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La violencia sorda se abre paso en el cine de los hermanos Dardenne

Junto a su hermano Luc, Jean-Pierre Dardenne demuestra en 'La chica desconocida' los claroscuros de una Europa definida como territorio del desamparo

Jean-Pierre Dardenne, de 65 años, siempre trabaja con su hermano mayor Luc.
Jean-Pierre Dardenne, de 65 años, siempre trabaja con su hermano mayor Luc. Getty

En cierto sentido, los hermanos Dardenne (Jean-Pierre, 65 años, y Luc, 62) han logrado que su Lieja natal se convierta en metáfora del mundo: de un mundo de desclasados, trabajadores contra las cuerdas, inmigrantes manejados como carne de cañón y, también, personas decentes a las que les crece un sentimiento de culpa o les mueve la urgencia de sobrevivir o de reparar una fisura en el tejido social.

El título de su última película, La chica desconocida (estrenada el pasado 3 de marzo), alude a una joven inmigrante africana que encuentra la muerte en una zona portuaria, poco después de haber pulsado el timbre de una consulta médica fuera del horario de asistencia al público. “Hacemos películas estrechamente ligadas al mundo en que vivimos y este mundo es cada vez más violento. ¿Cómo lidiar con eso?”, se pregunta Jean-Pierre Dardenne con la didáctica elocuencia de un profesor de instituto (público) comprometido en no dejar atrás ni al más desaventajado de sus alumnos.

“Nuestra opción es siempre ponernos del lado de nuestros personajes y, sobre todo, no convertirlos en vehículos para exponer nuestras propias ideas. Cuando la realidad se transforma en algo tan difícil como lo está siendo nuestro presente, es difícil resistir la tentación de convertir a tus personajes en portavoces de tu ideología, pero intentamos no caer en eso. Queremos que la lectura sobre la realidad sea una consecuencia natural del respeto que sentimos por ellos, porque son ellos quienes tienen que transmitir, y no nosotros quienes debamos instrumentalizarlos”.

“Hacemos películas estrechamente ligadas al mundo en que vivimos y este mundo es cada vez más violento. ¿Cómo lidiar con eso?”

El cine de los Dardenne es la perfecta ilustración de esa vieja idea baziniana que considera la forma como una directa derivación de la ética de una mirada: su cámara siguiendo a los personajes se ha convertido en una de esas señas de identidad estilística que jamás agotarán su pertinencia.

“El cine no es solo un espejo”, afirma el director. “En cierto sentido, es mucho más que un espejo. La ficción permite abordar las diferentes posibilidades de la vida. También nos permite entrar dentro de la cabeza de nuestros personajes. Creo que la realidad es más real en las películas que en la propia realidad”.

En consonancia con esa aparente paradoja, también podría proponerse la idea de que La chica desconocida es, al mismo tiempo, una ficción policiaca y su contrario: “Queríamos contar la historia de una doctora que se siente responsable de la muerte de alguien, centrándonos en el modo en que intenta gestionar esa culpa personal. La víctima, en este caso, es alguien sin identidad, una mujer anónima sin ningún elemento que permita identificarla. El título intenta apelar al concepto del soldado desconocido y, al mismo tiempo, subraya el objetivo del proceso de investigación que inicia la protagonista: la cuestión aquí no es desvelar la identidad del asesino, sino encontrar el nombre de la víctima”.

“Cómo lograr que un personaje que ha hecho algo terrible resulte humano, cómo desvelar su fragilidad, su condición de niño perdido…"

Un nombre, en definitiva, como la garantía de una dignidad que salvará ese cuerpo de la fosa común. Las diferencias con respecto a lo que sería una ficción clásica de género criminal no acaban ahí. A los Dardenne no les interesa tanto castigar a los culpables como comprender a todos y cada uno de sus personajes: “Cómo lograr que un personaje que ha hecho algo terrible resulte humano, cómo desvelar su fragilidad, su condición de niño perdido… No buscamos circunstancias atenuantes, pero siempre intentamos ser conscientes de que todos nuestros personajes son seres humanos”.

Involucrados como productores en otros seis largometrajes además del propio, los Dardenne tienen claro que no hay en este mundo disyuntiva creativa que pueda separarlos. “Somos demasiado viejos para cambiar. Hemos hecho tantas películas juntos que, inevitablemente, seguiremos trabajando así hasta que no nos queden fuerzas. Lo mejor llega cuando, en pleno proceso creativo, sentimos que somos una sola persona. Cuando las dificultades y la hostilidad nos rodean es cuando más cerca nos sentimos el uno del otro. En el fondo, nunca hemos abandonado la infancia. No podríamos trabajar en solitario. Sin los dos, no habría película”.

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