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El negocio de la gripe

La baja efectividad de las vacunas que se recomiendan año tras año acaba produciendo desconfianza hacia las inmunizaciones que sí funcionan

Vacunación de un bebé de 15 meses.
Vacunación de un bebé de 15 meses. bsip

La gripe, coriza, gripa, influenza, trancazo, romadizo, fluxión y el mal llamado enfriamiento, constipado o resfrío o los mil nombres que tiene, es un proceso viral que suele visitarnos por Navidad como el turrón, aunque es en esta época cuando comienza el bombardeo de la campaña de prevención.

Siete días dura sin tratamiento y una semana con él, frase ya clásica que no tiene un origen cierto, pero que denota que los remedios conocidos son poco o nada efectivos. Los antibióticos tampoco sirven. Si el año pasado la pasasteis en casa y solo os mandaron paracetamol y agua y seguís aquí con nosotros, ¡lo siento! En este año no se ha inventado nada nuevo para la gripe, así que esta temporada os seguirán mandando paracetamol y agua.

Llegado este tiempo, todos los canales de radio y televisión se llenarán de anuncios de productos para la tos, la congestión y los mocos, casi tantos spots como de colonias en Navidad o coches antes de las vacaciones. Se abre la veda, no toleramos sentirnos mal y mucho menos ver a nuestros peques moqueando y sin dormir por la tos. Y aunque sepamos que no hay medicación eficaz, la farmacopea y las pseudociencias nos ofrecerán todo tipo de productos a sabiendas de que no aportan solución alguna y sí muchos efectos secundarios como sueño, torpeza mental, disminución de reflejos, estreñimiento... En fin, no os preocupéis que también venden remedios para combatir estos efectos secundarios que a su vez producirán otros, pero también hay remedios para ellos.

Todo comienza en octubre con la campaña de prevención. El efecto de la vacuna dura tres o cuatro meses y hay que repetirla todos los años. Falla más que una escopeta de feria porque se diseña unos meses antes y es predictiva de lo que se supone que puede venir, siendo su cobertura muy inferior a la esperada. No es fácil encontrar estudios que avalen su eficacia, porque no los hay, al menos de una calidad suficiente. Todos los años llega la gripe con las mismas características, mismos ingresos hospitalarios, mismas muertes, mismo absentismo laboral. No parece, por tanto, que tal campaña de vacunación haya influido en el discurso de la enfermedad ni en nuestro bienestar como población.

Por tanto, es mala de solemnidad si la comparamos con el resto de vacunas infantiles con efectividades altísimas y con seguridad y resultados demostrados. Pero es un negocio seguro. ¿Mira que si produjeran una como las demás, que solo hubiera que poner una o dos dosis y durara para toda la vida? Adiós business.

En estos días de promoción, muchos profesionales se lanzan proactivamente a la campaña. Se insiste en ponérsela a la tercera edad, pero cada año se repiten las recomendaciones de ampliar el negocio y vacunar también a la infancia sana, un filón todavía virgen y que no precisa para nada tal prevención. Los protocolos que siguen vigentes desde hace muchos años recomiendan vacunar a niños en limitadas enfermedades crónicas graves, que también las hay, y en las que un mínimo desequilibrio podría ser fatal: inmunodeprimidos, cardiacos, asmáticos graves y pocos más. Pero cada vez es más insistente la generalización a la población sana infantil, donde una gripe no es sino un catarro más, con características diferentes ya que no son adultos bajitos, sino que tienen una serie de peculiaridades de inmunidad que les son propias.

Como todos los años, el comité asesor de vacunas de la Asociación Española de Pediatría (AEP) ha emitido sus recomendaciones. Aconseja un tipo de vacuna, las tetravalentes (llevan cuatro cepas diferentes, las de siempre llevan tres), que casualmente no es la financiada por lo que hay que pasar por caja en la farmacia para ponerla. Los laboratorios prefirieron fabricar pocas tetravalentes y ponerlas a un precio alto, en vez de muchas a precio bajo para participar en el concurso público para su financiación y distribución masiva. La Academia Americana de Pediatría (AAP) y la Organización Mundial de la Salud (OMS), que ya se lució hace años con la gripe A y el gran fraude del Tamiflu, también insisten en la necesidad de la vacunación.

Este año coincide con la aparición de una vacuna tetravalente intranasal, que evita el desagradable pinchazo, en teoría fantástico para la infancia. Si bien se las prometía como una gran esperanza, al final son fuegos fatuos y su efectividad es muy baja: no se puede poner a adultos y no está recomendada para asmáticos y otros grupos de riesgo que serían los que la necesitan. Así que los estadounidenses desaconsejan su uso, prefieren la suya inyectada, y Europa aprueba su venta en farmacias para individuos sanos, porque los que la necesitan no deberán usarla.

Sea cual sea el tipo de vacuna, ambas asociaciones, la española y la estadounidense, vuelven a descargar la culpabilidad de la epidemia sobre los sanitarios, recomendando que todos las personas relacionados con la sanidad se vacunen. En algunos Estados de EE UU incluso es delito no hacerlo. Se olvidan de citar transportes públicos, centros comerciales, domicilios y sobre todo colegios, donde los críos pasan gran parte de su tiempo. Y es que la posibilidad de que un niño pille la gripe por visitar a su pediatra es remota; eso sí, la sala de espera puede ser un buen lugar. Por eso, la mejor prevención es ir al centro de salud o a Urgencias lo menos posible y solo para cosas importantes.

El artículo completo del comité asesor de vacunas de la AEP se puede leer entero aquí. En el último epígrafe, titulado Conflictos de intereses potenciales de los autores, se puede observar cómo sus 11 miembros colaboran o han colaborado en los últimos cinco años con la industria fabricante, lo que no invita precisamente a la población o a cualquiera con una mirada crítica a confiar en las recomendaciones vertidas. Es un tema que me preocupa profundamente, ¿No tendremos los propios médicos algo que ver con la imagen que estamos dando? ¿Qué confianza transmitimos a la población? ¿Incluso mi artículo, debería publicarse?

Todos estamos viendo que muchas personas desconfían de esta vacuna e incluso dicen que empeoran cuando se la ponen, porque suele dar reacción. Vemos que muchos ancianos en los centros de salud van a vacunarse igual que van a recoger la pensión del banco el día uno, una rutina, pero muchos otros son escépticos. Hace años se agotaban los primeros días de campaña y ahora cuesta "venderlas" y al final las últimas se le ponen al primero que pasa por la puerta. El tufillo a intereses comerciales, la falta de transparencia, hacen que se generen suspicacias, que alcanzan a otras como la vacuna del papiloma o las que últimamente han aparecido o las que vayan apareciendo. Dudas que hacen que se dejen de poner las vacunas que realmente son necesarias y eficaces y cuya falta produce enfermedad y muerte en la infancia.

Luego aparecen las quejas de que hay antivacunas. No soy yo uno de ellos, todo lo contrario, pero creo que las cosas se pueden hacer mucho mejor en algunas vacunas recientes, y sobre todo, creo que la imagen que damos los profesionales debería ser mucho más independiente. Reclamo mi derecho a criticar con la ciencia y con la ética en la mano lo que se hace en este mundo tan trufado de intereses.

Jesús Martínez es pediatra, autor del libro y del blog El médico de mi hij@ y director médico de Mamicenter.

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