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Xenofobia británica

Reino Unido sigue siendo parte de la UE y May debe acatar las normas

Theresa May, durante la conferencia de Birmingham.
Theresa May, durante la conferencia de Birmingham. REUTERS

La deriva xenófoba del Gobierno de Theresa May está haciendo saltar todas las señales de alarma en Reino Unido. Los hechos demuestran que Reino Unido no es una víctima de la inmigración sino que se beneficia enormemente de ella, pero por el camino del Brexit se está quedando atrás algo más precioso que la pertenencia a la UE: el carácter abierto, tolerante e integrador de ese país, que siempre ha sido un modelo de convivencia multirracial y multiétnica.

Fueron los partidarios del no —entre los que no se encontraba May— los que convirtieron un referéndum que se pretendía sobre los costes y beneficios de la pertenencia a la UE, en un plebiscito de indudable base xenófoba. Y no es casualidad que el número de estos incidentes xenófobos haya crecido espectacularmente desde el referéndum promovido por David Cameron.

La campaña del Brexit ha legitimado a los que agitaban la bandera de “británicos primero” y protestaban por el excesivo número de inmigrantes. Pero lejos de reconducir la situación, el Gobierno de May está avivando de forma muy irresponsable la xenofobia, primero pidiendo a las empresas que hagan listas de extranjeros, ahora solicitando a las escuelas que sean ellas las que proporcionen listas de alumnos extranjeros. Sumado a su reciente discurso en Birmingham apelando a las clases trabajadoras “tradicionales”, es evidente que May pretende sacar ventaja de la debilidad de los laboristas y ampliar la base electoral conservadora apelando —como los populistas están haciendo en Europa— a sentimientos identitarios primarios del votante.

Existen motivos más que fundados para que los socios de la UE se opongan con toda dureza a estas medidas. Reino Unido sigue siendo hoy miembro de la Unión y todos los que allí viven, incluidos ciudadanos comunitarios y extranjeros, son beneficiarios de los derechos y garantías, entre ellos a la no discriminación, que establecen los tratados europeos.

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