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Los secretos del laboratorio de Levi’s

Bart Sights, considerado el gurú de los vaqueros, experimenta en San Francisco con las prendas ‘denim’ mediante un minucioso proceso de investigación y selección

Vaqueros en la fábrica de Paloalto, San Francisco.
Vaqueros en la fábrica de Paloalto, San Francisco.

Bart Sights pasa su jornada entre telas azules que le han teñido de ese color las manos. Las toca, corta, lava y realiza todo tipo de experimentos. Oficialmente, es técnico de innovación, pero se encuentra casi en lo más alto del escalafón de su empresa. Es el vicepresidente, pero apenas se sienta en el despacho. Sights es el gran gurú de los vaqueros, una persona capaz de reinventar un concepto más que clásico que cuando parecía casi agotado vuelve a estar de moda. Y lo hace en una empresa de fama mundial cuyo nombre, Levi’s, es sinónimo de los jeans, y en un lugar, San Francisco, que considera patrimonio cultural cada diseño que la firma lanza al mercado.

La bahía de Frisco, como llamaban los marineros a la ciudad, ha conseguido recuperar el optimismo a pesar de todos los vaivenes -con dos grandes terremotos incluidos- y del estallido de dos burbujas tecnológicas. Solo tres industrias radicadas en la zona han superado los sobresaltos múltiples del último siglo y logrado prosperar: Ghirardelli —una fábrica de chocolate—, Boudin —una panadería de origen francés— y Levi’s, una firma de fama mundial que se asocia con un tejido y un color concreto.

Bart Sights, vicepresidente de Levi’s y gurú del vaquero, en el laboratorio de la firma. ampliar foto
Bart Sights, vicepresidente de Levi’s y gurú del vaquero, en el laboratorio de la firma.

La sede de la firma fundada en 1853 por Levi Strauss se alza en una plaza que hoy lleva el nombre del comerciante que llevó a EE UU la tela azul vaquera desde Nimes (Francia). De ahí el otro nombre —denim— con que también se la conoce. A pocos metros se halla el lugar de trabajo de Sights, una nave sin distintivo ni logo alguno donde se prueban los nuevos modelos de la marca.

Sights abrió la versión inicial de este centro en Turquía hace dos años, pero Levi’s se dio cuenta de que el mejor conocedor de su materia prima tenía que estar cerca de la sede central. Así que junto al popular centro comercial Pier 39 —un nido de turistas— se alza una nave que alberga lavadoras sin agua, salas de secado y telas que se guardan en una caja fuerte. Sights se llevó consigo a todo su equipo, integrado por varias costureras asiáticas, y se esforzó en reencontrar las manos que hacían las piezas cuando todavía Levi’s tenía fábrica en la ciudad, hoy reconvertida en un núcleo hipster. Esas costureras habían alcanzado ya la edad de jubilación pero la idea de trabajar con un especialista como Sights y de rendir tributo a la prenda más popular de San Francisco y una de las más conocidas del mundo las ha hecho volver a pasar el día entre remaches e hilos.

Las tres lavadoras especiales que se encuentran en el laboratorio de la marca de vaqueros Levi's. ampliar foto
Las tres lavadoras especiales que se encuentran en el laboratorio de la marca de vaqueros Levi's.

En un pasillo, dos jóvenes con peto tejano y auriculares embuten las piernas hinchables de un maniquí en unos pantalones elásticos que están poniendo a prueba. Unos metros más allá, otra empleada lija levemente una prenda recién salida de la lavadora. En la mesa reposan unos pantalones muy similares, pero que ya tienen 50 años. “Así es cómo se hacen los vintage. Con mucha atención y con una profunda dosis de cultura”, explica con orgullo la operaria.

El Eureka Lab

Para recorrer la nave, llena de patrones y restos de telas por las mesas y en el suelo, hay que ir con cuidado. Todo se apunta de una manera meticulosa, desde los procesos y cambios a los detalles de cada pieza. Solo de esta forma, con documentación, aciertos y errores, se puede dar con el producto deseado. “Mucho de lo que vemos aquí no llegará nunca a las tiendas; por eso nos llaman el Eureka Lab. Estamos para sorprendernos y aprender, para mantener siempre al día la prenda más icónica de los últimos dos siglos”, recalca Sights.

Foto del llamado Eureka Lab, el laboratorio de Levi's. ampliar foto
Foto del llamado Eureka Lab, el laboratorio de Levi's.

Junto a una pared se encuentra una hilera de despachos que hace pensar que ahí trabajan los jefes. Error. Ese es el sitio donde se experimenta con los lavados y la acción que tiene sobre la ropa. Cuenta con dos tipos de máquinas muy especiales: una valenciana y dos italianas, estas últimas capaces de limpiar con apenas un vaso de agua.

Los empleados de Silicon Valley, los que buscan el nuevo El Dorado tecleando líneas de código mágicas y soñando con ventas de patentes que les conviertan en multimillonarios, siguen con el icónico modelo 501 de Levi’s como pieza de vestuario imprescindible, hoy combinado con la sudadera con capucha. Tan solo el pantalón de yoga con apariencia de chinos les hace competencia el día en que les toca arreglarse un poco más.

Desde el lejano oeste

La historia del lejano oeste va unida a los vaqueros. La fiebre del oro sigue presente en San Francisco. La promesa de riqueza fácil hizo que la inmigración multiplicase los habitantes de una ciudad que vivía del puerto. Fueron pocos los mineros que encontraron oro y pudieron cambiar su destino. Muy al contrario, los que se hicieron ricos fueron los proveedores de servicios, como los vendedores de palas, uniformes y, cómo no, Levi’s. La firma ha dejado otra huella en la ciudad: los 49ers, el equipo de fútbol americano de la ciudad, juega en un estadio que lleva su nombre.