Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra

“La prioridad es dar oportunidades a cada joven”

El nuevo presidente del FIDA, Gilbert Houngbo, insiste en no imponer los programas de desarrollo

Gilbert F. Houngo, nuevo presidente del FIDA.
Gilbert F. Houngo, nuevo presidente del FIDA.

Gilbert Fossoun Houngbo nació en 1961 en el Togo rural. Asegura conocer de primera mano la dureza y las dificultades de la vida en el campo africano. Y también dice que, desde que tiene uso de razón estaba decidido a salir de la miseria. "No diré que lo sabía, pero sí que tenía claro que lo daría todo". Consiguió llegar a la universidad en su país, y de ahí dar el salto para estudiar en Québec (Canadá). Después comenzó a trabajar en programas de desarrollo de Naciones Unidas. Y a los 47 años se convirtió en primer ministro de su país. Hoy preside el FIDA, el fondo de la ONU para financiar proyectos de desarrollo rural. Justo lo que cree que más necesitan los pobres del mundo.

Porque "no todos los pobres viven en zonas rurales, pero todos los rurales son pobres". Y esa tendencia a la pobreza del campo está empujando a cada vez más gente a las grandes urbes, donde millones de personas se hacinan en los suburbios empeorando en muchas ocasiones su situación. La alternativa: las ciudades pequeñas, a medio camino entre las megaciudades y las aldeas rurales. "El FIDA tiene que ayudar a los jóvenes a encontrar oportunidades en esos centros rurales. Con actividades agrícolas, ganaderas o de agroindustria. Ayudándoles a mejorar la productividad...", propone el nuevo presidente de un organismo que apuesta por los emprendedores y cooperativistas. "Es una opción mucho mejor que ir a los slums de una gran ciudad, o jugarse la vida intentando llegar a Lampedusa".

“Si hay opciones, vivir en el campo es una opción mucho mejor que ir a los slums de una gran ciudad o jugarse la vida para llegar a Lampedusa”

Cree que el deber de las organizaciones internacionales, los Gobiernos y los donantes, es asegurar que en esos nuevos centros de desarrollo haya un mínimo de financiación disponible sobre todo para jóvenes y mujeres—, acceso a los mercados, y servicios básicos como las telecomunicaciones.

Pero las actuaciones y propuestas internacionales siempre, "y en esto puedo ser muy dogmático", tienen que ir alineadas con las necesidades de cada país. "Es como cuando no le dejas a tu hijo decidir sobre sus estudios. Crees que lo sabes todo, y que sabes lo que es mejor para él... pero ¿quién eres tú para decidir lo que tienen que hacer otros?", ilustra. Que los productores se impliquen y decidan es básico para que las cosas se sostengan, argumenta. "Podemos ir a un lugar, con todos nuestros expertos, y decirles: 'esto es lo que necesitáis'. Invertimos, llevamos lo que haga falta, sacamos unas fotos y nos volvemos. ¡Qué bonito! Salvo que al de unos meses, estaremos otra vez en la casilla de salida. Porque nadie allí se convenció de que aquello era útil o necesario".

Houngbo asume su cargo en el FIDA tras pasar por la OIT (Organización Internacional del Trabajo) y antes por el PNUD (Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo). Una larga carrera en el sistema de Naciones Unidas, sobre el que hoy se ciernen más dudas que nunca, con países miembros poniendo en entredicho su labor y parte de la opinión pública escéptica sobre su efectividad. "Obviamente, no soy imparcial, pero creo que en las grandes crisis humanitarias del momento, se está haciendo un gran trabajo", dice el togolés. "Hay muchas cosas que podemos hacer mejor. A veces hablamos demasiado", añade. "Pero una cadena nunca puede ser más fuerte que el más débil de sus eslabones, y la ONU es una cadena formada por más de 190 países miembros, que son sus jefes".

“Crees que lo sabes todo, y que sabes lo que es mejor... pero ¿quién eres tú para decidir lo que tienen que hacer otros?”

Esos jefes, muchas veces enfrentados entre sí, son los que deciden qué se hace y qué no se hace, continúa Houngbo. Y también los que reparten el presupuesto para cada programa. Hoy, los proyectos a medio y largo plazo, como los del FIDA, tienen que ceder a las emergencias humanitarias. "Aceptémoslo, siempre tendremos recursos limitados, así que tenemos que esforzarnos por aumentar el impacto". Pero sin olvidar, agrega, que los fondos de los planes de la ONU y de otros fondos internacionales son muy pequeños si se comparan con lo que dedican los países a sus propias agencias de cooperación o lo que invierten directamente en Estados en desarrollo.

Ante esta perspectiva, y con la necesidad de invertir miles de millones para transformar el campo en la próxima década, el sector privado tiene que participar, admite. Pero el FIDA que toma dinero de los países y luego lo dedica a proyectos de desarrollo aún no está preparado para recibir esos fondos de empresas. "Pero también pueden invertir en desarrollo indirectamente, poniendo a disposición sus innovaciones, como sistemas de irrigación, de información...", reflexiona.

Un problema recurrente, admite, es anteponer las inversiones en cosas materiales o tangibles, que quedan bien para enseñar a los donantes. "A veces es lo más fácil, por ejemplo, coger dinero y construir una escuela. Pero que si no financio el desarrollo de todo lo que necesita, esa escuela fracasará". Lo que no se ve es básico para que lo que sí se ve funcione, apunta. Y luego están el tiempo, la paciencia. Sobre todo en agricultura, hace falta esperar para ver resultados. Más aún si se quieren cambiar actitudes. "Hay que trabajar mucho para liberar el espíritu emprendedor de jóvenes y mujeres en muchas regiones. Y lo hacemos. Pero no podemos esperar ver sociedades transformadas en 24 horas".

“En los organismos internacionales hay muchas cosas que mejorar. A veces hablamos demasiado”

Esto no quiere decir, ni mucho menos, que haya que olvidarse de lo concreto y dedicarse unicamente a actividades abstractas, se apresura a añadir Houngbo. "Al final, los contribuyentes quieren ver resultados, y esa es una presión positiva sobre lo que hacemos. Si no, como decía, corremos el riesgo de dedicarnos demasiado a hablar y menos a hacer". Por todo eso, su obsesión es y será la evaluación de impacto. "Esto es un problema para todo el mundo. Porque las cosas no son binarias". No es sí o no, éxito o fracaso. Y por ello, desarrolla el presidente del FIDA, urge avanzar en definir, medir, qué inversiones son positivas y cuáles no tanto.

Personalmente cree que todo lo que ha hecho, y todo lo que haga, será poco. "Me niego a aceptar, por ejemplo, que en 2017 haya personas que apenas lleguen a comer al día. Por mucho que reduzcamos la grandes cifras, una persona ya es demasiado". Y por eso asegura que no se siente orgulloso de casi nada. "Lo que me queda es lo que no he conseguido. Cuando vuelvo a Togo y veo que las lluvias inundan muchas zonas, solo pienso en qué más podía haber hecho". Augura que lo mismo le ocurrirá cuando acabe su labor al frente del FIDA. "Lo más importante, la prioridad, es dar oportunidades a cada niño, a cada joven. Que en muchos países, ya son más de la mitad de la población".

Más información