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Tenemos unas cartas de Donald para ti, Janet

Trump está sembrando en los mercados el riesgo de una corrección brusca y dolorosa

Tenemos unas cartas de Donald para ti, Janet

Todavía no ha hecho nada útil, pero a base de tuits y chatarra verbal ha conseguido sembrar el pánico en el comercio mundial y las semillas del desorden futuro en los mercados financieros. La cosa está así: Donald Trump, tan inquietante en su verborrea como el Joker de Batman, tan poco gracioso como Herschel Krustofsky (Krusty, el payaso de Los Simpson) y tan mal vestido como Luis Aguilé (a quien ha copiado la longitud grotesca de las corbatas), murmura que va a poner aranceles a las importaciones y provoca sudores de miedo en todos los exportadores terráqueos; vocifera que hará un plan para invertir en infraestructuras, pero nada se sabe de su enunciado; promete que bajará los impuestos —esto es lo único en lo que puede confiarse—, pero no hay una sola línea redactada al respecto. Que se sepa.

Hasta hoy, las únicas huellas dactilares que ha dejado su Gobierno en los instrumentos de la economía son, además de dos órdenes ejecutivas para advertir que procederá a desmantelar la ley Dodd-Frank—, la coacción y el terror. Todo relato de miedo exige una víctima sufriente en la que se proyectan las amenazas. La elegida en este caso es la presidenta de la Reserva Federal, Janet Yellen. En apenas un mes ha recibido dos cartas que parecen más propias de secuestradores, la primera del congresista Patrick McHenry y la segunda firmada por 23 colegas del citado McHenry. En ellas se conmina a la Reserva Federal a la pasividad total en espera de órdenes superiores. “Salvo en caso de emergencia, la Fed no debe proponer ni adoptar medida alguna”. Los pactos de regulación de Basilea para ordenar los mercados internacionales —imponen costes, saneamientos y provisiones que Trump y sus boys no quieren pagar— se definen en la jerga trumpiana como “un proceso opaco” que “aniquila puestos de trabajo en América”. Estos que así se pronuncian ¿tienen estudios?

Pero lo peor de esta pringosa mezcolanza de empujones ejecutivos y planes zombies (por ahora) es el caos que ya está sembrando en los mercados. Wall Street ha reaccionado a los relatos de Trump cotizando expectativas. Ahí es nada: rebajas de impuestos, inversión en infraestructuras y desregulación rampante. La Bolsa repite máximos cada tres días sin que nadie considere los supuestos esquizoides de la verbalidad presidencial. Con un plan de inversión faraónico, subirán los tipos de interés, se revalorizará el dólar y caerán las exportaciones. Como en los salones de la política económica de Trump todo está manga por hombro, se presiona a la Fed precisamente para que no suba los tipos; es decir, para que actúe contra natura con la mano izquierda para evitar las consecuencias de lo que hace con la mano derecha.

Hay que temer pues una futura, intensa y quizá dolorosa corrección de los mercados cuando las expectativas verbales se conviertan en hechos concretos. Entonces será demasiado tarde o demasiado costoso. Porque, como advirtió el pastor Dietrich Bonhoeffer durante la pesadilla nazi en Alemania, “si uno se sube al tren equivocado, no sirve de nada correr por el pasillo en dirección contraria”.

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