 

 

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